martes, 22 de septiembre de 2026

Siete lugares de la Costa Azul

Del 12 al 15 de septiembre de 2025 viajamos en pareja a la Costa Azul. Nos acogió el calorcito, los bellos paisajes y los paisanos amables si te quieren vender algo. Aquí dejo mis sensaciones en cada una de las poblaciones que visitamos. La última, dedicada a Niza, es especialmente larga porque allí pasamos la mayor parte del tiempo y es una ciudad que merece la pena. Comprendimos en nuestra visita por qué se le llama Costa Azul, pues el intenso color azul del mar no lo he visto yo en ninguna otro lugar de los que he visitado.


1. Antibes. Esta población recibe al visitante con un bonito casco antiguo por donde pasear al fresco, sobre todo en el mercado de productos provenzales. Está completamente orientado al turismo, por lo que podrás comprar toda clase de souvenirs. En un castillo encontrarás el museo Picasso, quien vivió y trabajó allí. Imprescindible es pasear por la muralla, desde donde se contemplan preciosas vistas panorámicas del Mediterráneo. Tiene un puerto deportivo que dicen que es el más grande de Europa y una playa donde, si tienes tiempo, te apetecerá un chapuzón.


2. Cannes. 
En esta ciudad, famosa por su festival de cine, estuvimos paseando por el boulevard de la Croisette, que es el paseo marítimo de la ciudad. Nos llegamos hasta el palacio de festivales, donde puedes hacerte una foto, si aguantas la cola, en la mítica escalinata, que yo creo que siempre tiene puesta la alfombra roja. La Croisette está llena de tiendas de lujo y de hoteles míticos, como el Martínez. Nosotros entramos en el vestíbulo del hotel Carlton, donde se suelen hospedar muchas estrellas de cine. En los hoteles de lujo nunca hemos tenido problema con los empleados, aunque no nos hospedáramos allí, incluso aunque no consumiéramos nada en la cafetería o el restaurante. Siempre nos han permitido el acceso, incluso a los baños. Muy cerca del palacio de festivales está el puerto viejo, muy pintoresco, así como el barrio de Le Suquet, con sus casas de colores pastel, ubicado en la colina que ocupa el centro de la ciudad.


3. Saint-Paul-de-Vence. Dicen que está considerado uno de los pueblos más bonitos de Francia. Subido en su colina, las casas son de piedra y están muy bien conservadas. A la entrada compramos unas flores de calabacín para comerlas. Nos parecieron más grasientas que deliciosas. El pueblo está rodeado por una muralla por la que se puede pasear. Cerca de la muralla podrás comer en restaurantes con magníficas vistas. Podrás pasear por la Calle Grande, donde hay multitud de pequeñas galerías de arte, pues se trata de un pueblo con historia, en el que vivieron grandes pintores. También te podrás internar en las callejuelas y ver los balcones cubiertos de flores. La fuente grande junto al lavadero es un punto estupendo para hacerse fotos, igual que la casa en la que habitó el poeta Jaques Prévert, cubierta de jazmines y con vistas al mar y a la montaña. Ahora es un carísimo alojamiento turístico.


4. Mónaco. Uno de los países más pequeños del mundo es también de los más famosos. Antes de ir a su barrio más rico y lujoso, subimos a Le Rocher, la pequeña colina donde se encuentran la catedral, el museo oceanográfico, construido directamente sobre un acantilado y el palacio del príncipe, por cuyo exterior y jardines puedes pasear. También lo hicimos por las estrechas calles y por los jardines de San Martín. Llovió un poco, pero quizá eso le dio una pátina más romántica a la pequeña caminata.


5. Montecarlo. El barrio más lujoso de Mónaco a veces se confunde con el país entero. Montecarlo en sí es un barrio pequeño con una gran plaza donde está el casino. Puedes hacerte fotos por allí junto a miles de turistas que estarán haciendo lo mismo que tu. Así que la sensación es bastante mala. Eso sí, entramos en el casino, que es muy bonito por dentro y, tras mostrar nuestros pasaportes, nos permitieron jugar en una enorme sala de máquinas tragaperras. Nos gastamos diez euros y recuperamos nueve, lo que no te da ni para dos cervezas en Montecarlo. Quizá para una.


