lunes, 20 de enero de 2020

Las siete mejores películas sobre matrimonios

Con permiso de Dolor y Gloria, Historia de un Matrimonio es la película que más me ha conmovido en 2019. Por eso dedicaré esta entrada a repasar las siete películas sobre matrimonios que mayor huella me han dejado. Quedarán fuera otras como Dos en la carretera, Interiores, Te doy mis ojos, La habitación del Hijo o Revolutionary Road que también son muy buenas. Pero estas siete son las que dejaron en mis sentidos un recuerdo más profundo.

1. La Costilla de Adán (George Cukor) (1949). La sempiterna guerra de sexos es el eje sobre el que gira esta divertida y ágil comedia del maestro Cukor, en la que Katharine Hepburn y Spencer Tracy dan vida a un matrimonio que se enfrenta, como abogada defensora y fiscal, en un juicio a una mujer que disparó a su marido. Se trata de una refinada comedia, fruto de la época en que fue filmada, pues sus chistes se encuentran ahora un poco pasados de moda. Sin embargo, su discurso feminista todavía funciona y sigue siendo muy entretenida. Nota de 7,5.

2. Días de vino y rosas (Blake Edwards) (1962). El infierno del alcoholismo de un hombre y de cómo su mujer le sigue al abismo es el tema central de este intenso drama filmado en blanco y negro, con dos actorazos como Lee Remick y Jack Lemmon. Es un honesto intento de reflejar de una manera realista el mundo de las adicciones, en este caso, dentro del matrimonio. Puede que en momentos caiga en el melodrama, pero no me molesta en absoluto. No se parece mucho al resto de la filmografía de Edwards, aunque cuenta como casi siempre con la música de Mancini y filma San Francisco como muy pocos. Nota de 8.

3. ¿Quién teme a Virginia Woolf? (Mike Nichols) (1966). Donde hay confianza da asco. En este drama teatral, adaptación de una obra del siempre rompedor Albee, el matrimonio ya se encuentra destruido. Ya se odian tanto que esposa y esposo se maltratan y humillan el uno al otro incluso frente a otras personas. En algunos pasajes de la película sentí vergüenza ajena del comportamiento de Taylor y Burton, que se encuentran en sus papeles como peces en el agua, recreándose de una manera absurda en discutir por su hijo delante de sus jóvenes invitados, a quienes incluirán en sus crueles juegos sexuales. Nota de 7,5.

4. Secretos de un matrimonio (Scener ur ett äktenskap) (Ingmar Bergman) (1974). Referente para todas las posteriores películas sobre matrimonios, no se trata de una cinta para todos los públicos, porque he conocido gente a la que tanta conversación y tanto mirarse hacia dentro les aburría. A mí no. Yo, que me duermo en las películas de acción, acabo siempre con los ojos como platos tras las conversaciones de estos dos seres infelices, pero felices, solitarios, pero acompañados. Extraordinaria. Nota de 8.

5. Una mujer bajo la influencia (John Cassavetes) (1974). El hombre que inventó el cine independiente dirige a su manera verista una película sobre el matrimonio entre una mujer mentalmente inestable y un hombre que trata de mantener el equilibrio de la familia que quizá él ha pervertido con su actitud violenta. La depresión hay que tomársela en serio, aunque quizá aquí se pasan un poquito, consiguiendo incomodar al espectador. Gena Rowlands y Peter Falk tremendos, como siempre. Nota de 8.

6. Kramer contra Kramer (Robert Benton) (1979). Esta es la historia de una acomodada familia media y de su descomposición. Retrata el vínculo que establece un padre con su hijo de siete años cuando su mujer los abandona por la excesiva dedicación al trabajo de él, y de la lucha por la custodia del niño, llena de mezquindades. Streep y Hoffman dan cuerpo a una buena película, algo misógina para mi gusto, pero que consigue llevar al espectador hasta la lágrima, porque los personajes no son monolíticos, cometen errores y cambian de parecer. A pesar de tratar temas que siguen de actualidad, es una película algo olvidada hoy en día. Pero en su momento ganó el Óscar frente a Apocalypse Now, en un año en que Alien ni siquiera estuvo nominada. Nota de 7,5.

