jueves, 26 de noviembre de 2015

Siete escritores extranjeros que participaron en la guerra civil española

La guerra civil española fue la última guerra romántica, a la que muchos extranjeros acudieron para defender la libertad y la democracia. Entre ellos algunos grandes escritores e intelectuales:

1. John Dos Passos (1896-1970). Miembro militante de la generación perdida, que rechazaba el expansionismo militar, fue un viajero incansable, y había pasado largas temporadas en España, cuya forma de vida le parecía mejor que el competitivismo estadounidense. De convicciones socialistas, también éstuvo en la Unión Soviética, aunque el régimen le había resultado carcelario. Firme defensor de la República Española, acudió a rodar un documental durante la guerra civil. Pero al llegar, se encontró con la noticia del asesinato de su amigo y traductor José Robles por agentes rusos. Este y otros desencantos con la Unión Soviética y el comunismo le llevan a derechizar su ideología a partir de entonces. Nota: Repasar Manhattan Transfer, a ver si esta vez me llega.

2. Ernest Hemingway (1899-1961). Amante de España, y sobre todo de Pamplona y los Sanfermines, participó en la guerra civil como corresponsal, pero también luchó en el bando republicano. A la inversa que Dos Passos, tras la contienda española izquierdizó sus ideas liberales, asumiendo una postura progresista y antifascista a partir de entonces. Plasmó sus experiencias en la que es considerada por muchos su obra más trascendental, "Por quién doblan las campanas", de la que hay que aprenderse la siguiente cita: "la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad, y, por consiguiente, nunca preguntes por quién doblan las campanas, están doblando por tí". Merece la pena leer su obra, pues su estilo austero y minimalista, casi de reportero, es precursor de muchos escritores posteriores. Y sus cuentos sin final sorprenden cada vez que los lees.

3. Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944). Piloto de aviones y escritor, fue enviado a la guerra civil española como corresponsal. En el frente de Lleida y en las trincheras de Carabanchel, el autor de "El principito" y "Tierra de hombres" realizó una serie de reportajes con un estilo elegante, con economía de palabras, pero conmovedor. Por estos artículos, el régimen franquista le negó el visado para pasar por España camino de Portugal, en su viaje a Estados Unidos durante la segunda guerra mundial. Murió en esta conflagración, al caer su avión al mar.

4. André Malraux (1901-1976). Visualicemos a un dandy con síndrome de Tourette organizando y liderando una escuadrilla de aviación en Albacete tras ser nombrado teniente coronel por el gobierno de la república. El autor de "La condición humana", por aquella época comunista convencido, participó de esa manera en la guerra, consiguiendo fondos, aviones y personal y después dirigiendo la Escuadrilla España (luego Escuadrilla Malraux), que funcionó no muy exitosamente durante nueve meses, hasta que todos sus aviones fueron abatidos. De la experiencia de Malraux en España surgió su novela "L'Espoir", además de la película semidocumental "L'Espoir. Sierra de Teruel", rodada en Barcelona con Max Aub como ayudante.

5. George Orwell (1903-1950). Acudió a la guerra española para luchar por sus ideales. Fue a matar fascistas porque alguien debía hacerlo, según dijo a su amigo Henry Miller. Allí conoció dos experiencias que influyeron en sus escritos posteriores (si habéis leído 1984 lo entenderéis): el totalitarismo y como reinventa la historia (tanto el comunista como el nazi), y las ratas, a las que tenía fobia. La leyenda cuenta que, por matar una rata de un disparo, provocó un tiroteo con el enemigo. Luchó en el frente como uno más y salió de España tras recibir un tiro en el cuello que casi le cuesta la vida. Su experiencia personal en la contienda quedó plasmada en "Homenaje a Cataluña".

6. Pablo Neruda (1904-1973). El gran poeta era, cuando estalló la guerra, cónsul de Chile en España. A pesar de ser amigo de Alberti y de otros comunistas reconocidos, no comulgaba en exceso con las ideas proletarias. Pero tras el asesinato de Lorca abandonó la supuesta neutralidad de un diplomático y se posicionó en contra del fascismo. La guerra española cambió el rumbo de su poesía, haciéndola más directa y comprometida, lo que quedó reflejado en "España en el corazón".

7. Robert Capa (1913-1954)
De nacimiento húngaro, Endre Friedmann abandonó su país huyendo de los nazis con dieciocho años para recalar en París, donde conoció a su compañera, Gerda Taro. Entre los dos adoptaron el nombre de un supuesto reportero norteamericano para que les compraran sus fotos de conflictos bélicos. Suya es la fotografía más famosa de la guerra española, en la que Capa se implicó defendiendo la causa de la república. Aunque no se puede considerar un escritor, su libro "Ligeramente desenfocado" recoge de manera novelada sus memorias de la segunda guerra mundial, e incluye las famosas once fotos de Capa que se conservan del desembarco de Normandía. Murió en otra guerra, al pisar una mina en Indochina, ahora Vietnam.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Siete procesos de secesión

La secesión, según el diccionario, es el acto por el que se separa de una nación parte de su pueblo y territorio. Me parece un término más concreto que el de independencia, porque hace referencia a un país que está unido. No se pueden considerar, en mi opinión, actos de secesión la independencia de la India o de Estados Unidos respecto de Gran Bretaña, pero sí, por ejemplo, la independencia de Escocia, si esta se hubiera producido.

