miércoles, 21 de enero de 2015

Siete momentazos en las galas de los globos de oro

Los Globos de Oro, la antesala de los Óscar, chorrada recurrente. Bonita palabra, antesala, que ya se usa casi exclusivamente en un sentido figurado, y la mayor parte de las veces para referirse a los Globos de Oro o a la muerte.

La gala suele ser bastante animada e informal, porque se celebra durante una supuesta cena. Pero lo que seguro que no falta en las mesas es el alcohol, lo que a veces provoca que las estrellas, algo achispadas, se desinhiban más de lo normal. Aquí van siete momentos que han hecho historia en la gala:

1. El Rat Pack se apodera de la gala. Hasta 1958, los premios eran entregados por los miembros de la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood, que es quien los concede. Pero en esa gala, Frank Sinatra, Dean Martin y Sammy Davis Jr., aburridos, saltan al escenario con los cubatas y los cigarros en la mano, y secuestran la primera gala televisada. A partir de entonces son las estrellas quienes entregan los premios.

2. Bette Midler. En la gala de los premios de 1980, la actriz y cantante subió a recoger el suyo como mejor actriz de comedia o musical por "La Rosa", un falso biopic inspirado en la vida de Janis Joplin. Tras hacer un chiste fácil sobre sus propios "globos de oro", simuló el inicio de una felación al trofeo.

3. Christine Lahti. Premios de 1998, entrega del premio a la mejor actriz en una serie dramática. La elegida es esta mujer, que en ese momento se encuentra en el baño. Robin Williams salta al escenario para entretener al personal contando chistes de primos hasta que llega la premiada, secándose las manos con una servilleta. Mucha ingesta de alcohol, bulimia, es fácil especular en estos casos, como en el de Renee Zellweger tres años más tarde, aunque esta última dijo que se estaba quitando el pintalabios de los dientes cuando Hugh Grant anunció su premio por "Persiguiendo a Betty".

4. Jack Nicholson. En la misma gala, y en uno de sus hilarantes discursos de aceptación, el actor se giró para enseñar las nalgas al respetable. Pero no se bajó los pantalones como alguno ha dicho por ahí. En 1999, se dilató casi 10 minutos al recibir el premio Cecil B. deMille a toda su carrera. En 2003, reconoció que iba puesto de Valium. Es el rey de Hollywood.

5. Elizabeth Taylor. En la gala de 2001, la diva no pudo estar más simpática y confusa. No se conoce cuál fue el cóctel que se tomó, pero nos hizo pasar un buen rato a todos, menos a los nominados a mejor película dramática. Otra que está siempre maravillosa, aunque lleve un pedo de campeonato es Meryl Streep

6.
Sacha Baron Cohen. En la ceremonia de entrega de los premios de 2006, el cómico británico, al recoger el premio al mejor actor cómico por Borat, se lo agradeció al aire acumulado durante 30 años entre los testículos de su coprotagonista, Ken Davitian, y que él tuvo que respirar para conseguir el premio..

7. Susan Sarandon. Gala de entrega de los globos de oro a los mejores de 2008. Aunque se recuerda más la peineta de Aronofsky a Mickey Rourke durante el discurso de éste, me hace más gracia la película que se inventó Susan Sarandon al presentar a Brad Pitt: "El curioso caso de Benjamin Britten". No cabe duda que un biopic sobre el genial compositor inglés sería muy interesante, dada su condición de homosexual en la pacata inglaterra de la primera mitad del siglo XX. De todas formas, en 2013 se estrenó un documental sobre su figura.

viernes, 9 de enero de 2015

Siete espantadas de cantantes

La espantada, referida a una persona se suele definir como el abandono repentino de una actividad, normalmente ocasionado por el miedo. La profesión de cantante es una de las más proclives a producir este tipo de comportamiento, pues el artista se presenta ante el público desnudo de todo artificio. No puede parapetarse tras un instrumento musical ni tras el disfraz que usa el actor.

