jueves, 2 de febrero de 2017

Siete buenas medidas que tomó Zapatero

La mayoría de los empresarios del IBEX35, muchos nostálgicos de la España una, grande y libre y un buen número de los socialistas viejos que mandaron mucho, consideran a Rodríguez Zapatero el peor presidente de la historia de España. Se basan para ello en su gestión de la crisis económica internacional de 2008. Pero no todo en la vida es economía. Los que no aspiramos a ser ricos damos también importancia a otras facetas de la vida. Y en algunas de ellas Zapatero hizo cosas beneficiosas para los ciudadanos. Los políticos de derechas decían que iban a derogar muchas de estas leyes cuando gobernasen, pero no lo han hecho porque en verdad eran buenas.

Me voy a centrar únicamente en leyes, no en otras decisiones de Zapatero. Además de las que aquí comento, podría hablar de la regularización de inmigrantes, del divorcio exprés o de la ley de igualdad. También me pareció acertada la decisión de salir de la guerra de Irak. Y si ETA hubiera dejado de matar durante el mandato de Aznar, este tendría estatuas en cada esquina. Pero a Zapatero muy poca gente le agradece el final de los asesinatos de la banda terrorista.

1. Ley contra la violencia de género. La Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género fue una de las primeras que aprobó el gobierno socialista de Zapatero. Está dirigida a luchar contra la violencia que se ejerce sobre las mujeres por el hecho de serlo. Parecía muy necesario impulsar medidas para que quien maltrata a su mujer aprovechándose de su fuerza sea sometido a penas más duras que quien se pelea en un bar. La ley impulsa también medidas de sensibilización, prevención y detección. Es muy importante visibilizar ese sufrimiento callado que ha durado siglos y que contaba con la connivencia de la sociedad, que no se metía en lo que pasaba dentro del hogar. Hubo voces que se opusieron porque algunos hombres sufren violencia por parte de sus mujeres. Pero, en una sociedad patriarcal, en la que se sigue perpetuando la relación privilegiado/oprimida, sólo las mujeres pueden sufrir violencia de género, porque son maltratadas por ser mujeres. Y miren las cifras de muertas y de muertos, por favor.

2. Ley del matrimonio homosexual. La Ley 13/2005, de 1 de julio, por la que se modifica el Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio, colocó a España entre los países más avanzados del mundo en derechos sociales, siendo el tercero que aprobaba una ley en este sentido. Más de 20 países nos han seguido. Mucha gente se opuso a la equiparación de derechos para los homosexuales, entre ellos la Iglesia Católica. Pero el matrimonio homosexual no es obligatorio en España, sino voluntario. No comprendo en qué afecta a una persona que no es gay el hecho de que dos gays se casen. Pero quizá sí afecta a las instituciones que han querido controlar nuestras mentes y nuestros cuerpos desde tiempos inmemoriales. Ahora la cosa está normalizada y hasta Mariano Rajoy, que decía que el matrimonio era una institución entre un hombre y una mujer para la procreación, asistió a la boda gay de Javier Maroto, vicesecretario del PP.

3. Carnet por puntos. La Ley 17/2005, de 19 de julio, por la que se regula el permiso y la licencia de conducción por puntos y se modifica el texto articulado de la ley sobre tráfico, circulación de vehículos a motor y seguridad vial fue la causa más importante de la reducción de la siniestralidad en las carreteras españolas. Su artífice, Pere Navarro Olivella, merece todos los parabienes. Nadie discute ahora la fórmula del carnet, aunque, como siempre que la legislación es progresista e innovadora, sale algún cuñado a censurarla. El 3 de mayo de 2007, José María Aznar criticaba las campañas de prevención de accidentes de tráfico: "Yo siempre pienso, ¿y quién te ha dicho a ti que quiero que conduzcas por mí?. Las copas de vino que yo tengo o no tengo que beber déjame que las beba tranquilamente; no pongo en riesgo a nadie ni hago daño a los demás". Penoso.

4. Ley antitabaco. La Ley 28/2005, de 26 de diciembre, de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco, modificada por la Ley 42/2010, es lo mejor que se ha hecho a favor de la salud de los españoles en toda la democracia. Muy pocos son los que todavía se oponen a ella. Ya nadie se acuerda de cuando íbamos al médico y el facultativo nos recibía con el cigarrillo encendido. Y cómo olían todos los espacios públicos. Desde el 02/01/2011, cuando ya se prohibió fumar en todos los bares, restaurantes y salas de música o baile, la vida es más limpia y sana en España.