7. Historia de un matrimonio (Noah Baumbach) (2019). Salvo algún crítico que es más inteligente que el resto de la humanidad, todos hemos caído rendidos ante la manera precisa y cruel en la que se relata aquí la fractura de una pareja y su viaje hacia el divorcio. Sin duda bebe de Secretos de un matrimonio y de Kramer contra Kramer, pero han pasado cuarenta años, así que hay que contar las cosas de otra manera, más transparente, más sincera, más igualitaria, más divertida. Además, el guion ha quedado muy redondo, cerrando el círculo en una secuencia final que te regala un gustito agridulce para una buena temporada. Nota de 8.

martes, 7 de enero de 2020

Siete sociedades que han practicado el canibalismo

El canibalismo es una de las costumbres más repugnantes pero, a la vez, más llamativas, de las sociedades humanas. Vamos a conocer algunas de las que han practicado esta aberración, ya sea por motivos religiosos, bélicos o, simplemente, por hambre.

1. Guaraníes. Esta tribu, que habita en zonas de Brasil, Argentina y Paraguay, practicaba el canibalismo como forma de acabar con lo impuro. Los miembros de las tribus enemigas no eran considerados como verdaderos hombres. Por eso, tras matarlos había que comérselos y así purificar su carne. Se dice también que los guaraníes comían la carne de los grandes guerreros enemigos para arrebatarles su energía y alcanzar el estado sin mal, el agujé. Según los testimonios de la época, los prisioneros podían vivir con los miembros de la tribu durante meses e incluso tomar mujer allí, antes de ser sacrificados y comidos en un ritual muy complejo, que incluía danzas y cantos, dramatizaciones, incisiones sangrientas o huesos convertidos en flautas. Los guaraníes, en realidad, no se consideraban caníbales, pues nunca se comían a los de su propia especie, es decir, a los miembros de su tribu.

2. Aztecas. En este pueblo precolombino, que dominaba el México actual, el canibalismo estaba auspiciado por el estado. Se cuenta que el propio Moctezuma quiso agasajar a Hernán Cortes ofreciéndole guisos de carne de niños de corta edad. Algunos historiadores achacan el canibalismo a la falta de animales en la región. Otros señalan que se trataba de una recompensa para alentar a los guerreros a pelear. Otras teorías consideran al canibalismo una forma de controlar la población. Pero la más aceptada es la del sacrificio para venerar a los dioses. Estos rituales se celebraban en la cima de las pirámides, desde donde se dejaban caer los cuerpos. En la parte baja se despedazaban y repartían entre la nobleza y el pueblo.

3. Caribes. Del nombre de esta tribu, que ocupaba parte de Venezuela, Colombia y las Antillas, proviene la palabra caníbal. Ellos le daban un significado religioso a la antropofagia, utilizando como ritual de ofrenda a los dioses el hecho de comerse a los guerreros enemigos. Así alcanzaban un nivel espiritual que les permitía ser invencibles. Los últimos estudios corroboran que los caribes sólo practicaban el canibalismo dentro de rituales religiosos, pues se ha determinado que su dieta estaba basada en el maíz y el pescado. Los exploradores españoles pensaron que los caribes comían regularmente carne humana, pues encontraron en sus casas los huesos de antepasados que los indígenas solían conservar.

4. Monjes Aghori. En la India habitan los integrantes de esta secta, que practican el necro-canibalismo. Es decir, comen carne de cadáveres. Esta forma de canibalismo se enmarca dentro de sus creencias de aceptación de la muerte y superación de los miedos. Para alcanzar su liberación espiritual rechazan los opuestos, entre los que se encuentran los conceptos de bueno y malo. Todo lo que existe en el mundo ha sido creado por Dios, por lo que todo es perfecto y santo. Por eso, un cadáver no es más que materia orgánica.

5. Islas Fiji. Si visitas estas islas podrás comprar recuerdos caníbales y hacer recorridos por los lugares caníbales. Los nativos fijianos consumieron carne humana desde más de 2000 años atrás hasta que fueron colonizados y cristianizados en el siglo XIX. La razón más importante para la antropofagia era, como muchas veces, la de humillar al enemigo, para lo que no hay mejor forma que comerse su cuerpo muerto o, incluso, vivo. También se suponía que si te comías a alguien heredabas su conocimiento.

6. Wari. Esta tribu amazónica, que ocupaba una pequeña parte del actual Brasil, comía carne humana. Los guerreros creían que, al matar a sus enemigos, se llenaban de la sangre de su presa. En consecuencia, no podían comerlos, porque sería como comerse a sí mismo. Por ello tomaban los mejores trozos de carne y los llevaba a su tribu, para que los comieran sus esposas y el resto de hombres. También practicaban la antropofagia con sus propios muertos, como una forma de rendirles homenaje.