A continuación relato siete espantadas que se han hecho famosas a lo largo del tiempo:

1. Antonio Aramburo. Scala de Milán, febrero de 1880. El ahora olvidado tenor aragonés, en su momento fue capaz de hacer sombra a Gayarre. De carácter excéntrico, rayano con la esquizofrenia, había estrenado "Lucía de Lammermoor" el 27 de enero junto a la cantante canadiense Emma Albani. Esta fue sustituida posteriormente por Laura Harris Zagurry, lo que no fue del agrado del público que, en plena escena de la locura, comenzó a silbarla. Molesto por los pitos, que consideraba injustos, Aramburo abandonó la representación antes de terminar. Cuenta la leyenda que cuando los empresarios fueron a su palacio a pedirle que volviese, los recibió ofreciéndoles comer migas directamente de la sartén sobre la alfombra, además de un recital de jotas con el cachirulo en la cabeza. No volvió a actuar en la Scala.

2. Hank Williams. Grand Ole Opry, agosto de 1952. Este icono del country, que elevó el estilo Honky Tonk a su máximo nivel en sólo seis años de carrera, padecía de dolores congénitos en la espalda por un tipo de espina bífida. La morfina que usaba para aliviarlos, junto con el alcohol, no le ayudaba precisamente en su carrera. Ello le condujo a multitud de incidentes desagradables. En esta ocasión no le dejaron cantar en el programa de radio de referencia para el country por encontrarse completamente ebrio.

3. Marilyn Horne. Carnegie Hall, 15 de abril de 1965. La mezzosoprano estadounidense no puede comparecer para la versión en concierto de Lucrezia Borgia. En este caso no se trata de miedo escénico, sino de una enfermedad y, aconsejada por su doctor, deja su sitio a una joven Montserrat Caballé, que tras esta interpretación se consagra como una de las grandes. Si no hubiera sido por ella, el episodio no sería recordado, pues es muy común este tipo de sustituciones entre las cantantes líricas.

4. Neil Young. Festival de Monterey, 18 de junio de 1967. El legendario cantante canadiense formaba parte en aquel entonces de Buffalo Springfield. El grupo se iba a ratificar como uno de los más importantes del momento, pero las drogas, las groupies, los enfrentamientos con Stills y un espíritu libre hacían que el autor de "Heart of gold" desapareciera durante largas temporadas o, simplemente, no se presentara a los conciertos. Algo así sucedió para que se perdiera "el verano del amor" de Monterey, y aunque fue sustituido nada menos que por David Crosby, la actuación resultó algo descafeinada.

5. Franco Bonisolli. Viena, abril de 1978. Ensayo general de Il Trovatore, Karajan a la batuta. En el aria "ah, si ben mio", el director marca un tempo que al racial tenor italiano le parece muy lento. Este intenta acelerar pero Karajan no le hace ni caso. La gente empieza a abuchear cuando a Bonisolli no le da el aire para completar las frases, y, en uno de sus arranques de furia, lanza la espada al foso (algunos dicen que al director) y abandona el escenario. Para el estreno le sustituyó un Plácido Domingo en su plenitud artística, que cosechó un gran éxito.

6. Lou Reed. Madrid, 20 de junio de 1980. Lo que fue conocido como el "Motín del Mosca" sucedió en el campo del F.C. Moscardó, en el proletario barrio de Usera. El cantante empezó tarde el concierto, quizá por la huelga de transporte o por los problemas en los accesos con la gente que se quería colar. Al cabo de unos veinte minutos de actuación un objeto le rozó la cara (tal vez una lata de cerveza vacía) y abandonó el escenario con sus músicos. Tras un buen rato de espera, los pipas comenzaron a recoger el equipo y entonces una parte del público saltó al escenario para destrozar y robar lo que pudieran. Carreras, golpes, detenciones. Otro de esos lugares en los que todo el mundo dice que estuvo.

7. Chuck Berry. Gira europea 2008. El 26 y 27 de julio, el pionero del rock iba a actuar en Estepona (Málaga) y Carracedelo (León), pero, tras su concierto de Manchester se dice que discutió con su hija porque esta le recriminó su manera de conducir, y abandonó el resto de la gira, que le iba a llevar también a Francia. De todas maneras, los conciertos que Berry ofrecía en esa gira eran penosos. Una hora de de concierto cumplimentado con mucha desgana por un octogenario. Claro que por 20 euros podías ver hacer el "duckwalk" a uno de los cinco mejores músicos de la historia del rock.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Siete programas de televisión que me gustan

Me gusta ver la televisión, pero hay pocos programas (que no sean películas o series) que me atrapen y me apetezca quedarme a ver hasta el final. Por eso no he encontrado siete programas actuales que suela ver, y no es que programe mi vida para ver los cinco que he elegido, pero si me pilla en casa me suelen interesar. Añado dos propinas anticuadas, pero jugosas, para completar el septeto.