Por eso, el proceso de independencia de Cataluña creo que debería llamarse proceso de secesión, porque España es una nación y Cataluña una parte de ella, aunque mucha gente la considere también nación.

Soy absolutamente neutral en el tema de la secesión de Cataluña, porque, como dijo Jodorowsky, mi patria son mis zapatos. Si hubiera nacido en Japón, sería japonés y si hubiera nacido en Francia, sería francés. No habría venido a España a convertirme en español. Así que soy español por nacimiento, no por convicción, aunque vivo divinamente en España y me encanta.

Vamos a relacionar brevemente siete procesos de secesión más o menos exitosos:

1. Eritrea. Los habitantes de esta nación nunca se consideraron etíopes, pero el reparto del mundo después de la segunda guerra mundial los colocó dentro de Etiopía. Lograron su independencia gracias a la lucha armada. Tras la conquista por el Frente Popular de Liberación de Eritrea de las principales ciudades del país, Etiopía permitió el plebiscito en 1993, que fue favorable a la secesión en un 99,8%. Después de la separación se han sucedido los conflictos fronterizos entre ambos estados.

2. Eslovaquia. En realidad, se trata más de una separación que de una secesión, puesto que Checoslovaquia era una entidad impuesta por la URSS, que unía Bohemia y Moravia (República Checa) con Eslovaquia. Ambos pueblos habían sido unidos ya en 1918. Tras la revolución pacífica de 1991, que derrocó el régimen comunista, se formalizó la separación pacífica en 1993. Pero fue decidida por los políticos, no hubo referéndum. A la gente normal parece que le daba lo mismo estar juntos que separados. Ni la República Checa ha mejorado al deshacerse de la más pobre Eslovaquia, ni esta ha mejorado por ser independiente.

3. Montenegro. La Yugoslavia comunista, que antes fue el reino de los croatas, los serbios y los eslovenos, casi terminó de desmembrarse con la separación de Montenegro de Serbia. Lo interesante del referendum que se celebró en Montenegro en 2006 fue la pregunta, que era muy clara: "¿Quiere usted que Montenegro sea un Estado independiente con una total legitimidad internacional y legal?". También las condiciones para la secesión: La primera es que votara más del 50% de los electores y la segunda es que la secesión fuera apoyada por una supermayoría del 55% de los votos. La mayoría lograda finalmente fue del 55,5%.

4. Kosovo. Un ejemplo de declaración de independencia unilateral. En febrero de 2008, tras unas elecciones, el parlamento de esta región declararó la independencia. Hay que recordar que la mayoría de los habitantes de Kosovo son albaneses, pero que la región estaba integrada en Serbia. Una declaración de independencia sin contar con el estado central parece contraria al derecho internacional. Pero eso depende de los amigos que se tengan. Los Estados Unidos reconocieron al nuevo estado, y la ONU y la UE los siguieron. A pesar de que Rusia consideró la secesión ilegal, se está agarrando a ella en los asuntos de Ucrania, y en su momento llegó a decir a Estados Unidos que tras lo de Kosovo debería también apoyar las reivindicaciones secesionistas en España. En nuestro país, por supuesto, y por esas razones, el gobierno se ha opuesto a reconocer al nuevo estado.

5. Sudán del Sur. Este país formaba parte de Sudán, el estado más extenso de África, que obtuvo la independencia de la dominación angloegipcia en 1956. Pero Sudán era un país artificial, fruto de la dominación colonial, en el que norte y sur no compartían costumbres y religión. Por eso, desde la independencia, y hasta 1972, se desarrolló una guerra civil entre ambos territorios. En 1983 comenzó otra guerra civil, que no solo enfrentaba norteños contra sureños, sino también a las diversas etnias del sur, todo ello aderezado con el descubrimiento de petróleo en la zona meridional. En 2005 acabó la guerra con un acuerdo que concedía seis años de autonomía al sur, hasta el referéndum de 2011, en el que la secesión obtuvo casi un 99% de votos. Sin embargo el nuevo país sigue en una guerra civil intermitente desde 2013 entre las dos etnias mayoritarias, y su población es de las más pobres del mundo, a pesar de la riqueza petrolífera que atesora.

