lunes, 12 de marzo de 2018

Siete nociones sobre "De la ética a la política", de Antoni Domènech

Tras el fallecimiento del filósofo Antoni Domènech me propongo resumir su obra "De la ética a la política. De la razón erótica a la razón inerte" (1989). Seguiremos el orden que escogió el autor en sus capítulos.

Para empezar, diremos que el libro pretende criticar la filosofía práctica moderna, poniendo la teoría de juegos al servicio de la hermenéutica filosófica. En el prefacio distingue la racionalidad erótica de la racionalidad inerte. La racionalidad erótica, que era la que se usaba en la filosofía práctica antigua, se cuestiona los deseos, mientras que la racionalidad inerte moderna supone que los deseos de los individuos ya vienen dados, por lo que Domènech propone una cultura moral racional que adopte una actitud crítica ante ellos. Ejemplo de razón inerte: Deseo ir al fútbol. Ejemplo de razón erótica: Deseo ir al fútbol, pero deseo desear ir a la ópera.

Capítulo I. Metafísica y Económica. En este primer capítulo, Doménech intenta un balance de la comprensión metafísica occidental de la economía del mundo, de su arquitectura, su arquitecto y su orden. Platón concebía el mundo como lo más bello de todo lo que ha llegado a ser, modelado por el mejor de los creadores. Si bien en el mundo hay partes que a nosotros nos parecen imperfectas, todas ellas están en función de lo que el creador ha diseñado. Los estoicos llegaron a la conclusión de que lo males son efectos colaterales de la creación. Leibniz afirma, según su comprensión occidental-cristiana del mal, que Dios ha creado el mejor de los mundos posibles, aunque en él observemos defectos, que pueden deberse a que, sin el mal, el mundo, o sería inconsistente o no tendría suficiente fuerza. Doménech aplica la teoría de juegos a este razonamiento. Si jugamos al juego del reino de la gracia comprobaremos que el mal en este mundo es necesario para que el hombre alcance la salvación en el otro mundo.

Capítulo II. Virtud, felicidad y libertad en el ocaso de la polis. En este capítulo Domènech se propone reconstruir las líneas principales de fuerza de la cultura filosófica clásica, en concreto, su racionalidad erótica, que ha quedado sepultada por la metafísica moral cristiana. Es central el concepto de tangente ática que el autor encuentra en la ética Socrática de Platón y Aristóteles, definido como el equilibrio entre los objetivos privados y los bienes públicos, que se puede reducir a la ecuación virtud = felicidad = libertad. Aplicando la teoría de juegos, Domènech diserta sobre las preferencias de primer y segundo orden y cómo el hombre feliz aristotélico conoce las reglas de la buena vida pero es capaz de saltárselas de vez en cuando. Pero la ética socrática ignora la vida productiva. El estoico, sin embargo, conoce las preferencias de tercer orden, por las que el individuo puede cambiar sus preferencias interiores para adaptarse al contexto social en que se encuentra. Por último, según la teoría de Calicles, que adoptaría Nietzsche, el único patrón de la conducta humana es el interés propio. El fuerte domina al débil. Pero ese hombre fuerte, que no tiene preferencias de segundo orden, esa bestia rubia, que tiraniza a los demás, también se tiraniza a sí mismo.

Capítulo III. De la virtud antigua al soberano moderno. Doménech quiere describir aquí la pérdida cristiana de la virtud antigua. Al contrario que los estoicos, los cristianos pretenden vencer al mundo con el sufrimiento, es decir, sin modificar ni el mundo ni las preferencias de primer orden del individuo. Para soportarlo, el cristiano apela al auxilio de la gracia divina, por lo que no necesita de las preferencias de segundo orden. En la Baja Edad Media, el aumento de la población propicia la especialización y el comercio, que necesita de leyes y de una autoridad. Así se forman los Estados-nación europeos. Este es el uso imperial del cristianismo, que emula en el orden social de la Tierra el orden natural de la creación. Pero, tras el descubrimiento de América, ese orden social "natural" se tambalea, apareciendo el escepticismo. De ahí parte Hobbes para su concepción privativa (egoísta) de la naturaleza. Domènech vuelve a aplicar la teoría de juegos para darse cuenta de por qué los "hombres de naturaleza" vivirían permanentemente en conflicto si no apelaran a una autoridad soberana por encima de ellos que los lleve a cooperar. Por eso, para Hobbes, no hay sociedad sin Estado.

