lunes, 26 de agosto de 2019

Siete lugares de la costa cantábrica

El mes de julio de 2019 lo pasamos casi completo visitando diversos lugares de la costa cantábrica, en las comunidades de Asturias, Cantabria y el País Vasco. Algunos nos gustaron, como Ajo, otros nos decepcionaron, como Solares o Santoña, pueblo este último del que teníamos un recuerdo mucho más agradable, pero que encontramos muy abandonado. Sin embargo, ciertos lugares nos volvieron a conmover o nos conmovieron por primera vez. Aquí os dejo mis impresiones de siete de ellos, que nunca había comentado, ordenados de Oeste a Este. Como siempre, no contaré nada que no haya visto ni tocado en persona. Así que esto no puede considerarse una guía de viajes, sino los recuerdos de un visitante tranquilo.
1. Ribadesella. El pueblo turístico por excelencia de Asturias contiene la playa de Santa Marina, de fina arena y con un precioso paseo. Allí se encuentra el Hotel Don Pepe, tranquilo y bien atendido. Imprescindible en Ribadesella es visitar la cueva de Tito Bustillo, eso sí, reservando con unas semanas de antelación. El recorrido y las pinturas rupestres te dejan con la boca abierta. Conviene acercarse también a la cuevona. Te sorprenderá su tamaño y el entorno. Para tomar algo acompañado de un culín de sidra, la calle de los Marqueses de Argüelles, junto al mar, está llena de bares y restaurantes, aunque por las calles del pueblo se pueden descubrir muchos otros. Allí he tomado las mejores navajas del mundo. El paseo hasta la ermita de la Virgen de la Guía es muy recomendable y tiene la sorpresa de los azulejos dibujados por Mingote.
2. Comillas. Es este un pueblo costero que merecería sólo la pena visitar por la casa denominada "El Capricho", diseñada por Gaudí. Ya por fuera es espectacular, pero conviene seguir una visita guiada para que te expliquen bien su historia y el motivo de su originalísimo diseño. Es curioso saber que pertenece a una empresa privada japonesa cuyos dueños, parece ser que multimillonarios, gustan de vivir en Comillas y trabajar todo el año en la casa. El Palacio de Sobrellano palidece al lado de El Capricho, pero su visita también es interesante. Conviene pasear por el pueblo para disfrutar de sus edificios y acercarse al mirador de Santa Lucía, desde cuya ermita tendréis unas vistas magníficas de la playa. Comimos en el Restaurante Quique, al comienzo de la Calle Infantas, donde probamos el cocido montañés. A los restaurantes de estos sitios turísticos es mejor acudir a la una o una y media, porque todavía no tienen muchos clientes y la atención es bastante mejor que a las dos y media o las tres.
3. Liérganes. Considerado uno de los más bonitos de España, este pueblo cántabro destaca por su núcleo urbano declarado de interés histórico-artístico, donde se puede pasear con sosiego. Por supuesto hay que acercarse al molino donde te cuentan la leyenda del hombre pez, cuya estatua se encuentra debajo de uno de los puentes más fotografiados de la región, el puente romano sobre el río Miera.