6. Quebec. No os asustéis, Quebec no se ha separado de Canadá sin que os hayáis enterado. Pero es un buen ejemplo de la forma de ver las cosas en otros países. Esta provincia canadiense, de mayoría francófona, tiene un partido independentista fuerte, que en 1995 promovió un referéndum con una pregunta no muy clara sobre su soberanía. Como respuesta, el gobierno central de Canadá consultó al Tribunal Supremo (allí no hay Tribunal Constitucional) si la Constitución permite la secesión. Este dijo que se tiene derecho a la independencia en algunos casos, como el de las colonias, pero que Quebec, a pesar de tener otro idioma, forma parte de Canadá y no tiene derecho a declarar su independencia de manera unilateral. Sin embargo, reconoce que, si la mayoría de los quebequeses lo piden, el gobierno central debe negociar con ellos. Tras este dictamen, el gobierno de Canadá aprobó la Ley de Claridad, que establece que, en el caso de que una provincia quiera secesionarse, debe hacer una pregunta medirianamente clara sobre si se desea un país independiente, nada de preguntas sobre supuestos estatutos de soberanía asociada al Canadá. Si hay una mayoría suficiente, se negociarán los términos de la secesión. De esta manera, se asegura que los secesionistas quieren realmente un país nuevo, y no ventajas para sus ciudadanos con respecto a otras partes del estado.

7. Escocia no es tampoco un país independiente todavía. Y no lo es porque así lo han decidido sus habitantes en referéndum en el 2014. Escocia sí fue un estado independiente, pero dejó de serlo en 1707 al unirse con Inglaterra. Tras las reivindicaciones de mayor autonomía fue dotada de parlamento propio en 1998. En 2014, y tras negociar con el gobierno del estado, se hizo una pregunta clara: "¿Escocia debería ser independiente?". El resultado fue que un 55,3% de los que vivían en Escocia dijo que no. Pero antes no hubo crujir de dientes, ni rasgar de vestiduras, ni amenaza de mandar tanques, ni nada parecido. En Gran Bretaña no existe un sentimiento en los partidos gobernantes de indivisibilidad de la nación, pues no tienen conflictos bélicos internos cercanos y asumen que son un estado de varias naciones. Incluso muchos conservadores ingleses piensan que les iría mejor sin Escocia.

jueves, 5 de noviembre de 2015

El Padrino. Soneto al cuarto de hora

Me gusta escribir sonetos de una manera rápida. Es un pasatiempo divertido cuando tienes un ratito libre. Yo los llamo sonetos al cuarto de hora, porque decido el tema en un minuto y después dedico un minuto a cada verso. Es obligatorio dedicar un minuto o menos, porque en caso contrario se convierte en una actividad más tediosa y nunca llegas al final. Pero esas son las normas que yo me he inventado, cada cual puede hacerlo a su manera.

No es una actividad para intelectualoides. Sólo hay que aprenderse las reglas de métrica y rima de los sonetos, que son muy sencillas, y tener un boli y un papel. Suele quedar gracioso porque tienes que resolverlo a toda prisa y, casi siempre, de una manera chapucera. Lo mejor, después de terminar, es tirarlos, para que no te condicionen en el futuro.

Por supuesto, el resultado no es ni parecido a lo que Lope de Vega nos enseñó en su famoso soneto de repente. La mayor parte de las veces ni están las sílabas ni las rimas, pero te lo has pasado bien y aprendes a usar las palabras.

Pondré un ejemplo. Aquí el tema es una de las primeras escenas de El Padrino, aquella en que Bonasera, el dueño de la funeraria, visita a Don Vito en su casa el día de la boda de su hija. No sé por qué pero esta escena me tiene obsesionado, sobre todo lo de que te voy a hacer un favor y me debes una.

¿Qué he hecho yo, que poco me respetas?
traicionas la amistad que te he entregado
al venir a pedirme, descarado,
que te vengue, que mi honor comprometa.

Me pides que se empuñen metralletas.
Se hará, pero al cumplirse tu recado
quedarás, por tu parte, endeudado,
al forzar que el desquite acometa.

Esa deuda algún día has de pagarme,
no en dinero, que en actos o favores,
no sé si ahora, luego, pronto o tarde.

Pero ten por seguro que mis hombres
llegarán a tu puerta a llamarte
para que la palabra dada honres.