Capítulo IV. Orden natural y virtud republicana moderna. La filosofía práctica moderna desea restaurar la armonía clásica entre bien privado y bien público. Tres tradiciones filosófico-prácticas lo intentaron entre el siglo XVII y el XVIII: La fusión republicana moderna que, por ejemplo, formuló Rousseau en su "Contrato Social"; la identificación natural protoliberal, que reconoce un sistema de derechos naturales de propiedad y deja actuar al mercado, pero que tiene consecuencias negativas, sobre todo, que los propietarios de los medios de producción fijan el conjunto de oportunidades de los desposeídos; finalmente, la identificación indirecta postabsolutista reconoce que existen ámbitos importantes de la vida social a los que no se les puede aplicar el principio de exclusión característico del mercado, que son los bienes públicos, aquellos que regulan y protegen el derecho de propiedad y la libertad de intercambio mercantil.

Capítulo V. Del reino artificial de la gracia al reino natural de la gracia. Distingue el autor aquí las diferencias entre el poder absolutista, que juega al juego del reino artificial de la gracia, y el poder liberal, que juega al juego del reino natural de la gracia. En el modelo absolutista, el juego es idéntico al del juego del reino de la gracia del primer capítulo. El soberano actúa como un Dios al que los súbditos obedecerán siempre. En el modelo liberal, la conclusión del juego es que se debe llegar a una negociación antes de que el pueblo otorgue el poder al soberano, lo que hará que este se someta a las leyes. Tendremos entonces el gobierno de la ley, el Estado de Derecho. Pero Domènech nos enseña, valiéndose nuevamente de la teoría de juegos, que el estado liberal contiene una clara amenaza de autoritarismo. Tres líneas se han utilizado para salvar al reino natural de la gracia de ese autoritarismo: la primera es oponer el pueblo organizado al soberano; la segunda es buscar un mecanismo constrictor, que es la economía de mercado; la última estrategia sería comportarse en política como en el mercado, crear un "mercado político". No obstante, estas tres estrategias fracasan, haciendo imposible que el liberalismo cumpla sus promesas.

Capítulo VI. Sobre el republicanismo "absolutista" de Rousseau y el republicanismo "liberal" de Kant. El juego de la virtud Rousseauniana demuestra por qué Rousseau propugna que la mayoría de los ciudadanos deben ser virtuosos para que el Estado republicano se mantenga. Lo que la virtud rousseauniana consigue con la teoría política absolutista, lo consigue la virtud kantiana con la teoría política liberal. Kant distingue el individuo inteligible, determinado por la virtud, del individuo empírico, que busca la felicidad. Rousseau intenta evitar al soberano del absolutismo político trasladándolo al interior del alma del ciudadano, igual que Kant traslada al interior del alma al soberano invulnerable del liberalismo político. Pero su tradición cultural cristiana, que les hace buscar un soberano dentro del alma, les impide conseguir que los individuos resuelvan el dilema del juego del prisionero contra sí mismos, como se conseguía mediante la virtud ática de tradición socrática.

Capítulo VII. Sobre la filosofía clásica alemana como respuesta al fracaso de los "demonios inteligentes" de la modernidad. Kant, en su crítica del liberalismo, sostenía que, bajo una constitución adecuada, incluso demonios inteligentes se comportarían como buenos ciudadanos, pero él quiere personas moralmente buenas, no solamente buenos ciudadanos. Desde entonces, la filosofía clásica alemana intentó resolver el problema planteado por Kant. Schiller y Feuerbach sacrifican el criticismo para salvar la síntesis, al abrazarse con la naturaleza, elaborando un concepto de naturaleza amigo de la libertad del hombre. Shopenhauer prefiere sacrificar la síntesis y salvar el criticismo, salvar la virtud a costa de la felicidad, elaborando un concepto de libertad ajeno a la naturaleza. Fichte, Schelling y Hegel se aferran a Dios para salvar ambas cosas, elaborando un concepto de Dios que garantice un desarrollo de la naturaleza compatible con la libertad humana. Esta última es la visión trágica de la historia de Kant, que continuó en Hegel y Marx, la idea de una historia que avanza por sus peores lados, pero que conducirá al advenimiento en la tierra del bien supremo. Así vuelve la filosofía clásica alemana al terreno del éthos antiguo.