4. Liendo-Ramales de la Victoria. Una pequeña ruta nos llevó a visitar en un día estos dos pueblos. Liendo se encuentra incrustado entre las montañas y el mar. Su valle se ve precioso desde los miradores circundantes y el pueblo es tranquilo y está bien conservado. Merece la pena acercarse al mirador de San Julián, desde donde verás la cala del mismo nombre y los acantilados más altos de la región. Ramales de la Victoria nos acogió con una tromba de agua, por lo que no pudimos pasear tranquilamente por sus calles, pero sí comprobamos que mantiene ese aire cantábrico de piedra tan relajante. Cerca del pueblo hay muchas cuevas, pero no pretendíamos ni acercarnos. Buscábamos el mejor restaurante y nos metimos en El Ronquillo. Pensábamos comer por todo lo alto. Pero como no íbamos vestidos de domingo sólo nos ofrecieron el menú, que no estaba mal. Sin embargo, al terminar de comer preguntamos y nos dijeron ¡Ah! ¿Queríais comer a la carta? Nos habían prejuzgado por ir en vaqueros. Ay, ay, ay.
5. Castro Urdiales. En este animado pueblo aparcamos el coche en la playa urbana de Brazomar, y desde allí anduvimos por todo el paseo marítimo, lleno de gente, bares y jardines, divisando la silueta del castillo y la iglesia, que se encuentran al otro lado del puerto. Llegamos hasta la plaza del ayuntamiento, donde comienza el barrio más antiguo de la villa. Hay un gran ambiente y parece un lugar para visitar con más detenimiento.
6. Getxo-Portugalete. A cada lado del Abra, estuario del río Nervión, ya convertido en ría de Bilbao, se encuentran estas dos poblaciones; Getxo más señorial, Portugalete más humilde. Empezamos visitando el Puerto Viejo de Getxo, con sus callejones empinados y sus bares. Después, andando por el paseo, junto a la playa de Arrigunaga, puedes ver una serie de preciosos palacetes mandados construir por los indianos, que volvían ricos de América. Llegarás al final al puente de Vizcaya, maravilla de la ingeniería, por el que cruzarás la ría hasta Portugalete. Allí también puedes pasear junto al agua hasta Santurce, o entrar en la preciosa oficina de turismo, instalada en una antigua estación de tren. Eso sí, hay que ir parando en los pocos sitios de pintxos que encontrarás por el paseo. En Getxo paramos en La Ola y en el restaurante El Puente; en Portugalete tomamos algo en el Puerto Deportivo, que tiene una estupenda terraza con magníficas vistas, y en el Gran Hotel Puente Colgante.
7. Bilbao. Es esta una ciudad más bonita de lo que me esperaba. Nada que ver con la Bilbao sucia de los años 70 y 80 del siglo XX. Es moderna y limpia, y encontraréis edificios de gran belleza en el centro de la ciudad. La visita al museo Guggenheim merece la pena, aunque sólo sea por la originalidad de su arquitectura. Por dentro, arte moderno. Por fuera, algunas esculturas icónicas, como el perrito o la araña. Después aparcamos el coche en el centro y cruzamos la ría para dirigirnos al Casco Viejo, donde probamos pintxos exquisitos en la Plaza Nueva. Allí entramos en Sorginzulo, en el Bar Charly y en el Café Bar Bilbao. Después paseamos por las siete calles para llegar al Mercado de la Ribera, donde sólo pudimos ya tomar algo en la cervecería Arambarri, porque íbamos llenísimos. Os puedo asegurar que los pintxos en Bilbao son de otro nivel.