jueves, 29 de octubre de 2015

Siete lugares de El Barco de Ávila

Los días 26 y 27 de septiembre de 2015 visité la localidad de El Barco de Ávila, situada en la provincia homónima, cerca de las de Salamanca y Cáceres, entre la Sierra de Gredos, el Valle del Jerte y la Sierra de Béjar. No soy un turista muy activo. No aspiro a verlo todo y enterarme de todo, sino a disfrutar de los sitios con tranquilidad. Por eso no puedo hacer una guía de viajes, sino, como he hecho otras veces, simplemente comentar lo que vi y experimenté en primera persona.
1. El Hotel Real de Barco es un establecimiento de cuatro estrellas. Un gran mazacote de piedra a las afueras del pueblo, que exteriormente posee el aspecto de los hoteles de montaña. Por dentro es acogedor y tranquilo. El personal es correcto, pero castellano, sin zarandajas. El desayuno es bueno, pero, como casi siempre, se echa de menos el zumo de naranja natural.
2. A la espalda del hotel, bajando una cuesta, entras en el pueblo, cruzando el río Tormes, a través de un puente románico. Si paras en el centro del puente (lo malo que tiene es que pasan coches) te encuentras en un paraje idílico. Bajo tus pies fluye cantarín el río saltando las piedras. Por debajo del hotel puedes ver la ermita del Cristo del Caño, del siglo XIII originalmente, aunque reconstruida en el siglo XVII, al pie de la cual se encuentra la fuente que le da nombre. En la otra orilla del río hay un paseo que resulta sumamente agradable de tomar. En él hay bancos y un pequeño parque con máquinas para hacer ejercicio. Pero el camino continúa y puedes seguir el río hacia uno u otro lado.
3. Una vez cruzado el puente románico, a la izquierda y frente al río, en la calle Paseo de Yecla, se encuentra el museo de la judía, que es gratuito e interesante. Nada más entrar, una amable empleada nos hizo pasar a una sala para ver una proyección audiovisual muy original, en la que algunos supuestos habitantes del pueblo nos cuentan sus bondades. El resto del museo está lleno de aperos y maquinaria para el cultivo, recolección y conservación de las diferentes variedades de judía (así se llama en el centro de España, pero en otros sitios se la denomina alubia, habichuela o frijol) que se cultivan en Barco. Desde la terraza situada en el primer piso se contempla una vista estupenda de la sierra.
4. Por la Calle del Puente se llega a la plaza de la Iglesia, donde comienza la Calle Mayor, que está flanqueada por tiendas donde se venden las famosas judías del Barco, además de por otros comercios y algunos bares. Aunque tiene edificios muy interesantes, como la antigua cárcel, que ahora es un centro cultural y social, no aporta al visitante una sensación de homogeneidad, tan necesaria para la tranquilidad del espíritu, y en ella se ubican algunos inmuebles que no parecen dignos (por su diseño o su estado de conservación) de encontrarse en este enclave.
5. Al poco de comenzar a andar por la Calle Mayor, a la derecha, te encuentras la Plaza de España, un sitio estupendo para tomar el aperitivo en un día soleado, con una arquitectura, aquí sí, más homogénea. Entramos en tres bares-restaurantes. En el primero, que queda a la derecha de la plaza, nos sentamos en la terraza y pedimos unas patatas revolconas, que consisten en un puré de patatas con pimentón, acompañado de torreznos, pero que es un plato muy rico y más suave de lo que parece. En el bar que se encuentra a la izquierda de la plaza, en cuyos toldos pone "El Siete", están especializados en pinchos, y los hacen muy bien. Comimos los de jamón, anchoas y otro que era un vasito con verduras y un huevo frito dentro. Finalmente, en el tercer bar, que se encuentra de espaldas a la Calle Mayor, pedimos un par de tostas. El camarero nos trajo la de morcilla y la de queso de cabra, deliciosas. Los sitios son baratos y el personal amable.
6. Al final de la Calle Mayor, a la derecha, se encuentra la oficina de turismo, en un pequeño centro cultural donde había una exposición de pintura. Allí, un trabajador muy amable nos proporcionó un plano del pueblo y nos indicó algunos lugares pintorescos. También nos recomendó otros pueblos cercanos. A la izquierda de la Calle Mayor se encuentra el Castillo de Valdecorneja. Ese día no se podía entrar, porque estaban retirando los nidos de las cigüeñas que se acababan de marchar. De todas formas, en la oficina de turismo nos habían dicho que no había nada interesante dentro. Si quienes gestionan los castillos los amueblasen, aunque fuese con imitaciones, los harían mucho más atractivos. El castillo, del siglo XII, parece muy bien conservado y tiene un pequeño paseo a su alrededor, muy agradable de dar, en una atalaya cerca del río.
7. Finalmente me detendré en la Puerta del Ahorcado, que forma parte de los restos de la muralla que todavía conserva el pueblo abulense. Se llama así, según nos dijeron, porque la leyenda cuenta que los aldeanos ahorcaron de la misma a un alcalde. Ya no se recuerda quién era el alcalde ni qué había hecho. Se trata de un arco que impresiona por su belleza, sobre todo visto desde la parte exterior de la muralla. Es de estilo románico pero dicen que data del siglo XVI.

Para terminar, me gustaría recomendar a los restaurantes de El Barco de Ávila que en sus menús incluyeran más platos que tuvieran como ingrediente las famosas judías. Creo que los visitantes lo agraderíamos.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Siete soluciones al sentido de la vida

Existen grandes preguntas que los individuos de la raza humana se han hecho desde que tienen conciencia de sí mismos: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Qué hay de cena?.