A modo de conclusión. La cultura moderna quiere satisfacer los deseos de los hombres sin antes saber cuáles son. Esa es la consecuencia de sustituir la razón erótica clásica por la razón inerte moderna. Necesitamos una cultura moral que permita la elección consciente del futuro de la humanidad. A este cambio se oponen obstáculos de información, de motivación y de conducta. Las principales ideologías morales contemporáneas ignoran el problema de la información que, para nuestro autor, es fundamental. Domènech critica la solución que a este problema ha encontrado el utilitarismo. Este tiene las limitaciones informacionales que Arrow probó en sus teoremas de imposibilidad racional de elección social. Estas limitaciones sólo podrían ser solventadas con mayor información sobre los deseos y preferencias de los individuos. También somete nuestro autor a un repaso crítico la ética de Rawls y la ética comunicativa de Habermas.

martes, 6 de febrero de 2018

Siete cortometrajes que me gustaron

Me gustan mucho los cortometrajes. Son pequeñas pildoritas de cine que pueden ser muy dulces. Es una pena que en las salas sea ya casi imposible verlos, salvo en festivales. Aquí dejo mis comentarios sobre algunos de mis preferidos. Cuando me he puesto a repasar he caído en la cuenta de que hay muchos y muy buenos cortos, muchos de ellos españoles. Así, he dejado fuera Mirindas asesinas, Aquel ritmillo, La concejala antropófaga, Esposados, Perturbado, Pipas o Campeones, que también son muy buenos.

1. La cabina (1972). Para empezar, un cortometraje largo, de 34 minutos. La vi de niño, y desde entonces, como mucha otra gente, no entré en una cabina con tranquilidad. Pero tampoco en ascensores o baños públicos. Esta pequeña obra maestra, dirigida por el a veces denostado, pero siempre eficaz, Antonio Mercero, retrata el miedo a quedarnos encerrados, pero puede ser interpretada también como una parodia de la existencia humana. Gran relato de terror psicológico, con tintes kafkianos, algunos la consideraron una metáfora de la dictadura franquista. Destaca la interpretación casi muda de López Vázquez. Nota de 7,5.

2. Vincent (1982). Tim Burton refleja ya en este cortometraje ese mundo interior que posteriormente desarrollaría en sus siguientes películas. La historia, realizada en animación stop-motion, del niño que se cree Vincent Price, está narrada en verso, al estilo del poema "El cuervo", de Edgar Allan Poe. Sin embargo, la estética no es la de las películas de Roger Corman en las que trabajó el mítico y terrorífico actor. Burton utiliza el blanco y negro para acercarse más al expresionismo alemán de Wiene o Murnau, otra de las épocas doradas del terror cinematográfico. Nota de 7,5.

3. El secdleto de la tlompeta (1995). Aunque ha realizado grandes cortos, para mí este es el mejor de Javier Fesser. Con su particular humor, cañí y desmesurado, nos desvela el secreto que guarda la persecución de un gasolinero por parte de una pareja de la guardia civil, en una aventura trufada de histriónicos personajes de la fauna rural hispana. Todo tan absurdo como mi descripción de la película. Un 7.

4. Allanamiento de morada (1998). Mateo Gil, quien ya había sido guionista de Tesis y Abre los Ojos, firma este magnífico y muy inteligente trabajo, sobre dos vendedores de enciclopedias que, materialmente, asaltan a una mujer en su casa, en la época en que la publicidad todavía no llegaba por Internet. El trabajo de guion es finísimo y en él nos vemos reflejados, pues a casi todos nos han engañado alguna vez con este tipo de estrategias comerciales. Una dirección firme, cuyo ritmo de montaje se va acelerando según se consuma el "atraco", y tres actores muy solventes, proporcionan al espectador uno de esos ratitos de incomodidad que tanto me gustan. Nota de 6,5.

5. 7:35 de la mañana (2003). Este pequeño musical con tintes de comedia negra, que dirige y protagoniza Nacho Vigalondo, fue nominado al Oscar de Hollywood. No se puede contar la trama para no revelar los chistes, pero como dura ocho minutitos, se ve con agrado al principio y con sorpresa al final. El director esboza aquí el sentido del humor tan peculiar que tendrán sus posteriores largometrajes. Para mí, un 7.

6. Éramos pocos (2005). También nominado al Oscar, este cortometraje de Borja Cobeaga trata con humor el tema del reparto de las tareas domésticas, y como un marido y un hijo abandonados deben buscarse la vida. Pero va un poco más allá, porque habla también de las relaciones familiares y el abandono de los ancianos, pues estos vagos deciden ir a buscar a la suegra y abuela para tener otra criada gratuita. Muy divertido. Nota de 7.