jueves, 1 de agosto de 2019

Siete países que quisieron tener la bomba atómica

Hay grandes naciones que se sienten fuertes porque poseen armamento atómico. Hay otras naciones que en su día quisieron tener ese armamento o que siguen deseando tenerlo pero no lo han conseguido. Son los quiero y no puedo de los países. Vamos a recordar la manera en que cada una de ellas intentó conseguir la bomba atómica.

1. Alemania. Se llamó proyecto uranio al plan de los nazis para fabricar la bomba atómica. Al frente se colocó a Werner Heisenberg, que estudió como dividir (fisionar) átomos de uranio bombardeándolos con neutrones. Los científicos alemanes se afanaron en conseguir un explosivo a partir de esa fisión nuclear. Para obtenerlo fabricaban un elemento que era necesario, el agua pesada, en una factoría en Noruega. Un miembro de la resistencia noruega, Joachim Ronnenberg, se introdujo en la fábrica y la destruyó colocando cargas explosivas, lo que retrasó los planes de los nazis. La evolución de la guerra desfavorable para Alemania hizo el resto.

2. España. Hubo un intento en los años 47 y 48, que no duró mucho, de crear una bomba atómica con ayuda de científicos nazis e italianos (incluso se dice que Heisenberg y Otto Fritz estuvieron en España). Posteriormente se llamó Islero (como el toro que mató a Manolete) al proyecto de fabricación de armamento atómico español, que Franco inició en los años 60 pretendiendo ganar respeto internacional y disuadir a Marruecos de un posible ataque. Los restos de las bombas caídas en Palomares ayudaron en alguna medida a los científicos españoles para la fabricación de un artefacto propio. España siguió con su proyecto incluso tras la muerte del dictador. Pero las presiones del presidente Carter de Estados Unidos consiguieron que se abandonara la idea. En 1987, el gobierno socialista firmó el tratado de no proliferación de armas nucleares.

3. Argentina. En 1949, un tal Ritcher, de Alemania, convenció a Perón de que era capaz de construir una bomba de nitrógeno. El propio presidente se olvidó de los secretos de estado y quiso tirarse el pisto, dando una rueda de prensa en 1950, en la que aseguró que en dos años Argentina estaría en condiciones de fabricar la bomba. Se montó una enorme planta de agua pesada en el sur, pero pasó el tiempo y la cosa no funcionó, por lo que se abandonó el proyecto. Parece que Ritcher sabía algo de física nuclear, pero no tanto. Sin embargo, durante esos años el país se llenó de espías de todo el mundo, atentos a lo que pasaba.

4. Brasil. En 1974, el presidente brasileño Ernesto Geisel, que gobernó durante una etapa de la dictadura, temiendo que Argentina estuviera intentando fabricar armas atómicas, comunicó al Alto Comando de las Fuerzas Armadas la necesidad de desarrollar una tecnología para la utilización de la explosión nuclear para fines pacíficos (sic). José Sarney, el primer presidente democrático tras la dictadura, confesó que conoció en 1986 la existencia de un pozo cavado por las fuerzas armadas para probar una bomba nuclear. En 1988 este país firmó el tratado de no proliferación de armas nucleares.

5. Yugoslavia. El antiguo país balcánico tenía en 1979 el uranio y el conocimiento suficiente para fabricar su propia bomba atómica. Esa posibilidad dependía únicamente de la voluntad política. Pero Tito se encontraba ya delicado de salud y había dejado de desempeñar un papel destacado en la toma de decisiones del país. Muchos miembros de la clase dirigente ya veían el futuro de Yugoslavia dividido en otras repúblicas y por eso no se decidieron a dar el paso.

6. Irak. Desde la primera guerra del Golfo en 1990 hasta el comienzo de la segunda en 2003, numerosas informaciones en periódicos supuestamente prestigiosos "bombardeaban" a la población mundial con la posibilidad de que Sadam Husein estuviese fabricando la bomba atómica. Ya en 1991 la ONU ratificaba los avances de los iraquíes, aunque no se habían encontrado las instalaciones para el enriquecimiento de uranio. En 2002 se afirmaba que Bagdad estaba a unos meses de conseguir la bomba. Irak siempre lo negó y no se ha podido demostrar hasta la fecha. Sí es cierto que hacia 1980 Husein usó armas químicas contra los kurdos, pero en la década de los noventa fueron eliminadas bajo la supervisión de los inspectores de Naciones Unidas. Son las famosas armas de destrucción masiva que nunca se encontraron tras la invasión de 2003.

7. Venezuela. En 2008, según Wikileaks, Hugo Chávez tenía esperanzas de construir un reactor nuclear. En 2009, a raíz de que se encontraran nuevas reservas de petróleo y gas en Venezuela, la opinión internacional comenzó a afirmar que el país estaba intentando fabricar la bomba atómica. Su presidente lo negó y, tras el desastre de Fukushima, canceló el programa nuclear. Desde entonces, los líderes bolivarianos han resultado huesos duros de roer para las grandes corporaciones petrolíferas de Estados Unidos y Europa y para sus dirigentes políticos. Todavía no hemos visto la bomba atómica venezolana, pero si existe, seguro que va pintada de vivos colores.

lunes, 1 de julio de 2019

Siete escritores que permanecieron en España tras la guerra civil

Durante la guerra civil española y tras finalizar la misma, muchos escritores e intelectuales se exiliaron. Sin embargo, algunos autores, a pesar de no comulgar con las ideas fascistas, permanecieron en España. Intentaremos aquí relatar de manera muy breve sus peripecias. Para otro día dejaremos el análisis de sus obras.