1. Días de cine. Programa que se emite desde 1991, y en el que se informa de la actualidad cinematográfica (estrenos, festivales, etc.). Me gusta porque los redactores se suelen mojar y dan su opinión sobre las películas. Además, y aunque hace años que no está el mítico Antonio Gasset, tiene una marcada vocación didáctica. Lo que más me gusta son esos reportajes que, al hilo del estreno de alguna película, la sitúan en el universo cinematográfico con comparaciones, antecedentes o influencias, y de los que aprendo mucho.

2. El intermedio. Programa que desde 2006 presenta el Gran Wyoming y que siempre comienza con la frase: "Ya conocen las noticias, ahora les contaremos la verdad". Partiendo de la sátira, este programa comenta las noticias siguiendo la línea que iniciara el mítico "El informal". Chistes más o menos fáciles y algunas grandes ocurrencias te entretienen y, cada vez más, te informan de la actualidad, sobre todo política, con un sesgo izquierdoso que no ocultan.

3. Salvados. Comenzó en 2008 como un programa de humor sobre la actualidad, en el que Jordi Évole, en su papel de "El Follonero", acosaba a representantes de ciertas instancias de poder. Pero con el paso del tiempo ha perdido el humor y ha ganado en profundidad e influencia en la opinión pública. Actualmente dedica cada programa a un tema concreto, casi siempre con marcado tono político, que el presentador suele convertir en interesante, aunque no lo parezca en principio, a través de entrevistas con expertos e implicados. Los sectores más conservadores lo critican con dureza.

4. La mitad invisible. Desde 2009, este pequeño programa se fija en cada edición en una obra de arte y la analiza desde los más diversos puntos de vista, preguntando a los que más saben. Entiende como obra de arte desde una pintura hasta una canción, pasando por la escultura, la arquitectura, el cine, etc. Su presentador es el polifacético Juan Carlos Ortega que, si bien chupa bastante cámara, consigue ponerse en la piel del neófito para indagar en la historia, las peculiaridades y las curiosidades del objeto que pretende conocer hasta desnudarlo e intentar comprender a su autor. Media horita muy provechosa e interesante.

5. Atención obras. Cayetana Guillén Cuervo ha conseguido convertirse en la cara de la cultura en Televisión Española. Además del programa de cine Versión Española, desde 2011 presenta esta especie de revista cultural, en la que mediante pequeños reportajes y entrevistas se ofrecen al público las alternativas más interesantes en relación con las artes escénicas, la música y las artes plásticas, sin pretender ser elitistas y con un ritmo ágil.

6. Doce hombres sin piedad. Me refiero aquí a la producción de Televisión Española, del año 1973, emitida en el espacio Estudio 1. Se trata de una obra originalmente escrita para la televisión y que Sidney Lumet llevó al cine, con Henry Fonda en el papel del jurado número 8. En la versión española, que no tiene nada que envidiar a la película, dirigida por Gustavo Pérez Puig, se encuentra lo más granado del elenco actoral masculino de la época, con el gran José María Rodero como el jurado número 8, acompañado de los no menos excelsos Jesús Puente, Pedro Osinaga, José Bódalo, Luis Prendes, Manuel Alexandre, Antonio Casal, Sancho Gracia, Carlos Lemos, Ismael Merlo, Fernando Delgado y Rafael Alonso. No desvelaré nada de la intriga, pero cualquier aficionado a la interpretación y al teatro debería ver esta función con arrobo y veneración.