7. La dama y la muerte (2009). El primer corto en 3D de la historia del cine español fue dirigido por Javier Recio, ganó el Goya y fue nominado al Oscar. A pesar de ser una comedia de tortazos (slapstick), trata un tema muy serio, como es el de la muerte digna y el llamado encarnizamiento terapéutico, es decir, la lucha de algunos médicos por alargar un poco la vida a personas que van a morir. Aquí la muerte es el bueno de la película, que quiere llevar a una anciana con su marido, mientras el médico se empeña en retenerla en esta vida contra su voluntad. Un 7.

martes, 23 de enero de 2018

En la casa

¿Cuánto tiempo llevamos en la casa? Una semana, quizás diez días. He perdido la cuenta, aunque intenté hacer una marca en la pared de mi cuarto cada vez que despertaba. Pero no podemos abrir las ventanas y, aunque las abriéramos, no sé si sabría distinguir la noche del día. El frío es tan intenso que la cara de María se mantiene fresca y lozana. Cada vez que paso por la puerta de su habitación la veo ahí, sentadita, y parece que me va a saludar.

La rutina es la misma todos los días. Nos levantamos, comprobamos que siguen ahí fuera, intentamos encontrar algo de comida por todos los rincones, chuperreteamos las bolsas vacías, bebemos agua de las estalactitas que cuelgan del techo del bajocubierta y nos sentamos a esperar. Ya no nos apetecen los naipes, porque los juegos para tres no son divertidos, así que sesteamos durante casi todo el día o hablamos en susurros sobre imposibles planes de futuro.

Deben de haber pasado veinte días y el hambre es insoportable, así que decidimos comernos la parte que dejaron de María. El primer día le toca a Hans hacer los filetitos. Hemos calculado que podemos aguantar tres meses así. Después, si no se han marchado, nos jugaremos al póquer quién muere primero (yo prefiero que sea Hans, que todavía tiene algo de grasa en el cuerpo).

Vale, ya me he hartado. No ha sido tan adrenalínico como prometían. Más bien un poco aburrido. Como tengo más hambre que el perro del afilador, salgo de la casa y pasaré los dos últimos días de vacaciones entre la piscina y el bufet libre del hotel.


lunes, 15 de enero de 2018

Las siete herejías del Papa Francisco

Todos los papas escriben diferentes textos dirigidos a su congregación. En su exhortación apostólica "Amoris Latetita", el Papa Francisco, parece haber cometido siete herejías, es decir, ha expuesto siete ideas que se salen del dogma católico. Esto es lo que afirman una serie de teólogos (parece que muy conservadores) en una carta que dirigieron a Su Santidad. Después de leer tanto el texto del Papa como la carta de sus correctores, vamos a intentar desgranar y comentar someramente las siete supuestas herejías:

1. Algunos curas no quieren que los legos nos enteremos bien del mensaje de Jesús. Por eso, la primera herejía de la que acusan al Papa es incomprensible para el común de los mortales. Según estos teólogos el Papa ha dicho que la Gracia de Dios, que la persona consigue a través de la absolución (justificación), no es suficiente para que esa persona sepa seguir las exigencias de la ley divina. Una herejía menor, creo yo, pues Francisco únicamente ha escrito (en el párrafo 295 de su documento) que no todo ser humano (aunque esté justificado) es capaz de comprender, valorar o practicar al cien por cien las exigencias objetivas de la ley.

2. Francisco afirma en el párrafo 301 de su texto que no todos los que viven en una situación irregular se encuentran en pecado mortal, sino que hay que mirar cada caso en particular. Pone como ejemplo a una persona que ha sido abandonada por su esposo o esposa y vuelve a formar una familia, aunque no pueda casarse por la Iglesia. Los firmantes de la carta consideran herejía decir que quienes están divorciados y casados civilmente con otra persona no tienen por qué encontrarse necesariamente en pecado mortal. El Papa es menos excluyente que esta gente, quienes me recuerdan al Sanedrín que juzgó a Jesús.

3. Siguiente herejía: un católico puede conocer una ley divina y decidir violarla, pero no encontrarse en pecado mortal como resultado de este acto. El papa señala, en el párrafo 301, que alguien, aún conociendo la norma, puede tener dificultades para comprender los valores inherentes a la norma, o encontrarse en circunstancias que no le permiten obrar de otra manera, lo que no le debe acarrear nueva culpa.