5. Ley de dependencia. La ley 39/2006, de 14 de diciembre, de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia engloba el conjunto de servicios y prestaciones destinados a la promoción de la autonomía de las personas que necesitan de otros para realizar las actividades básicas de la vida diaria. Era necesario que el Estado se acordase de los que no se pueden valer por sí mismos, por eso nadie discute esta Ley. Es verdad que, según datos de finales de 2016, tras diez años de Ley de dependencia, hay un 30% de personas que no reciben la ayuda que deberían, por problemas en su aplicación. Pero el 70% que sí se beneficia está mucho mejor que si no se hubiera aprobado esta norma.

6. Ley de memoria histórica. La Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura, llegó tarde y ha sufrido el rechazo de una de las dos españas. En un país en el que todos nos consideramos muy demócratas y criticamos a los países que encarcelan a personas por sus ideas políticas (mucho a Venezuela, no tanto a China, nada a Arabia Saudí), el simple hecho de resarcir a quienes sufrieron cárcel o muerte por defender la democracia parece que molesta a una parte de la sociedad. Hay que tener en cuenta que la ley ni siquiera pretende castigar a los que cometieron tamañas tropelías. Y parece una norma buena, porque el Partido Popular no ha hecho amago de derogarla, aunque no ha asignado dotación presupuestaria para su aplicación. ¿A quién puede molestar esta Ley, si ya no hay fascistas ni nazis en España? ¿o sí?

7. Ley del aborto. La Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo convierte la anterior ley de supuestos en una ley de plazos. El aborto es libre en las 14 primeras semanas del embarazo y permitido hasta las 22 semanas si existen riesgos para la mujer o para el feto. Es curioso que las dos leyes del aborto han sido aprobadas por gobiernos socialistas. Los conservadores se han opuesto a ellas cuando no gobernaban, pero no las han derogado al llegar al poder, seguramente porque eran necesarias. El ministro Gallardón intentó, alentado por la Iglesia y los ultraconservadores, retrotraernos a los tiempos del aborto en Londres. Pero no fue capaz de convencer ni a su propio partido y el envite le costó el puesto.

jueves, 19 de enero de 2017

Siete lugares de Peñafiel y Aranda de Duero

En noviembre de 2016 pasamos un fin de semana en Peñafiel (Valladolid), un pueblo vinícola de la Ribera del Duero. A la vuelta paramos en Aranda de Duero. Hay algunos sitios de la visita que merece la pena recordar:
1. Hotel ATH Ribera del Duero. Es un hotel de tres estrellas que se encuentra a las afueras del pueblo, en la carretera que lo cruza, a un kilómetro del centro pero muy cerca de las bodegas. Su fachada es espectacular y tiene sitio para aparcar. Por dentro no está mal, aunque el salón para el desayuno es pequeño para tanta gente. Ciertos detalles me dieron la impresión de falta de profesionalidad, pero quizá es sólo una sensación mía.
2. Plaza del Coso. Es interesante de ver, porque es cuadrada y no está asfaltada, para que se puedan realizar en ella festejos taurinos. Por eso sus edificios medievales tienen balcones de madera que se abren a la plaza. También, el domingo de resurrección, se celebra en ella la bajada del ángel, ceremonia en la que cuelgan a un niño vestido de blanco de unos cables para que le quite un pañuelo de la cabeza a una imagen de la Virgen. Todo esto lo puedes ver en Cosovisión, espacio situado dentro de uno de los edificios de la plaza, donde te proyectan un corto en el que te explican estas tradiciones, que a muchos nos pueden resultar ridículas, pero que parecen encontrarse muy arraigadas entre las gentes del pueblo.
3. Asados Alonso. Al pasear por las calles de Peñafiel llama la atención el restaurante Asador Molino de Palacios, porque se encuentra situado dentro de un antiguo molino edificado sobre el río, en un entorno natural que parece muy agradable. Pero, naturalmente, no tenías sitio si no habías reservado antes. Encontramos Asados Alonso, en la calle Derecha al Coso, donde compartimos un revuelto de trigueros, habas con jamón y huevos fritos y un solomillo con salsa de pimientos. De postre milhojas. Todo muy rico y a buen precio. Nos ofrecieron el lechazo, que es su especialidad, pero no queríamos una comida copiosa, porque había que seguir haciendo turismo.
4. Bodegas Protos. Por la tarde, visita guiada a las bodegas Protos, que presumen de ser las primeras de la Ribera del Duero y las que dieron nombre a la denominación de origen. Protos tiene dos bodegas conectadas por túneles subterráneos, la tradicional, en el interior del risco sobre el que se ubica el Castillo, y una moderna dentro de un edificio con forma de racimo de uvas. Durante hora y media te guían en una visita muy completa y te acercan al trabajo de los vinateros, hoy enólogos. Al final hay una degustación de verdejo y de crianza, para terminar saliendo por la tienda, donde seguro que compras alguna botellita.
5. Castillo de Peñafiel. Sobre una loma que domina el pueblo se construyó este castillo, que es estrecho y alargado, adaptándose al lugar donde se ubica. Por un módico precio puedes acceder a una visita guiada en la que te cuentan su historia y la de la localidad (aprenderás por qué se llama Peñafiel). Como el castillo se alza sobre dos valles, en un día despejado las vistas desde la torre del homenaje son magníficas. En el interior de la fortaleza se encuentra el museo del vino, que no tiene nada de especial, aunque puedes entretenerte intentando adivinar los diversos olores que pueden aparecer dentro de una botella de buen Ribera.
6. Tío Juanillo (Aranda). El domingo paramos en Aranda de Duero y dimos un paseo por sus empedradas calles. Al llegar a la Plaza de la Constitución nos encontramos con este local, que se hace llamar gastrotaberna y que toma su nombre de la famosa jota Por el puente de Aranda. La decoración es moderna y todo parece muy limpio y profesional. En la barra tienen unos bocadillitos buenísimos y es bastante barato. Además, tiene terraza y en los días soleados es ideal para tomar el aperitivo.
7. El río Duero. Si el tiempo es apacible, una de las mejoras cosas que se pueden hacer en Aranda es pasear por la orilla del río. Los domingos por la tarde mucha gente sale a merendar o a celebrar cumpleaños en las mesas instaladas en el parque fluvial de la ribera, donde también se pueden alquilar barcas. Ya sabemos que la visión y la escucha del correr del agua tranquiliza los nervios y carga las pilas.