7. La bola de cristal. Este programa infantil se emitió en la mañana de los sábados entre 1984 y 1988. Ha quedado para la historia porque trataba a los niños como personas que tienen cerebro y criterio, y no como a gilivatios. La Bruja Avería, Alaska con Pedro Reyes y Pablo Carbonell, Gurruchaga, los viodeclips casi caseros de grupos de la movida, la familia Monster, han quedado en mi memoria para siempre. Además, te animaban a leer o a compartir, pero con gracia y siempre divirtiendo.

martes, 2 de diciembre de 2014

Siete títulos nobiliarios de España

Aunque para la mayoría de las personas los títulos nobiliarios son pamplinas que no sirven para nada, hay quien todavía los considera importantes. Realmente, en la historia de España lo han sido, y quien poseía uno, gozaba en tiempos de grandes privilegios que han ido desapareciendo. Pero las posesiones adheridas a ellos no han desaparecido, para escarnio del pueblo llano. Además, hay muchos pijos que matarían por uno. De otra manera no se entienden las luchas entre los herederos de algunos nobles por hacerse con el título.

La concesión de títulos nobiliarios es una de las "funciones" del Rey. Los otorga, supuestamente, a personas que han realizado un gran servicio a la nación española. Para los aficionados a la historia, rastrear la concesión de títulos puede servir para indagar en las conspiraciones cortesanas y en las luchas territoriales.

Tres nobles a los que merece la pena conocer son el vizconde demediado, el barón rampante y el caballero inexistente, fruto de la mente del gran Italo Calvino.

A continuación relaciono, por orden de importancia, los títulos nobiliarios que se conceden en España. Hay que tener en cuenta que algunos títulos llevan aparejada la condición de Grande de España, que te permite llevar sombrero delante del rey, lo que debe ser muy importante para el que tenga un sombrero:

1. Duque. Es el título inmediatamente inferior al príncipe, y se concede en España desde el Siglo XV. Proviene del latín "dux", que se refiere al que comanda a las tropas en la batalla. Las palabras "duce", "führer" y "caudillo" tienen su mismo significado. Inquietante.

2. Marqués. Este título proviene de las "marcas", que eran territorios fronterizos concedidos a un señor feudal, según la práctica que instauró Carlomagno, para la defensa de la integridad territorial de la nación frente a los extranjeros. Es el título que sigue en importancia al de Duque. Se instauró en España también sobre el siglo XV y parece que a los marqueses les gusta el vino, por la cantidad de bodegas que tienen el nombre de uno.

3. Conde. Antiguamente se les llamaba cómites. En el imperio romano eran una especie de ministros, que estaban en la corte o en las provincias para representar a la corona. Es decir, que se trataba de personas que sabían hacer algo. Pero a partir del siglo XIII se convirtió en un título nobiliario.

4. Vizconde. En la antigüedad era un lugarteniente del conde, a quien sustituía en ocasiones, y era vitalicio pero no hereditario (igual que el de conde). Posteriormente se aplicó a los hijos de los condes. En la actualidad es un título hereditario más.

5. Barón. La palabra procede de la misma raíz que varón, y se usaba para designar a cualquier hombre libre. También podía significar esposo. En España, los barones suelen proceder de títulos concedidos por la Corona de Aragón, ya que en Castilla era más utilizado el término señor.

6. Señor. El título de señor no se otorga en España desde el siglo XIX. Pero en la edad media tenía una gran importancia; tanta, que a veces los señores feudales hacían sombra al rey. Existían señores de solariego, de abadía, de realengo, etc. Esa importancia la fueron perdiendo con el paso de los siglos. El término señor significa dueño de algo, pero procede del latín senior, que alude al mayor o al más anciano. A los vinos también les gusta llevar el nombre de algún señorío.

7. Caballero. El caballero es el que monta a caballo. Se comenzó a utilizar este término cuando se empleaba a este animal en las guerras. Se concedía este título a la persona a la que permitían entrar en una orden de caballería, como la de Calatrava o Santiago; posteriormente, también a los que ingresan en una orden civil, como la de Isabel la Católica, o militar, como la Orden de San Fernando. En la actualidad, el Rey te condecora (gran collar de Isabel La Católica o Laureada de San Fernando), y ya estás dentro. El ingreso en uno de estos cuerpos te confiere nobleza.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Siete pueblos de la comarca de la Vera

Los días 22 y 23 de noviembre de 2014 me adentré en la comarca de la Vera, en Cáceres. Quiero compilar aquí mis impresiones y experiencias, por si a alguien le pudieran servir.