Una de las grandes cuestiones que toda persona debe plantearse es cuál es el sentido de su vida. En mi opinión, debe sustituirse sentido por propósito, es decir, qué utilidad va a tener nuestra vida (para nosotros, para nuestros allegados, para la humanidad en general).

Como ya ha habido mucha gente lista que se lo ha planteado antes, no voy a intentar ser más listo que ellos, sino simplemente resumir clara y sencillamente algunas soluciones que me parecen interesantes. Después, cada uno deberá profundizar en las que más le atraigan.

1. Los filósofos griegos clásicos. Por supuesto, la mayoría de los que han contestado a la preguntita han sido filósofos. Sócrates (470-399 a.c.) y Platón (427-347 a.c.) centraban el sentido de la vida en el propio individuo. Sostenían que el objeto de la existencia es alcanzar la felicidad, la armonía, para lo cual el individuo debe desarrollar completamente su personalidad. Parece sencillo, estudia mucho, sé virtuoso y alcanzarás la felicidad, que es el propósito de tu vida. Aristóteles (384-322 a.c.) consideraba que todas las cosas tienen un propósito en el que alcanzan su razón de ser. El propósito del hombre es lograr la felicidad, que él identifica con la realización virtuosa de una tarea, la que es innata al género humano. Puesto que en el hombre es más importante el alma racional que el cuerpo, su tarea innata es dedicarse al conocimiento, a ejercer la razón. Y si alcanzas el conocimiento de Dios, ya es la leche. Pero Aristóteles reconoce que para ello hay que tener las necesidades materiales y de afecto humano cubiertas.

3. San Agustín (354-430). Para que la vida tenga un sentido hay que orientarla hacia Dios. La vida por sí sola no tiene sentido sin su correlación eterna. El alma debe alcanzar la felicidad, conociendo la verdad o, lo que es lo mismo, conociendo a Dios, volviendo al Dios que creó el alma. Dios es el único capaz de dar sentido al paso del hombre por el mundo. El hombre viene de Dios y a Él tiende.

3. Kant (1724-1804). Todos los seres humanos tienen un plan sobre cómo les va a ir en la vida. Se dedican a soñar con esos planes, mientras la vida les va llevando por otros derroteros, hasta que un día viene la muerte y tira por tierra todo. La vida es lo que te pasa mientras estás entretenido haciendo planes, dijo John Lennon. Por eso, y como lo importante está más allá de la tumba, no hay que tomarse demasiado en serio los planes ni la vida. Hay que ser perseverante y optimista, pero no impaciente.

4. Hegel (1770-1831) y Marx (1818-1883). Ambos piensan en la vida como la historia del ser humano. El primero basa su historia en la evolución del espíritu y el segundo en la evolución del trabajo. La tendencia es alcanzar el fin de la historia, que Hegel ve en el Estado racional y Marx en el Estado comunista. Así, para Hegel la vida del hombre es como la historia del hombre. Uno nace, y tras las vicisitudes de la vida, su espíritu debe perfeccionarse, por medio de la razón, hasta reencontrarse al final. Marx, sin embargo, no baja hasta el individuo, porque el hombre es un ser social, y en la sociedad debe realizarse. Mantiene que el sentido de la vida es la creación de una sociedad sin propiedad privada, sin clases sociales y sin religión, acabando con Dios, con la filosofía y con el Estado. El miedo a la muerte ha creado la religión, por ello, el hombre debe asumir la muerte y morir por la lucha, por la revolución, que continuará tras él, por lo que no morirá del todo.

5. El existencialismo. Nietzsche (1844-1900) afirmó que Dios ha muerto, por lo que sólo queda la vida, como un sinsentido. No existen ya valores morales, no hay una verdad absoluta, no hay razón. Sólo queda el triste devenir de la vida en un retorno cíclico sin posibilidad de progreso. Pero de este nihilimo, y asumiendo estas premisas, se debe hacer cargo el superhombre, un nuevo estado de la humanidad que cambiará los valores, cultivará los sentidos, impondrá su voluntad como ley y vivirá día a día, como John Rambo. La vida es voluntad de poder, de ser más, de expandirse, de afirmarse y, sobre todo, de crear. Puesto que la vida no tiene sentido, disfrutemos de ella, inventemos, juguemos. Heidegger (1889-1976) definía la realidad como el simple hombre en una existencia incierta y abocado a la muerte. La única salvación es aceptar esa situación y autoafirmarse por la acción y la lucha (suena nazi, ¿por qué será?). Jean Paul Sartre (1905-1980), también afirmaba que la vida no tiene sentido. Antes de que uno viva la vida no es nada, y a uno le corresponde darle sentido mientras la vive. El hombre es plenamente responsable de la vida que lleva, puesto que es libre, y no debe poner excusas. Cada uno es lo que ha querido ser y puede dejar de serlo cuando quiera. Albert Camus (1913-1960), aunque no se consideraba existencialista, también negaba a Dios y el sentido de la vida, por lo que había que disfrutar esta con libertad. Pero la vida no se puede disfrutar, porque te topas con el sufrimiento y la muerte, lo que le llevó al absurdismo, es decir, la vida no tiene sentido y encima es chunga, no hay un código moral absoluto, así que se planteaba el suicidio como una opción, aunque no fuera la suya.