martes, 10 de enero de 2017

Siete nociones clave sobre las clases sociales

El concepto de clase social siempre me ha parecido muy interesante, porque define la situación sociolaboral de una persona en el mundo, y es parecido a la imagen personal. Uno piensa que pertenece a una determinada clase social, los demás lo ven en otro lugar de la escala social, y ambos suelen ser distintos al lugar real donde uno se encuentra.

Intentaré, siguiendo el artículo que Manel García Biel escribió para www.economiadigital.es el 13/12/2016, dar varias claves sencillas para entender cómo ha cambiado la percepción de las clases sociales desde la caída del bloque comunista, uno de los hechos que más han influenciado la vida en el planeta (y con planeta me refiero al primer mundo; los que pasan hambre no conocen las clases sociales ni les importan):

1. Las clases sociales clásicas. En la sociología clásica podemos señalar como más importantes dos teorías que se referían a las clases sociales. La teoría funcionalista, que propuso Durkheim y actualizaron Davis y Moore, ve a la sociedad como un organismo en el que la estratificación consigue colocar a cada persona en el lugar que le corresponde para el mejor funcionamiento de la institución social. Las teorías del conflicto, que me parecen más interesantes, parten de la lucha de clases de Marx para decirnos que la desigualdad social está en la desigual distribución de la riqueza y las oportunidades, y quienes controlan esa desigualdad son capaces de reproducir generación tras generación un modelo que les beneficia. Esta clase social que controla los medios de producción sería la burguesía, en oposición al proletariado, que carece de propiedades y medios de producción. Luego, para liaros, los sociólogos y los economistas las habrán dividido de muchas maneras. Pero, para mí, siguen siendo básicamente dos, el que trabaja y el que vive del trabajo de otros.

2. Las clases sociales neoliberales. Pero queda muy feo dividir el mundo en explotadores y explotados. Por eso, los explotadores tienen una legión de expertos en eufemística aplicada que idearon la división de clases según el nivel de renta. Así surgieron la clase alta, la media y la baja. Como en el colegio te enseñan que lo más importante del mundo es tener dinero, nadie quiere encontrarse en la clase baja, por lo que se rizó el rizo dividiendo la clase media en clase media-alta, media-media y media-baja. Venga, todos somos clase media. Tras el hundimiento del comunismo, la izquierda europea estaba de bajona y avergonzada, por lo que los neoliberales (que no saben lo que es la vergüenza) consigueron instalar sus ideas como las verdaderas y dominantes. Así, el encargado de turno de una fábrica de quinientos obreros cree que se encuentra en la misma clase social que el dueño. Por eso intentará imitarlo e incluso imitará a qué partido vota. Tampoco luchará por sus derechos, porque él no es un obrerillo.