6. Eze: Otro pueblo de ambiente medieval de la Provenza, pero este tiene costa y está situado en un espectacular acantilado con impresionantes vistas. Hay que dejar los coches en la base de la colina y subir por una empinada cuesta. Al llegar arriba te encuentras con el Hôtel Chateau de la Chèvre d'Or, que tiene pinta de muy lujoso. No entramos en la iglesia, ni fuimos a la perfumería Fragonard, ni siquiera entramos al castillo y a su jardín, pero sí paseamos por sus estrechas y empinadas calles llenas de flores, de tiendas de arte y de apetecibles restaurantes.


7. Niza. La ciudad donde nos alojamos tiene multitud de lugares que visitar. Estuvimos hospedados en el hotel NH, a unos veinte minutos andando del centro. Tiene una estupenda azotea con vistas donde te atienden muy bien y puedes tomar un cóctel o cenar. Ciudad vieja: La parte más instagrameable de Niza es un laberinto de callejuelas llenas de glamour, tiendas y restaurantes. Allí cenamos un día en el restaurante Peixes, que no está mal. También pasamos por la Plaza Rossetti y comimos marisco en la Plaza Garibaldi, justo a la salida de la ciudad vieja, en Le Café de Turin, bueno y turístico. En la parte vieja encontrarás el mercado de las flores, que además de flores y plantas ofrece comida y souvenirs. Muy animado e interesante.  Parc du Chateaux: Precioso parque en una colina desde donde se divisan vistas magníficas de la playa y la ciudad. Sólo la cascada artificial merece la pena. Se puede subir andando, pero también en ascensor o en el trenecito turístico. Si subes a pie, a mitad de camino encontrarás la torre Bellanda, desde donde las fotos son las mejores. Playa: El Promenade des Anglais, es el paseo marítimo. El acceso a la playa en algunas partes es privado y tienes que consumir en los chiringuitos, que aquí no son baratos. Por el paseo encontrarás el Hotel Negresco, quizá el más legendario del mundo, donde nos atrevimos a entrar, tomar una copa y un tentempié en su cafetería, charlar con los amables empleados y ver el lujoso vestíbulo. Catedral de San Nicolás: Si ya has visto demasiadas catedrales góticas en Europa, quizá te guste ver esta, que es rusa y se construyó a principios del siglo XX. Puedes entrar y ver su recargado interior. Place Masséna: El sitio con más vidilla de la ciudad es esta enorme plaza, con la fuente del sol que contiene la estatua de Apolo. En la plaza también hay siete estatuas de personitas sentadas en postes que se iluminan por la noche. Desde esta plaza parte el jardín de la Bourgada, un bulevar ajardinado para pasear bajo el frescor de los árboles.






viernes, 28 de agosto de 2026

Siete lugares de Oslo

Del 14 al 17 de junio de 2025 viajamos en familia a Oslo y disfrutamos de unos días tranquilos en una ciudad que nos pareció muy acogedora y visitable. Nos hospedamos en el hotel Radisson Blu Plaza Hotel, que es el edificio más alto de la ciudad, con sus 37 plantas, situado a cinco minutos a pie de la estación. La verdad es que es un hotel impresionante, tanto por dentro como por fuera. Los ascensores suben a velocidad supersónica, tiene piscina, sauna y gimnasio. En la azotea se encuentra un restaurante y bar acristalado, donde puedes tomar algo y tienes magníficas vistas de la ciudad y del fiordo. Por ejemplo, desde allí puedes ver el proyecto Barcode, una serie de edificios diseñados para que parezcan un código de barras, que no es para nada tan impactante como dicen las guías turísticas. En la planta baja del hotel también cenamos en el restaurante Chicago Pizza & Brew, que no está mal. La única pega del hotel fueron algunos problemillas en el check-in, pero que seguramente sucedieron por culpa de nuestra agencia de viajes.

1. Ópera y biblioteca Deichman. Junto al fiordo de Oslo se encuentra la ópera. Tiene un estilo minimalista, en madera por dentro y en mármol blanco por fuera. Lo mejor de ella es que puedes subir por una rampa al tejado y ver buenas vistas. En la gran cristalera de la ópera había algunas esculturas de personas que parecían atravesar el cristal. Creo que se trataba de una instalación temporal. Junto a la ópera se encuentra la biblioteca Deichman, que es más bonita por fuera que por dentro. Las líneas sencillas del exterior contrastan con el abigarramiento interior, que me agobió un poco.