No voy a contar nada que no haya experimentado en primera persona. En otros sitios encontraréis si las iglesias son del gótico temprano o tardío, o el régimen pluviométrico de la comarca. Aquí sólo los sitios donde estuve y lo que me sucedió.

1. Jarandilla de la Vera. Elegimos como base de operaciones esté pueblo porque tenía oficina de turismo, y soy bastante aficionado a ellas. Te suelen explicar muy bien los sitios que hay que ver, con amabilidad y casi siempre gratis. Aquí, la oficina no está en la Plaza de la Constitución, como dice la web del ayuntamiento, sino en una caseta situada en la Avenida de Doña Soledad Vega Ortiz, junto al Parador Nacional. El sábado se encontraba cerrada porque el empleado estaba de vacaciones (parece que sólo hay uno, y cuando no está se cierra la oficina), pero mereció la pena esperar al domingo para hablar con él. Se trata de un tipo enjuto y de piel curtida, con alma de artista, que en cinco minutos nos dibujó, sobre un plano de la comarca, una casa típica de la zona, y nos señaló los puntos más importantes con abundancia de datos que fue apuntando en el plano (el tío escribía y dibujaba al revés, con el plano mirando hacia nosotros). Merece la pena charlar un rato con él.

En Jarandilla elegimos el Hostal "El descanso del Emperador", que está casi enfrente del parador. La noche en habitación doble costó 55 euros, con desayuno incluido. Está regentado por un matrimonio al que ayuda su hija los fines de semana. Son sumamente amables y se interesaron por nuestro itinerario, ofreciéndonos alternativas. Las habitaciones están remozadas hace poco tiempo y decoradas con gusto, utilizando muebles que imitan antigüedades, aunque la tele está tan alta que cuesta mirarla. El desayuno abundante (porras o tostadas), aunque sin zumo.

Paseando por Jarandilla entramos en el Parador. Se trata de un antiguo castillo, donde Carlos V pasó un tiempo mientras le preparaban sus aposentos en el monasterio de Yuste. Tiene unos jardines bien cuidados y puedes entrar a ver el patio de armas, que en sus paredes muestra tallados diversos blasones. En el bar tomamos algo, nos pusieron aceitunas de aperitivo y vimos que tenían un menú de 33 euros bastante apetecible.

En la misma Avenida de Soledad Vega Ortiz tomamos otro aperitivo en Casa Tarra, y también echamos de menos una tapa típica de la tierra, pues nos pusieron croquetas y muslitos de mar.

Un poco más allá está la tienda "Artesanía de Loli", regentada por la dueña del hostal donde nos hospedábamos. Allí puedes comprar productos veratos, como la morcilla de calabaza, las cañas, los mantecados o los bombones de higos. No aceptan tarjetas de crédito.

Es tonificante el paseo hasta la garganta Jaranda, a las afueras del pueblo, donde está el puente Parral, medieval, y unas piscinas naturales que en verano deben estar concurridas, aunque parece que el agua bajará fresquita. Al lado se encuentra el restaurante de la Abuela Polina, que tiene buena pinta.

Como todos estos pueblos, Jarandilla de la Vera conserva un núcleo urbano precioso, con construcciones típicas de la zona en piedra y madera. Se respira tranquilidad y sosiego paseando por ellas hasta la plaza. Después se puede pasar por la calle Altozano donde hay un restaurante que anuncia una cueva medieval en su interior, y subir hasta la ermita de Nuestra Señora de Sopetrán, que suele estar cerrada, aunque desde la puerta se puede echar una moneda para iluminar una vela eléctrica. Una beata que hizo esto tocó también algún resorte que iluminó el retablo donde está representada la virgen y pudimos contemplarla.

Por la noche el pueblo se sume en la oscuridad, por lo menos en estos días, y no apetece pasear por sus calles. Salimos a tomar un refrigerio a un bar en Av. Doña Soledad Vega Ortiz, 107 o 111 y volvimos a echar de menos una tapita decente (los panchitos no se estilan ya, señores).