3. La movilidad social. Me refiero aquí a la movilidad social vertical, que es el movimiento que un individuo hace de una clase social a otra. En realidad, de un grupo de renta a otro. Es la zanahoria al extremo del palo. Es el sueño americano de que el hijo de un obrero puede llegar a ser el dueño de la fábrica. Y hay algunos que lo consiguen. Pero el entorno cultural y social en el que naces afecta notablemente al lugar al que, económicamente hablando, llegarás. No sólo influye el dinero de tus padres para pagarte una carrera, uno o varios másteres o estudios en el extranjero. También intervienen los contactos de tu familia para colocarte en un puesto una vez terminados estos estudios. Y cuanta más desigualdad hay en un país menor número de personas logran ascender en la escala social. Las políticas liberales, que han sustituido a las socialdemócratas, consiguen mantener a los pobres en su sitio.

4. El individualismo frente a lo colectivo. Si algo bueno tenemos los pobres es que somos muchos. Si nos uniéramos, y algunas veces lo hemos hecho, lograríamos mayor igualdad social. Pero desde las élites nos dividen, primero en países, enfrentando a los pobres de aquí con los de allí. Después nos educan en el individualismo, diciéndonos que todo lo que consigamos en la vida valdrá la pena únicamente porque lo hemos logrado con nuestro propio esfuerzo. Las subvenciones, los subsidios, las ayudas, las becas, la sanidad pública, la educación pública, son cosas de pobres. Y tú eres de clase media. A ver si te van a confundir con esos que, por vagos, no saldrán nunca de la miseria.

5. La demonización de los sindicatos. Muy importante es eliminar los sindicatos para que los trabajadores no puedan unirse. Se les acusa de no defender nada más que a los trabajadores que tienen un trabajo fijo y de que no se preocupan de los parados y de los precarios. También se buscan los múltiples ejemplos que existen de sindicalistas corruptos o aprovechados para extender la mancha a todas las organizaciones sindicales. Pero el debilitamiento de los sindicatos produce mayor indefensión a los trabajadores. Piensa un momento, ¿quién va a defender los derechos de los trabajadores y a unirlos para hacer fuerza? Yo creo que es mejor que existan sindicatos, aunque no sean ideales, ni mucho menos. Porque la alternativa es que los patronos (me gusta esa palabra antigua) decidan por nosotros. Y hasta el más paternalista de los empresarios arrimará el ascua a su sardina.

6. Los trabajadores como competidores. Otra manera efectiva de destruir las clases sociales, sobre todo la clase trabajadora, es enfrentar a unos trabajadores con otros. Como dije, se enfrenta a los nacionales con los extranjeros. También a los que tienen un trabajo precario con los fijos y sobre todo con los funcionarios, que tienen muchos "privilegios" (como si trabajar y cobrar un salario digno por ello fuera un privilegio). Si las mujeres trabajan quitan el trabajo a los hombres, que son los cabezas de familia. Como las grandes fábricas se han trasladado a Asia, los centros de trabajo que quedan aquí son más pequeños, lo que dificulta la unión de los trabajadores, que se quedan aislados, con su miedo a que los despidan.

7. Las clases sociales tras la crisis. Así, nos quedan tres grupos sociales bastante bien definidos y de los que cuesta trabajo salir. Los que tienen la pasta: Son un uno por ciento, tú no estás ahí. Los dueños de las empresas y sus secuaces políticos, directivos, periodísticos y sociales. Los cagaos. Viven, pero con el miedo constante a perder su trabajo o sus magros ingresos. Trabajadores y pensionistas. A estos son a los que convencen los primeros diciéndoles que están en su misma clase social y que no se fíen de los populistas, que les van a quitar lo poco que tienen. Los excluidos. Jóvenes que buscan empleo, parados mayores que no lo van a encontrar, trabajadores que van saltando de un empleo precario a otro, los que viven de los subsidios y las ayudas. A estos se los enfrenta con los extranjeros que luchan con ellos por obtener las migajas de la sociedad, diciéndoles que no se fíen de los populistas, que prefieren moros o sudacas a españoles.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Las siete mejores películas de submarinos

El subgénero cinematográfico de submarinos siempre me ha atraído. Un montón de machotes encerrados es muy propicio para que florezca el conflicto. Además, si está bien hecha, la película te debe transmitir la sensación claustrofóbica de estar metido en una lata bajo el mar. Y qué me decís del sonido del sónar o el de los dos clics antes de la explosión de las cargas de profundidad.

Estas son mis películas de submarinos preferidas:

1. Destino Tokio (1943). Un submarino debe realizar una misión supersecreta: adentrarse en la bahía de Tokio para preparar el primer bombardeo de los aliados sobre la capital del Japón. Cuando la vi por primera vez yo era un niño y me mantuvo en tensión durante todo el metraje. Esos aguerridos marineros arriesgando la vida por su patria, las minas flotantes que pueden estallar en cualquier momento. De mayor te das cuenta de que en realidad es un panfleto patriótico con un tufo racista que apesta. Sin embargo, está muy bien rodada, tiene un guión inteligente y entretenido y cuenta con dos actores de primera, como Cary Grant y John Garfield. Nota de 6,5.