6. Ortega y Gasset (1883-1955). La realidad primordial para el filósofo español es el hombre dentro del mundo, el individuo y su circunstancia. Y a la unión del yo o subjetividad con el mundo lo llama vida. La vida, por tanto, no es sin más algo que pasa, sino que hay que sentirlo, porque las cosas nos afectan. La vida es lo que se va a hacer con ella, el proyecto del hombre dentro de la realidad. Hay que comprometerse en grandes y ricos proyectos para llegar a una vida más plena. Por eso Ortega ve la vida más como futuro que como presente y pasado. Cuando llegó a viejo su vida empezaría a perder sentido, supongo.

7. Ingmar Bergman (1886-1970). Me gustaría introducir las reflexiones de un cineasta que se ha preguntado por el sentido de la vida desde un punto de vista más psicológico. En "El séptimo sello", el caballero que juega al ajedrez con la muerte se enfrenta al vacío que supone que Dios esté callado y no te garantice la vida posterior. A la patética actitud del protagonista, Bergman opone la solución escéptica del escudero Juan, de vivir el presente tal y como te va llegando, o la más bonita de los juglares, gente sencilla que, mediante el amor y la amistad dan sentido a su vida. Aquél que no quiera pillar dolor de cabeza con tratados filosóficos sobre el sentido de la vida, puede acudir al cine, que muestra múltiples ejemplos sobre el tema, con una filosofía más barata y digerible. Repasad "La palabra", "Blade Runner", "Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera", "La gran belleza" o, naturalmente "El sentido de la vida" (con esta os reiréis, pero no sacaréis nada en claro).

viernes, 28 de agosto de 2015

Siete series policiacas de televisión

A la espera de los nuevos capítulos de True Detective, me paro a recordar algunas series de policías, o de detectives, que he visto con gusto, aunque casi siempre con sentimiento de culpa, pensando que debería estar haciendo algo más productivo.

1. Colombo (1971). El teniente Colombo era un desastrado y aparentemente despistado investigador de homicidios de la policía de Los Ángeles. Siempre conseguía atrapar al asesino, gracias a su dotes de observación y a su ingenio, pues no portaba pistola ni elementos científicos. Por ejemplo, si veía una colilla sabía que alguien había fumado. En todos los capítulos asistíamos al asesinato, que parecía perfecto, de manera que el espectador ya sabía quién era el culpable, y lo interesante era contemplar cómo Colombo resultaba más listo que él. Así, y a la manera en que Gila detuvo a Jack el Destripador, iba minando la confianza del homicida y echando por tierra sus coartadas, hasta que no tenía más remedio que confesar. A pesar de lo repetitivo que parece, la serie estaba muy cuidada, con grandes directores y la elección casi siempre de reputados actores y actrices para el papel del antagonista. Aunque no sé si me atrevería a verla ahora.

2. Starsky y Hutch (1975). Dos policías jóvenes, guapos y valientes, resuelven casos en California. Una serie con buenas dosis de violencia, que obtuvo gran éxito en España. Muchos pintaron su Seat de rojo y con la raya del Ford de Starsky, cuya chaqueta de lana se puso de moda, así como la chupa que llevaba Hutch. La camaradería y el buen rollo (a veces demasiado) que destilaba la pareja era gran parte de su éxito, junto con unos secundarios graciosos (el jefe y el soplón). Todos los chicos habríamos matado por ser tan chulos como ellos, y muchas chicas iban a clase con carpetas forradas con sus imágenes.

3. Canción triste de Hill Street (1981). Extraña traducción de "Hill Street Blues", una serie que cambió el curso de la televisión, pues, aunque cada capítulo empezaba por la mañana y acababa por la noche (que no tenía que ser la del mismo día), algunas tramas continuaban durante varios episodios, y era preciso verlos todos para no perderse. Ha dejado para la posteridad la frase con la que el sargento despedía a los agentes después de la reunión matutina: "tengan cuidado ahí fuera". Aunque algunos dicen que era Chicago y otros Nueva York, yo creo que nunca se decía el nombre de la ciudad donde estaba situada la comisaría de Hill Street. Lo que sí me dejó patidifuso fue que, en el primer capítulo, herían de gravedad a dos agentes que parecía que iban a ser los protagonistas. Ahí me enganché, porque me di cuenta de que iba a ver algo distinto. Ya la música de la cabecera era diferente a la que se usaba en la época. Era una serie realista, tenía algunos toques de humor y se adentraba en las relaciones de los personajes fuera del trabajo, como por ejemplo, la del capitán Furillo con su novia, la fiscal. Una serie que sí me atrevería a ver ahora.