7. Korowai. En Papúa Nueva Guinea habitan al menos trescientas tribus. Una de ellas son los Korowai, considerados los últimos caníbales. Se trata de unas 3.000 personas que viven en cabañas construidas en las copas de los árboles, a más de treinta metros sobre los pantanos de la selva. Siguen siendo cazadores-recolectores y practican, o practicaban, el canibalismo como forma de castigar a aquellos que usan la brujería, según ha relatado un explorador que consiguió hablar con ellos y que afirma haber visto a uno de los korowai llevar un cráneo sin cerebro en una bolsa. Este mismo explorador afirma que cocinan la carne humana como la de cerdo, envuelta en hojas de plátano, y que se comen todo menos los huesos, las uñas y el pene.

jueves, 19 de diciembre de 2019

Llamada de mamá

¿No os ha sucedido nunca que, cuando estáis con el teléfono en la mano para hacer una llamada, os entra otra de repente? Esta vez era mi madre quien me hablaba desde el otro lado.
Hola, hijo ¿si llamo a un teléfono que empieza por nueve me cobran de más?
-Eso depende de lo que venga detrás del nueve, ¿Cuál es el número completo?
-Nueve, uno, cuatro, seis, cuatro...
No dejé que terminase de recitar el número.
-A ese puedes llamar sin problemas. ¿Qué tal estás, mamá?
-Bien, un poco taponada la nariz.
Sí, ya le había notado yo algo raro en la voz.
-¿Estás sola?
-No, no estoy sola, estoy con...
Su voz se fue haciendo cada vez más lejana, hasta que dejé de oírla.
-¡Mamá!, ¡Mamá!, te estoy perdiendo. ¡Mamáaa!
Bueno. Mi madre solía llamarme con excusas de lo más peregrinas. Esta conversación no me habría extrañado, si no fuera porque hoy, dos de noviembre, hace siete años y catorce días que se la llevó el cáncer.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Siete claves para hacerse con el poder de un país

Para hacerse con el poder de una nación sólo necesitaremos reclutar a un 30 por ciento de la población, aproximadamente. Eso sí, tiene que ser un 30 por ciento convencido de que el resto no sabe lo que quiere, por lo que necesitan un gobierno que se ocupe de todo. Vamos a señalar siete conceptos, fáciles de apreciar, que nos ayudarán en nuestra propaganda.

1. Patria. La vida de la mayoría de las personas es bastante mala. Por eso, los que vivimos bien debemos conseguir que no piensen en ello, porque en caso contrario armarían la Revolución Francesa. La patria es el sentimiento de formar parte de algo más grande. Ese algo, esa patria, te pertenece, por lo que debes cuidarla como una de tus posesiones más preciadas. Desde el poder debemos construir el sentimiento patriótico, definiendo una serie de símbolos, como la bandera o el himno, así como una serie de hitos históricos determinantes para la fundación de la patria que ahora disfrutamos. Si lo hacemos bien, tendremos a mucha gente desfilando gratis detrás de nosotros.

2. Enemigos interiores. Ahora que ya has dado a los pobres algo que creen suyo, como la patria, debes inventarte unos enemigos que quieren acabar con ella, para que todos los patriotas se unan para defenderla. Ahora mismo, el enemigo interior más importante son los comunistas, que quieren acabar con los valores propios de nuestra cultura. En España, por ejemplo, con la caza, los toros, la paella, el flamenco y las procesiones, ¿Qué importa que la gente no haya cazado en su vida, no haya ido a los toros o no soporte más de diez minutos escuchando flamenco? Si les das una patria lo defenderán. Las feministas quieren acabar también con otras tradiciones, como la libertad del hombre para hacer su vida.

3. Enemigos exteriores. Los inmigrantes y los refugiados quieren venir aquí y apropiarse de nuestro trabajo, de nuestras mujeres, de nuestra tierra. Convertirán nuestro país en una sucursal de los suyos, ya sean moros, rusos, rumanos, negros o sudamericanos. Es importante decirle a la gente de aquí que los de allí son sus enemigos, por si no se han dado cuenta. Hay que prometerles que los echaremos a todos, aunque no sea verdad, porque las filipinas son las mejores para cuidar de los niños y de la casa. No se quejan nunca y salen baratas.