2. Duelo en el Atlántico (The Enemy Below) (1957). Durante la Segunda Guerra Mundial, un destructor norteamericano, bajo el mando de un inexperto comandante, interpretado por Robert Mitchum, persigue por el océano a un submarino alemán, cuyo capitán, al que da vida Curt Jurgens, es un gran estratega. La película muestra el juego de habilidad táctica entre dos caballeros de los que ya no quedan. Apoyada en los intérpretes y en los efectos especiales, tiene la pega de mostrar la guerra demasiado bonita, a lo que ayuda el magnífico Technicolor. Un 7.

3. Torpedo (Run Silent, Run Deep) (1958). Bajo la dirección del siempre eficaz Robert Wise, Clark Gable y Burt Lancaster mantienen un gran duelo interpretativo. Lancaster es un segundo oficial que cree merecer la capitanía de un submarino y que tiene que lidiar con Gable, un comandante frustrado y cuestionado por un error en la zona 7, la más peligrosa del Pacífico. La tensión entre la tripulación y el capitán y entre el submarino y un destructor japonés te mantiene interesado hasta el final. Este guión inspiró el de Marea Roja. Nota de 6,5.

4. Operación Pacífico (Operation Petticoat) (1959). Es esta una amable comedia al estilo Blake Edwards. Cary Grant, poniendo la cara de tonto de las comedias, es el comandante de un submarino durante la Segunda Guerra Mundial. Le asignan como primer oficial a una especie de playboy pisaverde (Tony Curtis), pero con mucha habilidad para conseguir repuestos para la nave. Las situaciones cómicas vienen del color rosa del que tiene que ser pintado el submarino y de cinco jóvenes enfermeras que deben recoger en un islote. Se sucederán los chascarrillos a cuenta de la convivencia en un lugar cerrado entre los rudos marineros y las delicadas chicas. Eso sí, todo muy elegante y divertido. Nota de 7.

5. Das Boot (el submarino) (1981). Esta es para muchos la mejor película del subgénero submarinos y uno de los filmes bélicos más realistas de la historia (aunque sustituir los cables por alambres y que funcione no parece lo más realista del mundo). La claustrofobia y el agobio están aquí representados como nunca. Consigue que te preocupe la suerte de unos pobres muchachos que abordan peligrosas misiones durante la Segunda Guerra Mundial, sin importar en qué bando luchaban. Es claramente antibelicista e intenta explicar las consecuencias del horror de la guerra en las jóvenes mentes de los soldados. Curiosamente, las mejores escenas suceden en aguas de España, cerca del Estrecho de Gibraltar. Nota de 7,5.

6. La caza del octubre rojo (1990). El agente Jack Ryan creado por Tom Clancy se encarna aquí en un joven, delgado y sobrio Alec Baldwin, que intenta averiguar las verdaderas intenciones del capitán de un submarino soviético que se acerca a los Estados Unidos, mientras toda la flota de su propio país pretende hundirlo. Un imperial Sean Connery, en el papel del capitán Ramius, destaca en una película que no transcurre durante un conflicto bélico, pero que ilustra muy bien el final de la guerra fría. A pesar de su patrioterismo yanqui, mantiene el suspense en todo momento, gracias a una muy buena puesta en escena y a una dirección firme de John McTiernan. Un 7.

7. Marea Roja (1995). Una espectacular producción que vuelve a someternos al claustrofóbico ambiente submarino. Un capitán impulsivo y un segundo de a bordo más reflexivo se enfrentan casi hasta matarse sobre si hay que iniciar o no un ataque con misiles nucleares a la Rusia postsoviética. Aunque es una película para el gran público y el contexto mundial que presenta es poco creíble, la historia dentro del submarino se sostiene muy bien, gracias a que cuenta con dos actores protagonistas de peso (Gene Hackman y Denzel Washington) y a un excelente montaje que fue nominado al Óscar. Nota de 6,5.

lunes, 12 de diciembre de 2016

La dama blanca

Dedicado a Luz Casal

La dama blanca danza a la mañana,
hadas aladas saltan a calmarla,
las altas parras tapan la algarada,
ranas chaparras cantan, hablan, pasan.

Albas lantanas arrastran las caras,
calas naranjas tapan la maraña,
las palmas blancas sacan ramas pardas,
cabras rayadas arrancan la alfalfa.

¡Ah! dama blanca, ganas la batalla
a las calladas garras, a la parca,
alzas las plantas hasta la llanada.