4. Twin Peaks (1990). Otra serie que cambió la historia de este género. Ideada por el casi siempre genial e inquietante David Lynch, seguía la investigación que el agente Cooper del FBI llevaba a cabo en el pueblo que da nombre a la serie, para averiguar quién mató a la bella y popular adolescente Laura Palmer. La primera temporada de la serie era genial e hipnótica, pero en la segunda se empezó a desvariar, a bajar la calidad del producto, a meter subtramas o giros sobrenaturales que hastiaron un tanto al espectador, incapaz de comprender la mayor parte de lo que pasaba ante él. Sin embargo, la música de Angelo Baladamenti es maravillosamente perturbadora, se nota la mano de Lynch en muchos capítulos y ha quedado como una serie de culto, que abrió nuevas posibilidades a la televisión.

5. El mentalista (2008). Patrick Jane, supuesto vidente que se gana la vida con sus espectáculos es contratado por la Brigada de Investigación de California por sus grandes dotes de observación y de conocimiento de la condición humana. Allí conoce a la agente Lisbon, su jefa, atractiva y cumplidora de las normas establecidas. Mientras resuelven crímenes, Jane quiere atrapar, a través de los capítulos, a John el Rojo, su archienemigo, que asesinó a su mujer y a su hija. Este enfrentamiento mantiene la intriga de una serie entretenida, sobre todo por la socarronería del personaje protagonista, uno de los muchos investigadores no profesionales que pueblan las series policíacas, desde Jessica Fletcher hasta Castle. Sin embargo, me pareció que se repetía y se alargaba en exceso, por lo que debo confesar que me cansé en la cuarta temporada y no he llegado hasta el final de la serie.

6. True detective (2014). No he comenzado a ver la segunda temporada, así que me centraré en la primera. Dos detectives retirados de Luisiana son llamados por la policía del estado para que recuerden un caso de asesinatos en serie en el que trabajaron durante casi veinte años, que podría tener conexiones con nuevos crímenes que se están cometiendo. Con la calidad que HBO imprime a todas sus producciones, y apoyada en las excelsas interpretaciones de Woody Harrelson y Mathew McConaughey, se trata de una serie oscura y filosófica, con claras referencias a Nietzsche y Lovecraft, pero con otras muchas que se pueden ir descubriendo. Para mí tiene el pero de una trama demasiado enrevesada y de un final más digerible del que habría cabido esperar.

7. Fargo (2014). Lo que siempre he esperado de una serie, que, en mi opinión, roza la perfección. Partiendo de las claves que los Coen dejaron en su gran película, se construye una serie de diez capítulos que presenta, en los mismos escenarios, otra colección de personajes arquetípicos entre los que destaca Lorne Malvo (Billy Bob Thornton), encarnación del mal. Martin Freeman utiliza sus tics habituales con ingenio para dar vida a Lester Nygaard, el inútil descontento con su vida. Por supuesto, encontramos también a la policía astuta que no lo parece, a un par de policías superados por los acontecimientos y a dos villanos patosos. Los toques de humor negro que acompañan a los actos violentos te sorprenden, pero lo mejor es la historia, que te atrapa hasta su culminación.

jueves, 18 de junio de 2015

La conspiración de Ciudadanos en siete etapas

¿Y si Ciudadanos, el ahora proclamado partido emergente, no fuera en realidad un partido formado por personas que tienen una ideología parecida y se unen para aportar algo a la sociedad?

¿Y si Ciudadanos fuera fruto de una conspiración pergeñada por unas élites económicas y sociales (a las que podemos poner un nombre molón, como iluminados, reptiloides, bilderberianos), que ven peligrar sus enormes privilegios?

En este caso, se habría llegado al ascenso de Ciudadanos después de siete etapas en nuestra historia más reciente, casi siempre controladas por los que mandan en la sombra. Vamos a enumerar las fases de esta fábula conspiratoria:

1. España es un país en el que, con la llegada de la democracia, los próceres de la patria, que serían siervos leales de los malotes, establecieron el bipartidismo. La ley electoral, con su sistema de circunscripciones provinciales, favorece que sólo los partidos con un gran número de votos tengan opciones reales de gobernar el estado. En la transición se pensó que, de esta manera, los partidos, que en aquellos momentos eran instituciones muy frágiles, saldrían reforzados. Pero este sistema sólo favoreció a unos pocos partidos, provocando la práctica desaparición del resto. Otra de las ideas oficiales es que, de esta manera, se evita que partidos extremistas puedan instalarse en las instituciones. Se fomenta la estabilidad (¿de quién?) frente a la representatividad. Se aseguraron así de que dos partidos, ambos con ideas económicas muy parecidas, se alternaran en el liderazgo del país.