4. Cultura. Si dejamos a los extranjeros y a los comunistas hacerse con el poder, conseguirán acabar con nuestra cultura europea occidental, que nos ha costado miles de años poner en pie. Obligarán a todas nuestras mujeres a llevar velo, obligarán a nuestros niños a cantar la internacional en el patio del colegio, quemarán nuestras iglesias, prohibirán el fútbol, nos obligarán a casarnos entre hombres, nos obligarán a vestir todos iguales, prohibirán la biblia y persignarse, eliminarán los Reyes Magos, nos obligarán a matar a nuestros bebés, nos prohibirán usar nuestro coche cuando queramos. La vida será oscura como en la Rusia de Stalin o en el Irán de los ayatolás.

5. Raza. Debemos mantener la raza lo más pura posible. Ya el doctor Don Antonio Vallejo-Nájera, en 1937, abogaba por una supercasta hispana, étnicamente mejorada, robusta moralmente, vigorosa en su espíritu. Cualquier contaminación proveniente de negros, moros, sudamericanos, homosexuales, marxistas y demás gentes inferiores en cuerpo o espíritu, provocará que el hombre español se degrade. Quizás no lo estoy explicando bien y así escrito parece ridículo. Pero con las palabras adecuadas y en un mitin rodeado de miles de personas estos argumentos, bien lanzados, te alcanzan. Y busca en internet, verás como encuentras estudios aparentemente científicos sobre la pureza de la raza española.

6. Trabajo. Todo aquél que haya estado en el paro recordará lo mal que se sentía. Por eso, hay que prometer que todo el mundo tendrá trabajo. Todo el mundo de aquí, los que te pueden votar. Para ello, lo primero que hay que hacer es echar a los inmigrantes, que nos quitan el trabajo. Debemos tener en cuenta que estamos dirigiéndonos a gente lerda, porque hay que ser muy lerdo para que un recién llegado que casi no habla español te quite el trabajo. Por eso se creerán que echando a los inmigrantes van a conseguir un buen trabajo. No se darán cuenta que los inmigrantes realizan los peores trabajos y cobran una miseria. Hay que prometer también que vamos a recortar políticos y sueldos de políticos para darles ese dinero a los pobres de aquí, que eso siempre queda muy bien.

7. Miedo. En resumen, hay que infundir miedo en la gente. Si tienen una casa hay que inculcarles el miedo a que la pierdan o se la ocupen. Si tienen un coche hay que inculcarles el miedo a que se lo quiten o no dejen que lo usen. Si tienen un trabajo hay que inculcarles el miedo a que otro lo ocupe. Hay que hacerlos partícipes de la propiedad de la nación, para que tengan miedo de que esta se rompa, porque es suya. Por supuesto, hay que inculcarles el miedo a perder la vida, que es su bien más preciado. Pero a la vez, hay que llamarlos valientes si son capaces de dar la vida por su país.

Yo creo que, si trabajamos bien, dentro de algunos años conseguiremos este 30 por ciento que necesitamos en las elecciones, para a continuación suprimirlas y dirigir a nuestra nación como se merece, sin estorbos pseudodemocráticos.

lunes, 18 de noviembre de 2019

Siete novelas de Mario Vargas Llosa

Uno de mis tres o cuatro escritores preferidos es el premio Nobel peruano. Y aunque últimamente le escucho pontificar de una manera que no comparto en absoluto, no tengo más que abrir algún libro suyo para reconciliarme con una de las personas que mejor maneja el idioma castellano. Estas son las siete novelas que más me gustan del genio de Arequipa. Como veréis, ya hace tiempo que las escribió. No es que no aprecie las nuevas, incluso me gustó mucho "El héroe discreto", pero como las antiguas las leí de joven, su recuerdo me llena de añoranza.

1. La ciudad y los perros. La vida de los cadetes de tercer año en el colegio militar Leoncio Prado de Lima, a los que los de cuarto y quinto apodan "Los perros", sorprende por la universalidad de los temas que trata, a pesar de su aparente localismo. Es un alegato antibelicista de primer nivel, reflejando muy bien ese espíritu castrense que deforma la personalidad de los muchachos. Estos, los perros, parecen en la obligación de dar rienda suelta a la pasión de la juventud, pero no conocen otra manera que la violencia de una virilidad mal entendida. Narrada con numerosos flashbacks que aportan color e intriga a la novela, todos aquellos que hemos sido pequeños hombres adolescentes nos veremos reflejados en alguno de los variopintos, aunque muy bien retratados, personajes.