1. Jacinto Benavente (1866-1954). El feo adjetivo chaquetero ha sido empleado para describir la ideología política del premio Nobel pues, tras apoyar la dictadura de Primo de Rivera, en 1933 perteneció a la asociación de amigos de la Unión Soviética. Permaneció durante la guerra civil en zona roja, en Madrid y Valencia, donde fue homenajeado repetidamente, envió una carta contra la muerte de García Lorca e incluso estrenó una obra, Santa Rusia. Sin embargo, al acabar la contienda, manifestó que le habían obligado a comulgar con la república bajo amenaza de muerte. Por ello comenzó a escribir obras teatrales de adhesión al nuevo régimen y acudió a manifestaciones de exaltación del franquismo, lo que le congració definitivamente con los nuevos dirigentes que, en un principio, habían censurado sus obras, quizá también por su condición de homosexual.

2. Vicente Aleixandre (1898-1984). Su padre era un hombre de derechas que fue destituido de su empleo en el ferrocarril por adherirse al golpe de estado. Sin embargo, Vicente tenía ideas izquierdistas, que no habían evitado su detención por los republicanos durante veinticuatro horas en 1937. Tampoco las autoridades republicanas le permitieron viajar a Francia para cuidar su frágil salud (le habían extirpado un riñón). Desde entonces optó por el silencio y, alejado de la vida pública, permaneció en su casa de Madrid, desde la que se relacionó con poetas jóvenes y escribió lo mejor de su obra. Nuestro premio Nobel fue proclive a la reconciliación de las dos Españas, manteniendo una actitud de distanciamiento crítico con el régimen franquista, que lo nombró académico de la lengua en 1949.

3. Dámaso Alonso (1898-1990). Al principio de la guerra, el insigne poeta se refugió en la Residencia de Estudiantes de Madrid, pues temía a las represalias por tener familiares en el bando franquista. Después, y a pesar de colaborar en Valencia con la revista republicana Hora de España, no fue represaliado por el régimen fascista, por lo que pudo acceder a una cátedra en la universidad y ser nombrado académico de la lengua en 1945.

4. Gabriel Celaya (1911-1991). De familia vasca acomodada, Celaya fue combatiente en el bando republicano. Él mismo contaba que, cuando cayó Bilbao, en un acto de cobardía, se arrancó sus insignias de capitán y se presentó ante el enemigo como soldado raso. También confesó que se libró de ser juzgado y fusilado, ya que, cuando fue llevado al campo de concentración de Palencia, el padre de su novia, alto mando militar en el bando sublevado, destruyó su expediente, pero a cambio de que se casara con su hija. El matrimonio sólo duró siete años, durante los que el poeta permaneció como ingeniero en la fábrica de su familia en San Sebastián, hasta que conoció a Amparo Gastón y decidió cambiar su vida.

5. Blas de Otero (1916-1979). El poeta bilbaíno estuvo en ambos bandos durante la guerra, pues participó como sanitario en los batallones vascos pero, tras la toma de Bilbao, cayó prisionero y estuvo en un campo de concentración, desde donde fue enviado a luchar en el frente de Levante con el ejército franquista. Se trata del ejemplo paradigmático de eso que han llamado "exilio interior" pues, a pesar de que se afilió al partido comunista en 1952, siguió viviendo en España, aunque pasó largas temporadas en Francia y Cuba.

6. Antonio Buero Vallejo (1916-2000). El insigne autor teatral fue llamado a filas en 1937 por los republicanos. Cuando fue capturado pasó algún tiempo en un campo de concentración del que fue liberado. Pero en 1939 fue detenido y condenado a muerte por su actividad en el Partido Comunista. Tras conmutarle la pena por 30 años de prisión, salió de la cárcel tras siete años en diversos penales de España. A partir de ahí comienza su aclamada obra dramatúrgica.