2. Pero, un día, nuestros conspiradores, siempre ávidos de poder y dinero, habrían decidido provocar una crisis financiera mundial para aumentar sus ganancias. Consiguieron grandes resultados en muy poco tiempo. Ya en mayo de 2011, The Boston Consulting Group publicaba que el 39% del ingreso mundial estaba en manos del 0,9% de la población, cuando solo dos años antes el porcentaje era del 37%. Si usted no está entre ese 0,9% no es usted rico. Piense un momento ¿qué pasaría si dejara de percibir ingresos durante un año? Si la respuesta es que las pasaría canutas, no es usted clase media, sino un currito. El invento de la clase media sirve para hacernos creer que somos como ellos, y que debemos apoyar las barbaridades que nos cuentan. Bueno, pues los malos habrían encargado engendrar la crisis a los grandes bancos, para después, una vez creado el caos, implementar las medidas recomendadas en su día por Milton Friedman en su doctrina sobre el libre mercado.

3. Mas, hete aquí que la crisis afectó a muchas personas que se creían clase media, además de a los pobres de siempre. Y si alguna ventaja tienen los pobres es que son muchos, más que los ricos. Entonces comenzaron una serie de movilizaciones que cristalizaron en el movimiento del 15M. La falacia de que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades, amplificada desde la gran mayoría de medios de comunicación, ya no colaba. Mucha gente que permanecía alejada de la política, en gran medida gente joven, se dio cuenta de que la política es el mejor camino para cambiar la sociedad. Y las peticiones de estos grupos se resumían en una sola: democracia real, con todo lo que esto significa (que todos los ciudadanos tengan la misma incidencia en el gobierno del país, mayor pluralidad informativa, elección de todos los cargos, empezando por el rey, democratización de todos los partidos políticos, etc.).

4. Esta corriente debía quedar articulada en un nuevo partido político, que intentara mejorar el sistema desde dentro. Así surgio Podemos, un movimiento nacido de la izquierda anticapitalista, que, aprovechando el aumento de la desigualdad y la corrupción que afectaba a los partidos tradicionales aportaba ideas novedosas. No criticaba la política (el manido "todos los políticos son iguales"), sino que afirmaba que todos podemos participar en ella, aunque se mostraba algo ambiguo para atraer votantes descontentos de todo el espectro político. Pero los fundadores de Podemos eran gente muy preparada y con mucho conocimiento de los medios (modernos y antiguos) de comunicación, y en sólo unos meses dieron la vuelta como un calcetín al sistema de partidos políticos español.

5. Los reptiloides vieron peligrar sus privilegios. Pero los partidos que siempre habían gobernado ya no tenían solución. Eran unos entes arcaicos, anquilosados y que favorecían la corrupción. Seguirán obteniendo votos, pero ya no tan fieles, por lo que había que crear un nuevo partido que defendiese las ideas de la gente de bien, es decir, que siempre ha habido ricos y pobres y que siempre los habrá. Y que a ti te toca estar entre los pobres, pero que puedes aspirar a ser rico, gracias a la libertad. Para ello buscaron a Ciudadanos, un partidillo que había tenido un relativo éxito en Cataluña, oponiéndose al independentismo, y que había coqueteado con ideas no muy solidarias de exclusión del extranjero (nacido fuera de España, no fuera de Cataluña), y le proporcionaron los medios para enfrentarse de tú a tú con los grandes partidos.

6. Había que alentar al nuevo partido. Todos los que cobran un sueldo de los iluminados se aprestaron a ello. Es un partido respetable, nada radical, y, cuando sea la hora llegar a acuerdos, los construirá con uno de los antiguos partidos que han gobernado España. Con uno de ellos, con el otro, o con los dos. Lo importante es no dejar acercarse a las instituciones a los que quieren cambiar la forma de hacer política. Por otro lado, hay que frenar la subida del partido surgido de la calle, acusándolo de radical, como si eso fuera malo. Un partido que, según la gente "de bien", va a quitarle la segunda vivienda a todo el mundo (¡ay! la propiedad privada y la clase media), acabará con las elecciones libres y hace promesas imposibles de cumplir, como que los que no tienen trabajo puedan comer todos los días.

7. Así, en una suerte de gatopardismo a la española, el nuevo partido entrará a formar parte del sistema democrático de nuestro país. De esta forma, serán tres grandes partidos los que defiendan el sistema urdido por los bilderberianos, apoyados por todo el dinero que estos aportarán a su propaganda, frente a un partido que defiende el cambio de modelo del que tanto se habló y al que tantos se apuntaron de boquilla. Y puede que pierda las elecciones la guardia civil y las gane la secreta, pero no importará, porque la secreta seguiremos siendo nosotros mismos, menos Fermín.