4. Según sus correctores, el Papa ha dicho que una persona, mientras obedece una prohibición divina, puede pecar contra Dios por medio de este mismo acto de obediencia. Esto es leer demasiado entre líneas en las palabras de Francisco. Yo he entendido, en el párrafo 305, que se puede estar a la vez en una situación objetiva de pecado y en gracia de Dios. Sin embargo, como enseñó Santo Tomás, existen unos principios generales, pero cada caso particular es distinto.

5. La conciencia puede juzgar correctos actos sexuales entre personas que han contraído matrimonio civil, aunque estén sacramentalmente casados con otras personas. Dale la vuelta la burra al trigo. Me da lo mismo si es una herejía o no. Tanto el Papa como los que lo recriminan siguen metiéndose en la sana vida sexual de la gente, que les importa más que la insana vida sexual de algunos de sus sacerdotes. Las religiones siempre han intentado controlar a los feligreses a través del sexo, perdonando peor a una mujer adúltera que a un ladrón o asesino rico.

6. La sexta herejía del papa, según estos teólogos, dice que los principios morales contenidos en la revelación divina y en la ley natural no incluyen prohibiciones que condenan absolutamente cierto tipo de actos. En el párrafo de 296 de la exhortación del Papa, este señala que la Iglesia puede ir por dos caminos, marginar o reintegrar, y él se decide por reintegrar. Por eso nadie debe ser condenado eternamente por un pecado. Ese es el camino de Jesús. Si esto es una herejía, que baje el hijo del Creador y nos lo diga.

7. Finalmente, la última herejía del Papa se refiere nuevamente a los divorciados (¡ay! sexo e iglesias): Jesucristo quiere que la Iglesia abandone su disciplina de denegar la Eucaristía a los divorciados y nuevamente casados, y de denegar la absolución a los divorciados y nuevamente casados que no expresen contricción ni propósito de enmienda. Efectivamente, en su idea de integración, Francisco señala, en el párrafo 299 de su exhortación, que los bautizados que se han divorciado y se han vuelto a casar civilmente deben ser más integrados en la comunidad cristiana en las diversas formas posibles.

Como colofón, hemos aprendido que una herejía no es una cosa tan horrenda como suena, pues hasta el Papa puede cometerlas. Sin embargo, y en la línea del personaje de Mildred Hayes en "Tres anuncios en las afueras", creo que no debemos hacer mucho caso a miembros de una banda que mantiene a violadores de niños entre sus filas.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Siete lugares de un viaje a Suances