2. Paseo en barco por el fiordo.
Un barco turístico con audioguía te permite dar un paseo de un par de horas por el fiordo de Oslo. Sales de la zona frente a la ópera, donde también hay algunas casetas desde las que puedes bajar a darte un chapuzón. Una vez a bordo puedes ver las playas y las casas de la península de Bygdøy, donde se encuentran los museos más famosos de Oslo. También puedes ver las islas de Hovedøya, boscosa, pero con buenas playas, y de Lindøya, con sus casitas rojas y amarillas. En el fiordo puedes encontrar también edificios pintorescos, como el faro de Dyna, que fotografiamos ese día.

3. Fortaleza de Akershus. Junto al fiordo, estratégicamente situada, se encuentra esta serie de edificaciones militares que no nos parecieron muy interesantes. Eso sí, se puede pasear por los jardines y por las murallas de piedra, disfrutando de una magnífica panorámica del puerto y del fiordo. Incluso puedes sentarte en la hierba a tomar un picnic al aire libre.


4. Akker Brygge. Este barrio de Oslo es famoso por su paseo marítimo, en cuyo inicio se encuentra una pequeña torre con un reloj. Todo el paseo está lleno de restaurantes y bares donde comer o cenar. Nosotros nos decidimos por "The Salmon". Con ese nombre y en Noruega nada podía fallar. Pero la comida no fue ni de lejos tan buena como las expectativas. Aparte de los precios, con los que ya contábamos, esperábamos alguna sutileza maravillosa a la hora de cocinar el salmón, pero no se produjo. Muy normalito todo. En el paseo hay puestecitos de comida también. Unos macarons y un café de especialidad nos endulzaron, así como los famosos boller noruegos, que compramos en el Bollebar, junto al museo nacional, también en Aker Brygge. Allí entramos, por supuesto, a ver la versión más famosa de "El grito" de Munch, la pintada al óleo y témpera en 1893. Pero el museo es bastante interesante y tiene muchas otras obras dignas de verse.



5. Calle Karl Johans.
La principal calle de Oslo comienza en la estación, custodiada por la estatua de un tigre, y mide kilómetro y medio, llegando hasta el Palacio Real. Puedes pasearla y encontrarás todo lo que el turista necesita: tiendas de regalos, puestos callejeros de comida, bares, restaurantes, hoteles y los típicos comercios de ropa. más o menos lujosos, que están instalados en todas las ciudades europeas. Atravesarás bonitos jardines y verás edificios históricos, como la universidad y el teatro nacional, que tiene en la puerta las estatuas de Ibsen y Bjørnson. Nosotros tomamos unos cócteles en el hotel Continental, que se encuentra en una calle paralela.


6. Otros monumentos. Catedral: Nada que ver con las catedrales españolas o italianas. Austera donde las haya, construida en ladrillo, esta catedral luterana sorprende al viajero latino. Lo más llamativo del interior es el pequeño retablo barroco y los frescos pintados en el techo. El día de nuestra llegada tomamos algo en el Café Cathedral, que da por un lado a la calle Karl Johans y por otro a la plaza de la catedral. Es una pizzería donde te atienden bien y la comida está buena. Nunca mires los precios en Oslo. Palacio Real: Se encuentra al final de Karl Johans gate y tiene unos jardines muy agradables de pasear, con enormes árboles, patitos, esculturas y fuentes. Ayuntamiento: Lo primero que te dirán sobre él es que allí se entrega el premio Nobel de la paz. Por fuera tiene un aspecto funcionalista, casi soviético, pero interesante. Parlamento: A mitad de la calle Karl Johans se encuentra este edificio, cuya historia es mejor que su arquitectura, de un estilo indefinido parece imitar los palacios románticos franceses.


7. Oslo Street Food. En Oslo se puede comer relativamente bien (comida Noruega) en cualquier sitio. Ningún sitio es asequible. Nosotros nos sentamos en algunos restaurantes. Pero en este mercado puedes comer casi barato. Tiene muchos puestos de comida rápida y mesas grandes para sentarse, tanto en el interior como en la terraza, si no hace frío. Pedimos comida india, mejicana y crepes. Mezclados con turistas y locales echamos un buen rato viendo las colas en la sala de conciertos de la acera de enfrente y a la policía pasar a caballo.