2. La casa verde. En su segunda novela, Vargas Llosa experimenta realizando un trabajo de orfebrería para contarnos varias historias alrededor del burdel que da título al libro. La narración exige un lector atento, pues comienzas a leer historias inconexas que se van entrecruzando hasta unirse en el epílogo formando un fresco de una época sin tiempo y de unos personajes y unos escenarios que, pareciendo reales, son también metáforas de nuestro mundo partiendo de otro distinto, duro, cruel hasta lo desagradable, pero casi mágico. Encontré en ella la influencia de Faulkner y de García Márquez.

3. Pantaleón y las visitadoras. Esta novela me hizo reír como pocos libros lo han conseguido. La historia de un recto y joven capitán del ejército que tiene que organizar un servicio de prostitutas para los soldados destacados en la selva amazónica es una fuente inagotable de situaciones ridículas, bien aprovechada por el escritor peruano. Pero, además, en el libro encontramos mucha carga de profundidad contra la hipocresía de la institución militar y contra el fanatismo religioso.

4. La tía Julia y el escribidor. Se cuenta aquí, de una manera muy novelesca, eso sí, la historia de amor que el escritor vivió con su tía. Además de la interesante historia entre el jovenzuelo y su amada, se narra la relación del chico, que trabaja como redactor de noticias en la radio, con Pedro Camacho, un autor de folletines radiofónicos que, casi quijotescamente, pierde la cabeza por trabajar tanto, hasta que confunde todas las tramas de sus radionovelas. El libro también es una reflexión, con mucho humor, sobre la diferencia entre la buena literatura y la de los simples escribidores.

5. La guerra del fin del mundo. Es esta la historia de la revolución de Canudos, que se produjo a finales del siglo XIX en el norte de Brasil, y de como el gobierno necesitó para atajarla cuatro batallas, a cual más cruenta. Se relata con la maestría habitual de Vargas Llosa cómo el fanatismo religioso de un legendario personaje llamado El Consejero convenció a los desarrapados para luchar contra el poder establecido e instaurar en la ciudad una especie de Utopía santera. Además, es maravillosa la capacidad del autor para narrar las batallas con tal detalle que puedes masticar el polvo y sentir el cansancio de los combatientes.

6. Historia de Mayta. Una de las novelas más olvidadas de Mario Vargas Llosa es también una de las más comprometidas. Relata de manera novelada la patética historia de Alejandro Mayta, comunista convencido que intentó, con mucha convicción pero con pocos medios y poca cabeza, llevar la revolución al Perú en los años 50 del siglo XX. Es un libro muy ameno en su lectura, pues te atrapa desde el principio, combinando la peripecia con la conversación, la primera persona con la tercera o la realidad con los ideales. Y contiene una reflexión muy interesante sobre cómo la memoria distorsiona la realidad, aun sin pretenderlo.

7. Elogio de la madrastra. La dulce felicidad amatoria (y pictórica) de don Rigoberto y su nueva mujer, Lucrecia, se extiende a su hijo Fonchito, que siente por su madrastra un limpio y candoroso amor. En una pequeña y delicada obra maestra de la literatura erótica, Vargas Llosa nos sitúa frente a la sensualidad en un relato transgresor, que se va volviendo incómodo hasta llegar a un ¿inesperado? final. Se lee casi de una sentada, pero seguramente la recordarás mucho tiempo.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Siete lugares de un viaje a Zamora