2. Cuacos de Yuste. A pocos kilómetros de este pueblo se encuentra el monasterio jerónimo de Yuste, famoso porque en el pasó sus últimos días Carlos V. Te sablean por entrar (9 eurazos), para ver la iglesia y los aposentos del emperador. Aunque merece la pena ver la cama donde murió y desde donde podía asistir a misa diaria, pues se hizo construir una ventana en su habitación que daba al altar mayor de la iglesia. Por lo visto el tío dijo: "Me quiero retirar en Yuste, hacedme unos aposentos" y le hicieron una casa estupenda, con varios salones y balcones y muy acogedora.

En el pueblo, también con su casco urbano típico, comimos en el restaurante Abadía, que está en la misma carretera. Tienen un comedor grande pero calentito. Pedimos el menú degustación de 30 euros, que incluía un consomé (con una yema de huevo dentro), ensalada de pimientos y perdiz escabechada, migas con tocino y huevo frito, sorbete de limón, carrilleras estofadas y una torrija con helado, regado con un tinto de crianza. Todo muy rico y sin demasiadas florituras. Además nos regalaron un botecito de pimentón.

3. Guijo de Santa Bárbara. Situado a unos 9 km. de Jarandilla, subiendo hacia la montaña, es el pueblo que me pareció más bonito de todos los que vi. La carretera está rodeada de árboles, que en esta época del año tienen un colorido maravilloso, como toda la comarca. Es un pueblo muy bien conservado y sumamente tranquilo. Las vistas de todo el valle son espectaculares. Hay un centro de interpretación donde te explican la vida de las cabras que hay en el monte, pero no parecía estar abierto ese domingo. Coincidimos con la media maratón de Jarandilla, que subía desde este pueblo.

4. Jaraíz de la Vera. Es la capital de la comarca y por eso ha perdido muchas de las casas típicas, según nos explicó la chica de la Oficina de Turismo, que está en la estación de autobuses. También nos recomendó las iglesias y un palacio, pero pasamos de ellas y fuimos al museo del pimentón, que es gratis y abre todo los días. Merece la pena conocer cómo llegaron los pimientos a España y la elaboración de este ingrediente fundamental en la gastronomía de nuestro país. La plaza del pueblo y algunas calles típicas, como la calle del agua, conservan el aire de la comarca.

5. Pasarón de la Vera. Otro pueblo que rezuma historia y tranquilidad. Está catalogado, como casi todos los demás, como conjunto histórico-artístico. No estuvimos mucho tiempo en él. Nos metimos con el coche por sus callejas, coincidimos con un funeral y la gente nos miró raro. Tomamos algo en un bar grande que está en la carretera, que a la vez es administración de loterías, y del que no recuerdo el nombre, aunque podría ser Rosamar. La tapa: Albóndigas un poco sosas y patatas con ali-oli ricas.

6. Garganta La Olla. De los pueblos en los que estuvimos es el que parece estar mejor preparado para recibir al turista. Muchos restaurantes que anunciaban menús típicos a precios razonables, con el típico rin-ran (ensalada de tomate con pimentón), las migas, etc. La calle del chorrillo es la principal, y tiene tiendas en casas que datan de los siglos XVII y XVIII, como la casa de las muñecas, que llama la atención porque está pintada de azul, ya que, por lo visto, era un prostíbulo. Entramos en la taberna de las gemelas, donde el tabernero, un tío muy simpático, nos recomendó las croquetas de boletus que hacía él. Estaban deliciosas.

7. Candeleda. Este pueblo no forma parte estrictamente de la comarca de la Vera, ya que se encuentra en Ávila y en el valle del Tiétar. Pero tiene su propia feria del pimentón (que ya no abría el domingo por la tarde) en la plaza del Castillo (no vimos el castillo) y la arquitectura típica de toda la zona. En una de esas casas, que está situada en la plaza mayor y se llama "La casa de las flores" entramos a tomar un chocolate caliente. Esta casa está llena de macetas alrededor de su fachada, y además contiene un museo de juguetes antiguos. Su dueño es un joven encantador, llamado Enrique, y con el que puedes mantener una buena conversación. Él te recomendará los mejores sitios para dormir o comer en Candeleda y te cantará las delicias de su pueblo. Además, te ofrecerá una porra rellena con chocolate y nata, que debes probar, aunque no sea light, precisamente.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Siete libros para niños (que sepan leer)