Cada tanda traspasas la baranda,
callas fantasmas, cantan las campanas,
agradas a la algaba tras la casa.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Siete nociones clave sobre el populismo

El populismo se define en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, en su segunda acepción, como una tendencia política que pretende atraerse a las clases populares. También señala que esta acepción es más usada en sentido despectivo.

El término populista se lanza a la cara de muchos políticos para identificarlos con aquellos que hacen promesas fáciles de entender y que seducen a la gente menos culta. Pero los acusan también de que esas promesas no van a ser cumplidas, o porque el prometedor no querrá o porque no podrá hacerlo cuando llegue al poder. Se opone así el político populista al político serio que únicamente promete lo que tiene intención de cumplir.

Como el populismo está de moda, desde que Trump ganó las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos, vamos a intentar ayudar a las discusiones con los cuñados, con siete claves fáciles de entender, pero lo más rigurosas posible.

1. El populismo no es malo per se. Es simplemente una forma de dirigirse al pueblo en la que se le dice que las élites (casta o establishment) que nos gobiernan son corruptas y egoístas. Es cierto que nos gobiernan las élites. No hay más que indagar un poquito en el árbol genealógico de los que mandan en la política y en la economía de la mayoría de los países. Y también es cierto que las élites, casi por definición, son corruptas y egoístas e ignoran al pueblo. Hay quien dice que si sustituimos esas élites por gente salida del pueblo se convertirán en élites y se volverán corruptas y egoístas. Pero me gustaría verlo, porque en España hace mucho que no pasa.

2. Populismo y élites económicas. Las corporaciones y las élites económicas tienden a ser las más afectadas por las políticas que los populistas pretenden implementar. Por eso están en contra de estos líderes que dicen defender al pueblo. Un pobre va a seguir siendo pobre gobierne quien gobierne. Pero los ricos, que lo son porque dan más importancia al dinero que los pobres, lucharán hasta el último céntimo por las fortunas que les quieren "nacionalizar". Las élites económicas mundiales reman siempre en la misma dirección, la de la globalización del mercado de capitales. Muchos políticos populistas hablan en contra de la globalización, porque se apoyan en una creencia supersticiosa que surge del miedo del inculto a lo desconocido; la de que más fronteras y más aranceles protegerán a los pobres de un país frente a los pobres de fuera que quieren arrebatarles lo poco que tienen.

3. Populismo de derechas y populismo de izquierdas. Imaginemos un partido populista, es decir, una formación que lleva en su discurso la confrontación entre un pueblo virtuoso y unas élites corruptas. Si consigue llegar al poder debe dejar de destruir para construir. Tanto si es de derechas como de izquierdas ha conseguido el voto de los perdedores de la crisis y de los que se oponen al establishment. Pero un partido populista de derechas llenará sus políticas de gobierno con lo que piensan aquellos que temen perder su identidad nacional por la globalización, y fomentará la confrontación con el extranjero. Sin embargo, el populista de izquierdas abrirá los brazos al extranjero, pues no está imbuido de sentimientos nacionalistas. Por eso sus programas socioeconómicos son radicalmente distintos. El derechista baja impuestos para que cada uno se busque la vida sin ayuda del Estado, pero no permite entrar en el sistema a los que no son nacionales, para evitar la competencia por el trabajo con las clases bajas del país. El izquierdista sube los impuestos para que el Estado se preocupe de cuidar de sus nacionales, pero también de aquellos que quieran trabajar en la construcción de la nación.

4. Populismo y demagogia. Muchas veces se confunden ambos términos. El populista suele demostrar su aversión a las élites económicas e intelectuales pero, como he señalado antes, no tiene por qué mentir en sus intenciones. El demagogo utiliza promesas falaces que sabe que no va a cumplir, pero que atraen el pueblo, y lo hace con la intención de conseguir sus propios intereses, que pueden tener poco que ver con lo que dice. El demagogo es un mentiroso por definición, el populista no tiene por qué serlo. Claro, se puede ser populista y demagogo a la vez, y esto sucede a menudo.

5. Populismo desde dentro del sistema. Los populistas no quieren ser vistos como políticos profesionales. Sin embargo, ya hace tiempo que los políticos profesionales han caído en el populismo. Como dije arriba, y siempre según mi opinión, el populismo no es malo en principio. Pero no me negarán que cuando Aznar repetía una y otra vez: "España va bien", estaba siendo populista. Una frase sencilla y que entiende hasta el más inculto, pero completamente vacía de contenido. Pero no es el único político que ha usado el populismo. Zapatero decía que iba a conseguir el pleno empleo en España. Felipe González aseguraba: "OTAN, de entrada, no". Y ya no hablemos de los llamamientos a la unidad de España. Si eso no es populismo, que baje Montesquieu y lo vea.

