jueves, 7 de febrero de 2019

El funcionario número 9

Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación. Y esa explicación que os debo os la voy a pagar.

El edificio que alberga el ayuntamiento de mi ciudad tiene un vestíbulo enorme, que hace las veces de patio de luces, con el que se consigue que todas las dependencias, situadas en los laterales de los tres pisos, gocen de iluminación natural durante el día.

Desde mi despacho de la tercera planta puedo yo, asomándome a la ventana que da al vestíbulo o patio de encuentros, ver lo que sucede allí, mientras medito sobre los grandes temas que afectan a la gestión del municipio, al que siempre me refiero como "nuestra gran ciudad".

Todas las mañanas, hacia las ocho y media, me tomo un café mientras miro por mi ventana, con el ayuntamiento a mis pies. Observo entonces cómo los conserjes de la planta baja comienzan con sus rutinas diarias y los ciudadanos más madrugadores acuden a realizar gestiones a nuestro servicio de atención ciudadana. También me fijo en los funcionarios que llegan con retraso y en los políticos de la oposición, que se creen importantes y siempre entran tarde, dándose muchos aires.

Durante dos meses, en primavera, el ayuntamiento acuerda con la cercana delegación de hacienda que sus funcionarios se instalen en nuestro patio de encuentros para confeccionar las declaraciones de la renta a los habitantes de nuestra gran ciudad. Colocan dos largas filas de mesas cerca de las paredes laterales del vestíbulo, en las que instalan entre quince y veinte puestos de trabajo para atender a los ciudadanos que acuden, mediante cita previa, al ritual del IRPF.

Este año se instalaron dieciséis puestos con su ordenador y su impresora, como siempre, pero se había producido un relevo generacional entre el funcionariado de Hacienda. La mayoría de los nuevos empleados públicos que aparecieron por nuestro vestíbulo eran bastante jóvenes. Sobre todo se trataba de chicas que, desde las ocho y media y hasta las nueve, cuando abrían sus puestos, se reunían en corrillos y alegraban con sus risas las mañanas de mayo.

Todos parecían joviales menos uno. El funcionario que ocupaba el puesto número 9 no era mucho mayor que el resto. Frisaría los 40. Pero siempre estaba solo. Desde arriba podía ver yo su reluciente calva situada frente al ordenador, con su jersey de rayas horizontales, unos días rojas y verdes, otro día azules y grises. En los quince primeros días de la campaña de hacienda no lo vi hablar con ninguno de sus compañeros.

Pero quién iba a pensar que, en el decimosexto día, el funcionario número 9 iba a perpetrar tamaña carnicería.

martes, 29 de enero de 2019

Siete grandes personajes comunistas

La palabra comunista se está utilizando en algunos ambientes como un insulto. Algunos consideran que el comunismo es un movimiento totalitario. La Real Academia de la Lengua no lo define así, sino como una doctrina que establece una organización social en la que los bienes son de propiedad colectiva.

Sin embargo, hace mucho que en los países de nuestro entorno se ha adoptado un comunismo nuevo, que nació en Europa, llamado eurocomunismo, y que se define en el diccionario de la RAE de la siguiente manera: Conjunto de posiciones políticas de algunos partidos comunistas europeos caracterizados por su independencia del modelo soviético y la aceptación de la tradición democrática y liberal.

Este comunismo, que no tiene nada que ver con las purgas de Stalin, y que no ha matado a 10.000 millones de personas, acepta de buen grado la democracia, pero cree que algunos bienes deberían ser propiedad del Estado. Quizá habría más gente que podría pagar la calefacción si la energía estuviese controlada por la Administración Pública.