Del 27 al 29 de septiembre de 2019 nos acercamos a la bella ciudad de Zamora y a algunos lugares cercanos a ella para disfrutar con tranquilidad. Aquí dejo lo que vi con mis ojos y toqué con mis manos.
1. Hostería Real de Zamora. Elegimos para alojarnos este hotel de tres estrellas construido en el siglo XVI, que fue Palacio de la Inquisición. Se encuentra junto al Río Duero pero muy cerca del centro de la ciudad. Es un hotel cómodo a pesar de mantener su estructura y decoración renacentista y el personal es bastante amable. Las habitaciones también son confortables aunque pasamos algo de calor, pues nos pusieron la calefacción por la noche.
2. Catedral y Castillo. Muy cerca de nuestro alojamiento se encontraba la Catedral, situada en una plaza donde se suelen celebrar eventos populares y que es más bonita por fuera que por dentro. Junto a la Catedral, y rodeado de unos jardines magníficos, desde los que se observan estupendas vistas del río y la ciudad, puedes visitar gratuitamente lo que queda del castillo aunque, en mi opinión, deberían cobrar algo, porque se cuela gente que molesta al visitante tranquilo.
3. Centro y calles comerciales. Nos sorprendió muy gratamente el ambiente que se respira en la ciudad los viernes y los sábados por la noche. Desde la Catedral tomamos la Rúa de los Notarios, donde cenamos uno de los días en Depicoteo, un restaurante que no está nada mal. Seguimos por la Rúa de los Francos hasta llegar a la Plaza Viriato, donde tomamos algo en la terraza del Parador de Turismo, que está perfectamente integrado en la arquitectura de la ciudad. Pasamos por la puerta del teatro y compramos chorizo en Entrevinos y chocolate en La Abacería. Llegamos a la Plaza Mayor, donde no aconsejo comer en El Colmado. La comida no está buena. Donde sí recomiendo encarecidamente entrar es en el Bar Sevilla, donde las tapas son exquisitas, variadas y bien elaboradas. Está situado en la zona de Lobos, a donde llegas si sigues por la Calle Santa Clara, la zona comercial por excelencia. Otra calle que tiene multitud de bares con muy buena pinta es la Calle de Los Herreros, que baja desde la Plaza Mayor hasta la zona del río.
4. Miranda do Douro. Viajando hacia el oeste desde Zamora llegas a este pueblo portugués que, además de las consabidas calles comerciales donde puedes comprar toallas y muebles, tiene una zona antigua muy bonita y bien conservada, con sus plazas, sus casitas curiosas, su muralla y su gran iglesia, que se divisa desde kilómetros.
5. Estación biológica internacional. A los pies de Miranda fluye de nuevo el Río Duero, en cuya orilla, frontera de España y Portugal, se ha instalado una estación biológica que tiene programados pequeños cruceros. Debes reservarlo con anterioridad, porque te puedes quedar sin plazas. Cada hora sale un barco con unas cien personas a bordo y se adentra por el río en un paraje natural precioso y abrumador en el que habitan aves rapaces y nutrias, aunque nosotros solo vimos buitres en las alturas. El crucero, de una hora de duración, es muy didáctico y con un poquito de ciencia a nivel usuario. Después puedes probar el vino de la tierra y comprar algún recuerdo.
6. Bodegas Fariña. El domingo aprovechamos la vuelta a casa para parar en la localidad de Toro y visitar esta bodega familiar. En sus coquetas instalaciones nos explicaron cómo la denominación de origen Toro ha cambiado y mejorado mucho con los años, lo cual pudimos comprobar catando unos cuantos vinos. También nos mostraron la joya de la corona, el vino que llaman "Primero", un vino de maceración carbónica muy sencillo de fabricar pero muy esperado en el mundillo vitivinícola, y que promueve un concurso para poner una obra de arte distinta cada año en la etiqueta de las botellas.
7. Toro. Acudimos a comer al Restaurante La Colegiata, que se encuentra en el centro del conjunto histórico-artístico, junto a la plaza y la iglesia del mismo nombre. Menú turístico sin más, aunque no estaba malo. Después paseamos desde la Colegiata, bello templo del siglo XII, por la Calle Mayor, hasta la Puerta del Reloj, muestra de arquitectura popular del siglo XVIII. Seguimos por la Calle Corredera y pudimos sentir el ambiente de domingo de una pequeña ciudad en un entorno medieval muy agradable. Muchos restaurantes, bares y tiendas de productos de la tierra.

viernes, 25 de octubre de 2019

Siete nociones clave sobre Lo que el dinero no puede comprar, de Michael Sandel

Intentaré resumir en poquitas líneas las ideas plasmadas por el controvertido filósofo estadounidense en este sencillo ensayo, que ha escocido entre las huestes del neoliberalismo. No seguiré los capítulos del libro, sino que incidiré sobre los pensamientos más importantes que contiene.

1. No todo se puede comprar o vender. Esta es la primera idea que nos quiere transmitir Sandel. Muchos economistas sostienen que todo es susceptible de ser comprado y vendido. Sin embargo, hay ciertas cosas que no pueden entrar en el mercado, y hasta los economistas deben estar de acuerdo en ello; por ejemplo, los seres humanos, porque eso es esclavitud; tampoco las personas pueden vender su voto; un premio Nobel o un Oscar no pueden ser comprados. Sin embargo, es posible comprar niños aún no nacidos, órganos humanos y el cuerpo de las prostitutas; se vende el cuerpo de uno mismo para probar fármacos; se compra el derecho a cazar rinocerontes o a emitir gases contaminantes a la atmósfera.