7. Gloria Fuertes (1917-1998). Sólo tenía 16 años cuando comenzó la guerra incivil, como ella la llamó, en la que perdió a un novio republicano. La experiencia de la contienda española marcó su carácter pacifista. Para ganarse las habichuelas comenzó a trabajar en el Ministerio de Información y Turismo. Sin embargo, pronto pasó a vivir de la poesía, dedicándose a publicar poemas para niños, pero también poesía adulta, con versos que esquivaban la censura. Abanderada del amor natural, escribió a aquellos que son diferentes, como los homosexuales o los travestidos. No hay que olvidar que su gran amor, desde los años 70, fue una mujer.

miércoles, 12 de junio de 2019

Siete nociones clave sobre el pensamiento débil de Gianni Vattimo

Vamos a detenernos en la interesante teoría del pensamiento débil, concebida por Gianni Vattimo. Intentaré definir ciertos conceptos que nos ayudarán a comprenderla, procurando, como siempre, ser conciso y no demasiado farragoso, para conseguir una visión clara, aunque somera, de las ideas del filósofo italiano:

1. Modernidad. La modernidad es el resultado de un proceso que duró siglos y que llevó desde el feudalismo a la Revolución Francesa. La aparición de nuevas tecnologías provocó una mayor riqueza general y el surgimiento de nuevas clases sociales, ideologías e instituciones que se enfrentaron entre sí. Se llega así a una época de grandes verdades, de fundamentos consistentes, de visiones del mundo concretas y seguras a través de un acontecer lineal del pensamiento, una progresiva iluminación en la que se van superando etapas y en la que lo nuevo se interpreta como lo valioso.

2. Posmodernidad. Pero el concepto de progreso muere con la muerte de la modernidad. La idea decimonónica de liberación del ser humano debe ser ya considerada imposible. La modernidad termina cuando la historia no puede ser ya considerada como algo unitario, unívoco y unidireccional, pues la sociedad occidental se da cuenta de que hay otras historias, que su modelo de racionalidad no tiene por qué ser el único y verdadero. Con la sociedad de la comunicación las minorías pueden ya tomar la palabra. La posmodernidad convierte nuestro mundo en una especie de batiburrillo informativo que ya no nos lleva hacia ese idealizado futuro justo y solidario que íbamos a construir.

3. Nihilismo. Vattimo propone, siguiendo a Nietzsche, aceptar la muerte de Dios, pero no en general, sino en nuestra cultura, lo que significa aceptar la desvalorización de los valores supremos. El hombre posmoderno ha comprendido que, al perder su fundamento metafísico, la vida ya no tiene sentido. Los nuevos valores son superfluos, pues ya no se basan en la lógica, sino en la retórica o la estética. Tratamos entonces de un nihilismo concebido no ya como una actitud pesimista, sino como un acontecimiento histórico. El nihilismo debe ser asumido como nuestra única posibilidad, no tenemos más remedio que acostumbrarnos a vivir con la nada.

4. Hermenéutica. Dentro de la filosofía, la hermenéutica se concibe actualmente como la comprensión de las acciones humanas en su contexto histórico y social, tarea harto difícil. La hermenéutica débil que propugna Vattimo es aquella en la que no llegamos a una interpretación rigurosa de la verdad de las cosas o los textos, sino sólo a una aproximación. Así, siguiendo a Heidegger, concibe la verdad como aletheia, como desvelamiento de algo que estaba oculto y ahora se muestra a la luz. Este desocultamiento sirve para descubrir que no hay realidad, que todo es máscara. Y la más difícil de quitar es la que empleamos los sujetos para presentarnos en sociedad.

5. Pensamiento débil. Con las nociones que hemos aprendido, podemos ya acercarnos a la definición del pensamiento débil. Si el pensamiento fuerte es el metafísico, tendente a establecer posturas absolutas, el pensamiento débil trata de abrirse por completo a un diálogo hermenéutico con todas las ciencias y las ideologías, para dejar que penetren en nosotros, como seres comunicacionales que somos. De esta manera conseguiremos una gran libertad para pensar y ser. Vattimo propugna el respeto, el reconocimiento y la tolerancia para con los demás, sin renunciar a nada, ni siquiera a la religión y a lo transcendente. Pero sin gritar y sin imponer. Interpretación, transversalidad, multiculturalidad, vanguardia.