6. Lo contrario del populismo. Pues bien, si el populismo fuera malo, lo opuesto al populismo sería bueno. Es decir, no intentar atraer al pueblo sería bueno. Pero ¿qué político no quiere atraer al pueblo? Cuando Rajoy dice que van a subir el IVA de "los chuches", ¿está siendo populista?. El político que no es populista no intenta atraer al pueblo con arengas vacías de contenido, del estilo: "para acabar con el paro, crearemos empleo", sino que argumenta con datos cómo va a crear empleo. Pero hay una enorme cantidad de gente que, por falta de formación, no puede seguir más de dos minutos el discurso de un tipo hablando de relaciones laborales y economía. Un pueblo poco educado será presa fácil de los discursos populistas.

7. Populismo y medios de comunicación modernos. El discurso populista se antoja necesario en los tiempos que corren. Nos hemos acostumbrado a entender la realidad en titulares. Casi nadie se va a parar a leer una noticia que ocupe más de quinientas palabras. En la televisión se debe resumir en un minuto el discurso de un orador en el Congreso. Por eso el discurso debe estar orientado a que se puedan extraer de él algunas frases contundentes, debe ser chisposo y contener algún "zasca" al contrario. Y las frases contundentes son populismo, porque el populismo no es una tendencia política, sino una forma de dirigirse a las masas. Por eso, si queréis escuchar un discurso que no sea populista, que diga cosas, remontaos a Antonio Maura, Emilio Castelar, Indalecio Prieto, Manuel Azaña o Adolfo Suárez.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Siete lugares de Donostia/San Sebastián