En Agosto de 2017 pasamos unos días de tranquilidad y playa en Suances. Vamos a recordar algunos lugares de este bonito y animado pueblo costero y de sus alrededores.
1. Playa de La Concha. Se extiende junto al casco urbano y mide unos mil metros. De arena fina y dorada, es muy amplia y siempre encontrarás sitio para estar tranquilo. Las escuelas de surf suelen utilizar un extremo de la misma para sus clases. Solíamos acercarnos a un chiringuito en la misma playa para comer unas hamburguesas o unos bocadillos.
2. Playa de Los Locos. Orientada al Oeste, su longitud es de unos trescientos metros y tiene un oleaje bastante fuerte, por lo que suele ser visitada por los más jóvenes para surfear. Su fina arena y sus aguas limpias hacen que en verano se abarrote demasiado, sobre todo cuando sube la marea y te quedas casi sin sitio para poner la toalla. Merece la pena ver sus atardeceres, en los que el sol crea preciosos juegos de luz sobre el mar. La leyenda cuenta que, debido a las olas y a su difícil acceso, la gente no solía ir a esta playa, por lo que los manicomios cercanos aprovechaban para llevar a sus internos.
3. Nuestra salida vespertina transitaba por el Paseo de la Marina Española y la Calle El Muelle, donde se pueden encontrar diversos bares y restaurantes. El restaurante La Solita, en la Calle El Muelle, da a la Playa de la Rivera. Puedes comer o picar algo, de buena calidad y a precio asequible. Las zamburiñas están de lujo. Un poquito ruidoso, porque suele estar lleno de gente tomando el aperitivo. En la calle Torrelavega, al final de la de El Muelle, encontraréis el restaurante Amita. Es un poco más elegante y caro, pero también tiene zona de bar para pedir unas raciones. El pulpo a la brasa con puré se come solo. En el Paseo de la Marina Española, frente a la Playa de la Concha, es muy agradable cenar en la terraza de El Marinero, un restaurante con decoración cuqui. No es barato, pero el producto es bueno y te atienden bien sin ser demasiado empalagosos. Mejillones, percebes o ensaladas, todo muy rico y fresquito.
4. Parque Natural de las Dunas de Liencres y Costa Quebrada. Un lugar sorprendente y poco conocido. Comenzamos aparcando el coche junto a la playa de la Arnía. Desde ahí el camino hasta la playa de Portio por el borde de los acantilados te sobrecoge. Puedes contemplar los urros, formaciones rocosas que asoman de un mar poderoso. Más hacia la izquierda se pueden ver las también pequeñas playas de Cerrias y de Somocuevas. Si sigues hacia el Oeste, entre las grandes playas de Canallave y Valdearenas encontramos las dunas, que forman parte de la Ría de Mogro, en la desembocadura del río Pas. Paraíso para el surf, el kitesurf o el parapente, un paseo por las arenas te llena de buenas energías. El pinar de entrada al parque es también magnífico y con numerosas rutas de senderismo.
5. Santillana del Mar. Visita obligada para todo el que vaya a Cantabria, se trata de una villa que lleva allí 15.000 años y que mantiene en perfecta conservación caseríos, torres e iglesias de los siglos XIV a XVIII. Pasear por sus calles empedradas te traslada a tiempos pretéritos. Eso sí, turistas como tú los encontrarás a miles, así que procura ir un día de diario. Hay que conocer la cueva de Altamira (aunque esta vez no nos acercamos), si bien sólo te dejan ver su réplica.
6. San Vicente de la Barquera es otra de las visitas obligadas si te encuentras en Cantabria, pues conserva un ambiente marinero y pescador. Hay que subir al Castillo del Rey y pasear por la zona medieval. Desde allí podrás observar la ría y la inmensidad del Parque Natural de Oyambre. También puedes dar una vuelta por los puentes y visitar los muchos bares y restaurantes, que están siempre muy animados. Si te llegas hasta el rompeolas disfrutarás de un paseo para recordar.
7. Potes. De vuelta a la meseta paramos en este hermoso pueblo de los Picos de Europa. Rodeado de montañas encontramos una población que conserva casas, torres y puentes de siglos pretéritos. Entre sus callejuelas puedes, si te dejan los turistas, pasear escuchando el rumor de los ríos que atraviesan el pueblo. La Torre del Infantado es visita obligada. En cada piso podrás conocer un poco de la historia de la zona, y desde arriba tendrás magníficas vistas. Como era el año jubilar lebaniego, subimos al Monasterio de Santo Toribio. Demasiada gente. Habrá que ir en otra ocasión.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Siete nociones clave sobre los robots y el futuro

La robótica es la ciencia que construye máquinas dotadas de inteligencia capaces de sustituir en algunas tareas al ser humano. Dentro de no mucho tiempo los robots formarán parte del paisaje cotidiano de nuestra sociedad. Ya están aquí, pero no todos son androides, es decir, no todos tienen esa silueta antropomórfica en la que muchas veces pensamos al oír la palabra robot. Vamos a intentar aprender un poquito más sobre ellos y su posible y futura aportación a la vida de los humanos.

1. Las tres leyes de la robótica. Aunque proceden de la literatura, pues aparecieron por primera vez en un cuento de Isaac Asimov, están muy bien pensadas:
1ª Ley. Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño.
2ª Ley. Un robot debe hacer o realizar las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la 1ª Ley.
3ª Ley. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la 1ª o la 2ª Ley.
Fueron ideadas para luchar contra el complejo de Frankenstein, es decir, el miedo a que la criatura, en este caso la máquina, se rebele contra su creador. Implantadas en el electrónico cerebro de un robot, lo obligarán a autodestruirse antes de hacer daño al hombre. Como corolario de las leyes de la robótica se creó la ley cero: un robot no hará daño a la humanidad o, por inacción, permitirá que la humanidad sufra daño. Se traspasa así a las máquinas la duda moral que siempre han tenido los hombres sobre si es lícito producir un mal menor para evitar un mal mayor. Pensad por un momento en que los coches autónomos son robots y podrían decidir, por ejemplo, salirse de la carretera para evitar un choque. Pero ¿es posible aplicarlas en la realidad? ¿no es un poco tonto pensar que se puede implantar un sistema de pensamiento tan complejo en cualquier máquina?