6. Perdedores de la historia. Una de las ideas que más me gusta del pensamiento débil es que la filosofía debe escuchar a los débiles, pero no para sustituir las razones de la fuerza por la fuerza de las razones, es decir, una metafísica por otra. El pensamiento débil no es una filosofía universal. Es sacar a la luz la palabra inaudible de los vencidos, lo que nunca se ha dicho (ni oído, por tanto), porque la metafísica (el poder) lo ha tapado desde siempre. Pero el pensamiento débil no significa acción débil, sino que es el punto de partida del cambio radical que precisamos. Tiene la intención de disolver la filosofía de los vencedores, que aspiran a conservar el mundo tal como se encuentra actualmente.

7. Cristianismo hermenéutico. Como ejemplo del pensamiento de nuestro autor podemos acercarnos a su concepción del cristianismo. Él no comulga con el cristianismo heredado representado por el Papa, que supone una autoridad. La kénosis (vaciamiento en Dios) de Vattimo se refiere a un Dios humano y débil, cuyo propósito es el amor y el servicio al hombre a través de una religión libre de dogmas, libre de metafísica. Dios ha dejado de ser poder imperativo para convertirse en compañero y amigo del hombre. Es un Dios que no exige de nosotros, sino que se da a sí mismo. En este cristianismo sin violencia, la caridad, la convivencia y la aceptación serían los valores supremos.

domingo, 2 de junio de 2019

Desde el día en que te fuiste (coplas)

Desde el día en que te fuiste
veo tu cara en todos lados,
no sé si es que estoy muy triste
o es que sigo enamorado.

Veo tu cara en los anuncios
que llevan los autobuses.
Tiene tu cara también
la dependienta del súper.

Si voy al cine te veo,
si voy al campo te intuyo,
si voy al centro me cuesta
no verte entre los garrulos.

En las formas de las nubes,
en las piedras de la playa,
y me guiña como tú
una mancha en mi toalla.

Si voy al zoo, los monos
tienen tu cara de susto,
y el culo del elefante
es tu imagen, pero en sucio.

Cuando me acuesto, en la noche,
entre las sombras del cuarto,
veo tu cara dibujada,
la verdad es que estoy harto.

Te veo en las losas del baño
cuando estoy sentado y solo,
y si me levanto y miro
la caca tiene tu rostro.

Desde el día en que te fuiste
veo tu cara en todos lados,
creo que ya no estoy triste,
sino desequilibrado.

jueves, 23 de mayo de 2019

Siete políticos y sus casas

Aquellos políticos que se consideran cristianos deberían ser pobres, por lo que dijo Jesús de los camellos y las agujas. Por tanto, no deberían vivir en una casa grande ni tener personal a su servicio. Por otro lado, los político de izquierdas deberían intentar ser ricos y vivir en una casa grande y con criados, porque la teoría de Karl Marx se llamaba materialismo dialéctico.

Sin embargo, no sé por qué, en nuestra sociedad se tiene la percepción colectiva de que los políticos cristianos pueden ser ricos y los políticos de izquierdas no deberían serlo. Vamos a ver qué políticos cumplen la palabra de Jesús y quiénes siguen a Marx, mirando cuánto cuesta la casa en la que viven:

1. Pedro Sánchez. Del piso que el presidente del gobierno posee en la exclusiva urbanización Prado de Somosaguas de Pozuelo de Alarcón (Madrid) no ha trascendido a los medios de comunicación su tamaño. En todos los periódicos que he consultado se habla únicamente de un precio por metro cuadrado de alrededor de 2.700 €. Las viviendas en venta en esa urbanización van desde los 500.000 € para un piso de 120 metros cuadrados, tres habitaciones y dos baños hasta los 950.000 € para 300 metros cuadrados, cinco habitaciones y tres baños.