Los días 9 a 12 de septiembre de 2016 viajé a San Sebastián para hacer un poco de turismo. Pero turismo del que a mí me gusta, con pocas iglesias y muchos pintxos. Aquí os dejo siete localizaciones de mi viaje que creo que deben visitarse:
1. La bahía de la Concha condiciona la arquitectura de la ciudad, que se ha construido en torno a ella. Contiene la playa de la Concha y la de Ondarreta. Su forma está remarcada por el paseo que la bordea, con su emblemática barandilla. Es imprescindible recorrer este paseo, de unos dos kilómetros, a cualquier hora del día. Saliendo de la Parte Vieja y pasando por el náutico, el Ayuntamiento, el hotel Londres, La Perla, el palacio de Miramar o los jardines de Ondarreta, llegarás hasta el peine del viento, el conjunto escultórico de Chillida. Mira las farolas del paseo, en las que se inspira el premio Donostia del festival de cine. En la playa te puedes bañar si hace buen tiempo y consigues encontrar un sitio para poner la toalla (cuidado con la marea, que sube muy deprisa). Aquí llegan también las regatas de traineras, tumultuosamente seguidas desde la barandilla. En medio de la bahía se encuentra la isla de Santa Clara, que la convierte en inconfundible.
2. En ambos extremos de la bahía de la concha se alzan dos montes. El de la izquierda es el monte Igueldo, al que se sube en un funicular vintage y que tiene en la cima un pequeño parque de atracciones, también con aroma antiguo. Desde arriba se contempla una vista espectacular de la ciudad, y más si te atreves a subir los escalones del torreón. A la derecha está el monte Urgull, al que se puede ascender andando por los caminos que discurren entre su exuberante vegetación, pero es menos cansado subir en un pequeño autobús. Arriba se encuentra el Castillo de la Mota, que sostiene sobre una de sus capillas la estatua del Sagrado Corazón de Jesús. Bajando por la ladera, vemos varias fortificaciones medio derruidas y el cementerio de los ingleses, que consiste en algunas lápidas desperdigadas de varios soldados muertos, al parecer, durante las guerras carlistas del siglo XIX. Al pie de este monte, desde el paseo de Salamanca, se puede contemplar el auditorio Kursaal y el palacio de congresos. Son dos cubos gigantes que por el día parecen sucios y sólo son bonitos cuando se iluminan. Al pie de este complejo arquitectónico está la playa de Zurriola, llena de surfistas, y desemboca el río Urumea. Desde la desembocadura puedes ver los tres últimos, y preciosos, puentes: el de Zurriola (también llamado del Kursaal), con sus icónicas y cónicas farolas, el de Santa Catalina y el de María Cristina. A la derecha se encuentra el teatro Victoria Eugenia y el Hotel María Cristina, construidos durante la Belle Époque y donde te puedes cruzar con estrellas de cine si acudes durante el festival.
3. Al pie del monte Urgull, entre el puerto y la desembocadura del río, la Parte Vieja es la zona con la arquitectura más tradicional. En sus estrechas callejuelas, llenas de locales, puedes saborear lo mejor de esa gastronomía efímera que son los pintxos. La calle del Puerto es un hervidero casi todo el día. Allí está el mesón Portaletas, donde tomamos varios deliciosos pintxos calientes y fríos en una de las mesas de la entrada. En la Plaza de la Constitución, que tiene números en los balcones, porque en tiempos fue plaza de toros, un escenario albergaba por la tarde una actuación de bandas de música tradicional vasca y de dantzaris, a los que vimos ensayar. En la plaza de Zuloaga encontramos el Museo de la Sociedad Vasca de San Telmo, pero preferimos entrar al cine allí al lado y vimos "Tarde para la ira", la aclamada película de Raúl Arévalo, a la que califico con un 7,5. Buen thriller, con sorpresas, pero sin caer en tópicos. Para salir o entrar a la Parte Vieja puedes usar también la Alameda del Boulevard, una calle comercial que va desde la Concha al río y en la que se ubica una oficina de turismo.
4. El Barrio Centro es una zona de edificios muy homogéneos y que se ven caros, en el que se han instalado los bancos, las aseguradoras y todo ese tipo de negocios. En él se encuentra la Catedral del buen Pastor, uno de los edificios más impresionantes de la ciudad que, a pesar de parecer gótica, fue construida a finales del siglo XIX. En la calle San Martín, 30, al lado de la catedral, bajo los soportales, está el bar Iturrioz, decorado en blanco, en el que los pintxos de la barra no se ven desde la calle, porque los tapa una columna. Ahí probamos el bacalao, exquisito. En la calle San Marcial, 48, cerca del hotel Londres y La Concha está el bar La Espiga, un local grande con aires de cafetería, pero mucha variedad de buenos pintxos en la barra.
5. El Barrio de Gros está situado entre la playa de Zurriola y el río Urumea. Es un barrio residencial donde puedes ver muchos surfistas con la tabla debajo del brazo. En La Bodega Donostiarra, que está en la calle de Peña y Goñi, 13, tomamos una tortilla de chorizo y en casa Senra, en la la calle San Francisco, 32, tortilla de bacalao y champiñón con foie, que estaba deliciosa. Dicen que El Bergara es uno de los mejores sitios de pintxos de San Sebastián, pero ya íbamos llenos y no entramos. Y es que hay que comer y beber con moderación. Muchas veces, si vas a cerveza, en vez de una caña pide un zurito, que es como un corto en otros lugares de España. Al salir de Gros paseamos por la orilla del río hasta el edificio Tabakalera, que es un centro cultural. También nos perdimos (literalmente) en el frondoso parque de Cristina Enea.
6. El Antiguo. Es un barrio que se llama así porque parece ser que fue la primera zona poblada de Donostia. Pero actualmente es un espacio residencial y comercial abierto y moderno. Antes de entrar en él hay que darse un paseo por el palacio de Miramar, que fue construido a finales del siglo XIX para que los reyes de España pudieran veranear allí. Actualmente es un centro cultural, en cuyos jardines vimos una exposición al aire libre. Saliendo de esos precioso jardines llegamos a la calle Matía, eje comercial del Antiguo. El bar Danena está al principio de la calle. En su terraza degustamos un champiñón con salsita "mu rico".
7. Hondarribia o Fuenterrabía es un pueblo situado a unos veinte kilómetros de San Sebastián, del que dicen que es uno de los más bellos de Euskadi. Es verdad que es bonito. Tiene un recinto amurallado en el que está el castillo de Carlos V, que actualmente es un parador. En el barrio de la marina se pueden ver sus tradicionales casas blancas, con los balcones de madera pintados de forma llamativa. Las verás en las calles Santiago y San Pedro. En el número 61 de esta última tomamos en el bar El Gran Sol un pintxo de berenjenas con gambas y otros fríos y agridulces, que contenían higos y mermeladas. Muy originales. El pueblo se encontraba en plenas fiestas patronales y, por el paseo marítimo, llegamos a la feria. En un parque a las afueras de la ciudad asistimos a una competición de levantamiento de piedras y de corte de troncos. Muy euskaldún.

Finalmente os enseñaré algunas palabras en euskera que aprendí durante mi visita. Para saludar hay que decir egun on por las mañanas, arratsalde on por las tardes y gabon por las noches. Pero lo normal es saludarse de una manera más informal, con kaixo, que significa hola, pero sobre todo con epa o aupa, que es el saludo más típico y que hay que practicar un poquito para intentar decirlo al estilo vasco. Y, por supuesto, para despedirse agur es imprescindible. Otra cosa, cuando veáis un cartel en un bar en el que pone komunak, ahí está el baño. Emakumeak es el de señoras y gizonak el de hombres, pero esto no es necesario saberlo porque normalmente hay un dibujito en las puertas.