2. Mercados y moralidad. Nuestro autor cree que es importante abrir un debate, que ahora mismo apenas existe, sobre la moralidad de los mercados. El libro se encuentra trufado de ejemplos de bienes que tienen un mercado pero que no deberían tenerlo por cuestiones morales. Opone la ética de las colas a la ética del mercado, con ejemplos como hacer cola para conseguir una entrada para una misa del papa en un estadio y después revenderla. También se refiere a los incentivos, que considera sobornos, con ejemplos como pagar a los niños por lavarse los dientes o leer libros, o admitir a un país únicamente a los inmigrantes que aporten una cantidad de dinero, tratándolos como mercancías.

3. Multas vs. tarifas. Para demostrar que el mercado no sirve siempre, Sandel pone como ejemplo las multas. Algunas personas ricas pueden considerar las multas de tráfico como meras tarifas por poder correr más con su coche. Pero una gran velocidad acarrea mucho peligro en la carretera, por lo que, según Sandel, esa actitud debería encontrarse estigmatizada socialmente. Existen valores no mercantiles que merecen ser protegidos.

4. ¿Todas las decisiones que tomamos son económicas? Últimamente se ha impuesto entre ciertos economistas una visión económica de todo el comportamiento humano. Según esta teoría, todas las decisiones que tomamos son económicas, aunque no lo sepamos. Sandel opina que el utilitarismo económico no debe ser aplicado a campos como el sexo, la procreación, la crianza, la educación, la salud, las penas por delitos, la política de inmigración y la protección del medio ambiente. Un marido o una esposa no debe regalar dinero a su cónyuge, aunque sea más eficiente. Al elegir un regalo le está diciendo cuánto le quiere y le conoce, lo que es mucho más romántico que el vil metal. El regalo indica consideración o cortesía, más que las tarjetas regalo.

5. Los mercados desplazan la moral. La fe de los que creen en el mercado tiene dos principios: el primero es que la comercialización de una actividad no cambia dicha actividad. Sin embargo, en Suiza, un pueblo estaba dispuesto a almacenar residuos tóxicos gratis si era por el bien del país; pero cuando les ofrecieron dinero por almacenarlos descendió la disposición de la población a aceptar el sacrificio. Otro ejemplo: los estudiantes que recaudan gratis fondos benéficos obtienen mejores resultados que los que van a comisión. El segundo principio de la fe en el mercado es que hay que economizar el comportamiento ético. Sin embargo, nuestra capacidad de amar o de ser buenos no disminuye con el uso, sino que aumenta con la práctica. Sandel distingue entre las motivaciones intrínsecas (como la convicción moral) y las externas (como el dinero).

6. Primera objeción a los mercados. Michael Sandel diferencia entre una economía de mercado y una sociedad de mercado, en la que todo se puede vender. Opone dos objeciones a los mercados. La primera es la relativa a la justicia. Los mercados crean desigualdad, lo que puede provocar que el mercado no sea completamente libre. Por ejemplo: si se paga por las donaciones de sangre se explota a los pobres, que son los únicos que irán a donar por dinero. La gente rica y la de recursos modestos viven cada vez más separados. Tomando como ejemplo los recintos deportivos, nos enseña que la democracia esencial del deporte de masas, que hacía que el rico y el pobre se sentaran codo con codo en los estadios, se perdió con la aparición de los palcos de lujo. Esto ha sucedido en muchos otros ámbitos de la vida, y es lo que él denomina palquificación de la sociedad.

7. Segunda objeción a los mercados. La sociedad de mercado corrompe los bienes que se venden. La compra y venta de seguros de vida de los trabajadores convierte la muerte en una mercancía. La publicidad tiene un efecto corrosivo sobre los productos que tradicionalmente no han sido objeto de ella. Los municipios hace tiempo que han permitido patrocinar sus instalaciones. Las cárceles y los colegios de Estados Unidos también emiten anuncios. En los colegios, el material suministrado por los anunciantes está repleto de sesgos. La publicidad predica lo contrario de la educación, desear cosas frente a pensar, por eso corrompe. Nuestra única esperanza de mantener los mercados en su sitio es reflexionar sobre el significado de los bienes y las prácticas sociales.