2. Pablo Casado. No se habla mucho en los medios de comunicación del piso en el que vive el líder del PP. Situado en el barrio de Salamanca, que es el más caro del centro de Madrid, parece ser, por algunas informaciones que no he podido contrastar, que tiene entre 150 y 200 metros cuadrados, además de encontrarse muy cerca del Parque del Retiro. En algunos medios se informa de que en 2009 pidió un préstamo hipotecario de 280.000 para el pago del mismo. Pero un piso así, ahora mismo, al precio de 5.500 euros el metro cuadrado de esa zona, cuesta entre 825.000 y 1.100.000 euros.

3. Albert Rivera, según las informaciones de "Maldito Bulo", vive de alquiler en una casa de 150 metros cuadrados en Pozuelo de Alarcón (Madrid), una de las poblaciones con mayor renta per cápita de España. La vivienda tiene un valor aproximado de un millón de euros y su alquiler se cifra entre 2.500 y 3.000 euros mensuales. Rivera es propietario de dos viviendas en Barcelona. Entre las dos sumarían un valor de cerca de 500.000 euros.

4. Pablo Iglesias. Si hay alguna casa famosa en España es la del líder de Podemos. Un chalet de 260 metros cuadrados, con tres dormitorios y una parcela de 2.300 metros cuadrados, situado en Galapagar, un pueblo a 35 kilómetros del centro de Madrid. Su precio, según los periódicos del año 2018, cuando la compró, se encuentra entre los 600.000 y los 660.000 euros.

5. Santiago Abascal, líder de Vox, fue desahuciado en 2014 tras perder su puesto en el Partido Popular, porque no pudo seguir pagando la hipoteca. Desde entonces reside, parece que de alquiler, en el barrio de Hortaleza, tradicionalmente obrero, pero que ha mejorado mucho en los últimos diez años gracias a la construcción de nuevos edificios.

6. Oriol Junqueras vive actualmente en la cárcel, pero su casa se encuentra en Sant Vicenç dels Horts, un municipio a las afueras de Barcelona. Ningún periódico serio habla de la casa del líder independentista, así que me tengo que fiar de lo que dicen algunos panfletos amarillistas. Según estos, se trata de un chalet de tres plantas. Por la descripción que hacen de la casa y el precio de la vivienda en la localidad, podemos hablar de alrededor de 650.000 euros.

7. Como propina, tras los seis partidos más votados en las elecciones generales de 2019, vamos a conocer cuáles y cuántas son las propiedades del anterior presidente del gobierno, Mariano Rajoy. La prensa le atribuye un piso de 97 metros cuadrados en Sanxenxo, otro de 109 en Pontevedra, una vivienda de 70 metros cuadrados en el Paseo de la Castellana de Madrid y un bungalow en la localidad canaria de Mogán. Pero donde vive don Mariano es en Aravaca, una buena zona a diez minutos del centro de Madrid, en un dúplex de 280 metros cuadrados valorado en 1.500.000 euros.

miércoles, 8 de mayo de 2019

Siete películas raras que me gustaron

Una película puede ser catalogada como rara por no seguir el canon clásico de desarrollo, nudo y desenlace, por contar una historia inverosímil, truculenta, de fantasía o de ciencia ficción, o por suceder en ella hechos que superan los límites de la realidad cotidiana y de las leyes de la física. Aquí comentaré algunas películas que se encuentran en esta categoría pero que a mí me gustaron:

1. El ángel exterminador (1962) (Luis Buñuel). Las educación y los buenos modales no sirven para nada cuando se trata de sobrevivir. Esta es la conclusión más sencilla a la que llegué después de ver una película que parte de una premisa surrealista, como es que unas cuantas personas de clase acomodada se encuentran durante días encerrados en una habitación de la que, sin razón aparente, no pueden salir, pues no hay ninguna puerta que los retenga. Con el paso del tiempo, los refinados huéspedes y anfitriones se convertirán en salvajes. A partir de ahí puedes buscar todas las metáforas que quieras, pero te recomiendo que, simplemente, disfrutes del humor y de la mala leche de la película y reflexiones después sobre lo que has visto sin intentar entenderlo. A mí se me aparece Kafka. Nota de 8.