2. Los robots en la vida cotidiana. No hace falta ir al futuro para ver robots trabajando en las grandes fábricas, realizando operaciones quirúrgicas o desactivando bombas. Pero en el hogar han empezado a hacer sus pinitos limpiando la casa y pronto cuidarán niños o ancianos, lo que ya hacen en algunas guarderías y residencias en Japón. La película "Un amigo para Frank" (Robot & Frank) plantea algunos de los problemas que este tipo de cuidadores puede causar.

3. Robots contra humanos por un puesto de trabajo. Un robot industrial puede hacer el trabajo de cuatro humanos. Pero la inteligencia artificial puede sustituir también a un abogado, a un contable, a un agricultor o a un policía. Los robots se apropiarán en pocos años de la mitad de los puestos de trabajo que actualmente ocupan personas. Pero no se puede poner freno al progreso. Mis amigos están hartos de oírme contar que, cuando inventaron la rueda, los cuatro tíos que llevaban en palanquín al jefe de la tribu se quejaron porque perdían su trabajo. En 1812, un grupo de trabajadores incendió en Notttingham sesenta máquinas de tejer medias. No me imagino a los taxistas volcando coches autónomos sin conductor porque les quitan el trabajo. Hace no mucho más de cien años la gente trabajaba dieciséis horas y no libraba los fines de semana. Con el nuevo incremento de la productividad es necesario volver a reducir las jornadas de trabajo para distribuir la riqueza que la robótica generará, pues hace ya cincuenta años que no se tocan las cuarenta horas semanales. Y hay que ir pensando en la renta mínima garantizada.

4. Uno de las consecuencias negativas de la implantación de robots puede ser la polarización de la sociedad, es decir, su división entre una minoría bien pagada y segura y una mayoría insegura y con dificultades para sobrevivir. Las personas poco cualificadas que pierdan su trabajo a manos de los robots tendrán muchas dificultades para adaptar sus capacidades a las exigencias de los nuevos empleos tecnológicos, por lo que se encontrarán sin trabajo y sin posibilidad de conseguirlo. Entre las clases trabajadoras esta situación provocará, además de pobreza, estrés y depresión. Por eso, mientras los ingresos de los humanos dependan del empleo remunerado, la robotización podría acarrear conflictos sociales.

5. Sin embargo, la robotización puede tener consecuencias positivas, guiando al hombre hacia una sociedad más integrada. Los gobiernos podrán tomar decisiones para la redistribución de la riqueza, proporcionando formación para aquellos que pierdan su trabajo, instruyéndolos, por ejemplo, en las nuevas tecnologías ligadas a la robótica. Como no se necesitará tanta mano de obra, se podrá alcanzar una sociedad del ocio en la que casi todos consigamos una vida como la que tenía la clase noble ateniense en la Grecia antigua. Y llegará un momento en que los robots convivirán con nosotros, y puede que alcancen a tener los mismos derechos que los humanos de carne y hueso.

6. En diversos foros ya se están planteando cuáles deben ser los derechos de los robots. Las personas electrónicas, desde el momento en que tengan conciencia de sí mismas, van a sufrir. Por eso deben tener derechos (y obligaciones) como las personas orgánicas. Inmediatamente te asaltan preguntas: ¿Cuándo se convierte una máquina en alguien? Una aspiradora, un brazo robótico, un coche autónomo, ¿no pueden ser personas porque no parecen personas? ¿Llegarán los robots a ser libres o siempre tendrán un dueño? ¿Lucharán por su libertad? Hay quien propugna que se prohíba instalar emociones en los robots, y así el problema ni se llegará a plantear. Repasad Blade Runner y la serie de televisión sueca Real Humans.

7. Los cíborgs son criaturas que han sido modificadas con dispositivos electrónicos. Entonces, toda persona que porte un dispositivo de este tipo (como un brazo mecánico o un marcapasos) es un cíborg. Bueno, todos somos un poco cíborgs, porque llevamos un dispositivo electrónico (muchas veces conectado a nuestro oído) que nos permite almacenar información y compartirla con el mundo. Pero la idea primigenia para crear los ciborgs era conseguir humanos mejorados que pudieran sobrevivir en el espacio. En el futuro, muchas enfermedades se solucionarán con implantes, pero puede que se intente también conseguir superhombres. La duda es ¿Cuándo un cíborg deja de ser humano? ¿Al modificarle el cerebro? Entonces, una persona que se ha colocado un implante en el cerebro para poder hacer cálculos más deprisa ¿Es humano?. ¿Y si a un robot le implantamos un órgano vivo cultivado o trasplantado desde un humano ? ¡Ay! Ética y ciencia. Parecen conceptos incompatibles.