Una de las mejores costumbres que se puede inculcar a un niño es la de la lectura. Y la mejor manera de hacerlo es con el ejemplo. Los niños suelen imitar a sus padres, y si los ven leer, también querrán probarlo. Es muy importante elegir bien las lecturas, entre las que no pueden faltar los clásicos universales. Un niño que ha leído desde pequeño puede adentrarse en lecturas de cierto nivel, aunque no hayan sido escritas específicamente para ellos, porque suelen tener más capacidad mental de la que los adultos les suponemos. A continuación relaciono algunas clásicos que me gustaron en la infancia o que leí ya mayor y considero adecuados para los jóvenes:

1. Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift (1726). Libro de aventuras, que no está escrito para los niños, puesto que, a la manera de Tomás Moro en Utopía, el autor lleva a su personaje de viaje a varias islas, donde comparará sus regímenes y sus costumbres con las de la Inglaterra de la época. Pero los jóvenes pueden apreciar este libro, pues contiene aventuras del género fantástico, que tanto les agradan, ya que Gulliver visita países de gigantes, de hombres muy pequeños o de caballos que razonan.

2. Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carrol (1865). Las aventuras de la niña Alicia en un mundo subterráneo sin pies ni cabeza, han pasado a formar parte de la iconografía de nuestra sociedad. Es imprescindible que todo niño lo lea, pues sus personajes secundarios han saltado de las páginas del libro y los puedes encontrar en cualquier lugar y en cualquier momento.

3. La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson (1883). El relato que creó la mayor parte de la imaginería pirata que ha llegado hasta nuestros días. Por ejemplo, la cruz que marca el tesoro aparece aquí por primera vez. Es a la vez una novela de aprendizaje, pues el protagonista evoluciona de la niñez a la edad adulta. La ambición es el tema central y el motor de los personajes, que están magníficamente dibujados. El más carismático y aterrador de ellos es Long John Silver, el típico pirata con pata de palo y loro en el hombro.

4. Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain (1885). Una de las novelas fundacionales de la literatura estadounidense, narra las aventuras del muchacho protagonista junto con su amigo, el esclavo Jim, viajando en una balsa por el río Misisipi. El sentido del humor y la sátira social son las características principales de la obra, que contrapone la alegría de vivir y la inocencia de la juventud con la mezquindad de la sociedad adulta.

5. Un mundo feliz, de Aldous Huxley (1932). Tampoco es una novela para niños, pero la descripción de este distópico mundo es muy atrayente para los jóvenes. A pesar de sus referencias al sexo, cualquier mayor de 12 años lo puede asimilar sin problemas, y le ayudará a iniciarse en la reflexión sobre ciertos temas filosóficos universales, como el individualismo, la felicidad o el deseo.

6. El principito, de Antoine de Saint-Exupery (1943). Todo el mundo sabe de qué va pero ninguno sabemos de qué va realmente. Todo él es una metáfora de la vida, o del amor, o de la guerra, o de la amistad. Se trata de una novela cortita que todos hemos leído, pero es importante que no se nos olvide dársela a nuestros hijos para que la lean también. Invita a reflexionar y es muy entretenida, aunque su filosofía es baratita y está algo desfasada en nuestros tiempos.

7. El señor de las moscas, de William Golding (1954). Interesantísima primera novela del premio Nobel británico, sobre un grupo de niños que deben sobrevivir en una isla desierta tras un accidente de aviación. No es nada complaciente, sino descarnada y dura, y plantea el paso de la infancia a la adolescencia, pero también el tema de la socialización de los individuos. Muchos la han visto como una metáfora de la sociedad humana global. En cualquier caso es apasionante, e invitará a la reflexión al joven que la lea.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Llegaron las lluvias. Poema

Llegaron las lluvias
a la casa del padre;
inmorales, torrenciales,
cubrieron el sol de invierno.

La barba de las mazorcas
sobre el hombro del vecino,
arrimada a la cubierta
dejó el alba enardecida.

Las bombas y drones,
en la casa del padre,
torturan la madrugada
sin documentos escritos.

Errores con gran cerebro
firman cartas de peligro,
intimidan y amenazan,
liberando un gran casquillo.

Llovieron arañas
en la casa del padre,
tejiendo leyes que atrapan
a unas moscas ya cazadas.