7. Saló o los 120 días de Sodoma (1975) (Pier Paolo Pasolini). De esta película he preferido no poner el tráiler, porque es muy desagradable. El que quiera que lo busque. Basada libremente en una obra del Marqués de Sade, retrata de una manera horrorosamente real las tropelías que, en la Italia fascista, unos poderosos degenerados cometen sobre un grupo de jóvenes hijos de partisanos. Las tres partes en que se divide la obra ya lo dicen todo: del sexo, de la mierda y de la sangre. La vi en 1980 en una sesión nocturna de sábado de un barrio obrero, a la que acudían matrimonios de mediana edad, que abandonaban la sala echando pestes y pidiendo la muerte del director. No sabían que ya había sido asesinado. Si quieres sufrir un rato y reflexionar sobre la maldad humana, te la recomiendo. Nota de 6,5.

3. Brazil (1985) (Terry Gilliam). La surrealista historia del oscuro burócrata perdido en un retrofuturista mundo no menos oscuro y burocrático, permite al director americano reflexionar sobre la sociedad moderna y el sueño de libertad que muchos albergamos. Se nota que el autor ha leído a Kafka y a Orwell y ha visto a Eisenstein y a Fellini, pero no copia, sino que interpreta, en una película excesiva aunque llena de matices, que permite varios visionados en los que el espectador encontrará nuevos detalles y guiños. Ten cuidado de que no te den gato por liebre, pues circula por ahí una copia no autorizada por el director, con cortes que la hacen más sencilla de ver, pero que cambian todo el sentido de la obra. Nota de 7,5.

4. Carretera perdida (1997) (David Lynch). De este director podría haber elegido también Cabeza Borradora, Terciopelo Azul o Mulholland Drive, que también son raras de narices. Pero esta me parece la más inquietante de todas porque el hombrecillo de la cara blanca da mucho miedo. Si quieres que una película te rompa la cabeza, es esta, pues viajas a la mente de un hombre, y en el viaje te vas a perder y enredar en extraños y oscuros recovecos. Pero lo importante es disfrutar del trayecto pues, como siempre en Lynch, lo más importante no es lo que cuenta, sino el universo que crea para contarlo. Nota de 7,5.

5. Memento (2000) (Christopher Nolan). El efectista director británico sorprendió a todo el mundo con una película de cine negro diferente, que trata sobre un hombre que ha perdido la memoria a corto plazo pero necesita resolver un asesinato. Contada de atrás hacia adelante, como nunca se había hecho, consigue que el espectador se sienta también desmemoriado mientras descubre poco a poco las piezas del puzle. La primera vez que la vi tuve una sensación magnífica de haber presenciado algo diferente. Las siguientes veces ya no es lo mismo, sobre todo porque te das cuenta de que te están engañando todo el rato. Pero eso mismo le pasa al protagonista. Notaza de 8.

6. Adaptation (El ladrón de orquídeas) (2002) (Spike Jonze). La historia del guionista que se encuentra estancado es precisamente brillante por su guion milimétricamente estructurado por Charlie Kaufman y su hermano gemelo Donald para que se cierre sin que se vean las juntas. Otra cosa es la manera de filmar del director que, aunque a veces tiene su gracia, satura un poco los sentidos. Disfrutarás más la película si ya has visto Cómo ser John Malkovich, porque se trata de cine dentro del cine, o metacine, o metagemelos, o lo que sea. Yo me pasé la mitad del tiempo que la vi con la boca abierta. Un 7.

7. Canino (2009) (Yorgos Lanthimos). Una áspera película que nos sumerge en el claustrofóbico universo de una familia que apenas permite a sus hijos el contacto con el mundo exterior. Incómoda en todo su metraje, no creo que esta salvajada (que a veces duele) esté realizada para el consumo de todo el mundo, pero me interesa mucho la sobreprotección en forma de totalitarismo como metáfora de la sociedad que nos acecha. Sin embargo, te sorprenderás riéndote de algunos chistes surrealistas absurdos sobre el significado de ciertas palabras, pero que no son nada inocentes. Un 7 de nota.