martes, 28 de noviembre de 2017

Las siete mejores películas de boxeo

Uno de mis subgéneros favoritos de siempre ha sido el de las películas de boxeo. El sudor, el humo, las pistolas, los amaños, la mafia, además de la épica, consiguieron engancharme. Ahora, sin embargo, me estoy volviendo blando y la mayoría de estas cintas me parecen demasiado brutales y sangrientas. Por eso, entre mis siete favoritas encontrarás muchas películas en blanco y negro y con una visión un tanto naif del deporte de las doce cuerdas. Si queréis, podéis leerlo escuchando la canción "The Boxer", de Simon & Garfunkel. Así, conseguiréis ese regusto crepuscular que te dejan en el corazón casi todas las películas de boxeadores.

1. El ídolo de barro (Champion) (1949). Para mí es la película fundacional del género de boxeo y mafia. Consagró al director Mark Robson y sería copiada (homenajeada) en miles de títulos posteriores, incluso por él mismo. Kirk Douglas retrata, en una actuación con pocos matices, pero eficaz, cómo la ambición desmedida puede destruir al hombre. Aquí encarna a un boxeador que, influido por sus traumas de infancia, abandona a sus amigos y familia por perseguir un sueño que resultará hueco y miserable, pues el dinero, el lujo y las mujeres fatales no llenarán su vacío existencial. Nota de 7,5.

2. Más dura será la caída (The Harder They Fall) (1956). El testamento cinematográfico de Humphrey Bogart quedó en esta película, también de Mark Robson, que nos enseña el mundillo de ratas que casi siempre rodea al boxeo y trata el tema poco frecuente de las secuelas que las peleas dejan en los púgiles. Aquí, la víctima de un desalmado mánager, interpretado por el siempre eficaz Rod Steiger, es el torpón "Toro Moreno" (Mike Lane). Pero no os preocupéis, muchachos, el periodista al que da vida Bogart reconocerá sus errores y la justicia quizás triunfe. Nota de 7,5.

3. Marcado por el odio (Somebody Up There Likes Me) (1956). Biografía del boxeador Rocky Graziano, quien, saliendo de los bajos fondos, alcanzó el éxito gracias al boxeo. Aunque un tanto edulcorada, al estilo de Robert Wise, merece la pena la interpretación de Newman, quien consiguió el papel gracias a la muerte de James Dean. Se pasa en un suspiro, gracias al ritmo trepidante, tan del cine clásico de acción. Sí, es un poco buenista y patriotera pero, ¡está tan bien hecha!. Nota de 7,5.

4. Rocky (1976). El sueño del héroe americano hecho realidad en esta película que tiene momentos que han quedado para la historia del cine, como las escaleras o el grito final. Un hombre mediocre debe aprovechar la oportunidad que pasa por delante de cada persona una única vez en la vida. La ví con catorce o quince años y Stallone me pareció lo mejor. Si la ves de mayor te das cuenta de los truquitos, que ya se usaban en el cine desde los años treinta, pero aun así sigue siendo una película entretenida y casi siempre honesta. Nota de 7.

5. Toro Salvaje (Raging Bull) (1980). Aunque no me parece la mejor película de Scorsese, hay que reconocer que es una obra maestra. Primero, la decisión del blanco y negro para darle un aire clásico. Después, ese Robert De Niro cuando le gustaba su trabajo y era el mejor haciéndolo. El guion, que nos lleva a lo más oscuro de la condición humana. Y finalmente, la forma de rodar los combates, hasta ese momento nunca vista, que te mete de lleno en el casi irrespirable ambiente. No os cuento más. Hay que verla. Un 8.

6. The Boxer (1997). La única película no americana de la lista es este complejo film irlandés ambientado en la época del IRA. Daniel Day-Lewis (que en otras películas está demasiado intenso), Emily Watson y el legendario Brian Cox dan lustre a una historia dramática de personajes con pocas oportunidades en un ambiente opresor. La película mantiene un carácter nublado y agobiante, en una tierra donde casi nunca luce el sol. Nota de 7.

7. Million Dollar Baby (2004). Clint Eastwood es uno de los últimos maestros del cine clásico. Clásica en lo formal es esta intimista y sombría película, con un gran guion, que trata temas no tan clásicos, como las creencias personales. No sé si habrá alguien en el mundo que no la haya visto pero, por si acaso, es mejor no contar nada más. Merecería la pena únicamente por los tres protagonistas. Un 8.