Vamos a acordarnos de algunas personas que han sido tachadas de comunistas, pero que son admiradas por mucha gente en el mundo:

1. Albert Einstein (1879-1955). El científico que huyó de la Alemania nazi para asentarse en Estados Unidos, donde fue un activo militante del desarme y de los derechos civiles, estuvo considerado por el FBI como un peligroso agitador comunista. Es verdad que Einstein estaba en contra del capitalismo. En su famoso ensayo ¿Por qué el socialismo?, escribió: "La anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal". Como no le gustaba pertenecer a nada, nunca fue miembro del partido comunista, pero sus ideas le hicieron frecuentar la compañía de numerosos grupos que seguían esa ideología.

2. Hellen Keller (1880-1968). Hellen Keller quedó ciega y sorda a los diecinueve meses. La historia de cómo aprendió a relacionarse con el mundo puedes encontrarla en la película El milagro de Ana Sullivan (The Miracle Worker). Fue la primera persona sordociega en conseguir un título universitario. El presidente Johnson le otorgó la Medalla Presidencial de la Libertad. Gran activista de los derechos de los trabajadores y de las personas con discapacidad, ella misma decía que llegó al socialismo a través de la lectura. En algunos periódicos de su época fue tildada de comunista, titulando "Los rojos usan a una niña ciega para hacer publicidad", utilizando la palabra rojo como un insulto. Lo cierto es que le encantaba la bandera roja y tenía una en su estudio, como símbolo de las iniciativas de corte comunista que llevó a cabo durante toda su vida.

3. Charles Chaplin (1889-1977). El genial cómico fue espiado por el MI5 (el servicio secreto británico), a petición del FBI, por sospechar que era un ferviente simpatizante del comunismo. Es verdad que Chaplin declaró en 1940 que el comunismo tenía muchas cosas buenas y era amigo de algunos comunistas soviéticos, pero los espías concluyeron que Charlot, aunque sabía que el capitalismo y el militarismo eran enemigos de la humanidad, no era una amenaza para la seguridad mundial. No obstante, Edgard Hoover, director del FBI, logró que se le prohibiera regresar a Estados Unidos. Por eso vivió sus últimos años en Suiza. Conviene repasar la película Tiempos modernos, feroz crítica al capitalismo, donde su protagonista, interpretado por Sir Charles Chaplin, se pone por casualidad al frente de una manifestación obrera.

4. Orson Welles (1915-1985). Gran amante de España, el cineasta vivió la guerra civil española con profundo desgarro, implicándose en numerosas actividades solidarias con la causa republicana. Aunque era un firme defensor de la democracia, fue investigado por el FBI por su relación con reconocidos comunistas, como el productor francés Louis Dolivet o el activista alemán Willi Münzenberg. Estas investigaciones fueron quizá patrocinadas por su enemigo William Randolph Hearst, en quien se inspiró para realizar Ciudadano Kane. Orson Welles sí era un firme defensor de la igualdad de oportunidades desde el momento del nacimiento, uno de los fundamentos del comunismo. También era un fervoroso antirracista. Apoyó, junto con el partido comunista de Estados Unidos, a Henry Wallace como candidato a la presidencia. Acabó, como Chaplin, exiliado en Europa.

5. Nelson Mandela (1918-2013). Mandela fue acusado de comunista cuando estaba prohibido serlo en su país. Aunque afirmaba que su partido, el Congreso Nacional Africano, no era comunista, se encontró siempre muy cerca de ellos, desde que estudió en la escuela de derecho, colaborando con Joe Slovo y otros comunistas en la lucha contra el apartheid, y fundando con ellos el movimiento militante Umkhonto we Sizwe. Fue encarcelado durante 27 años por terrorismo, gracias a su militancia activa en esa causa común. Nunca renegó de su pasado y, tras salir de prisión, visitó a Fidel Castro en Cuba, a quien parece que le unía una estrecha amistad.
Mariano Rajoy: "Nelson Mandela: figura clave de la Historia reciente; ejemplo de lucha por la igualdad. En el corazón de todos. Hasta siempre. Madiba."
Albert Rivera: "Hoy cumpliría 100 años Nelson Mandela: luchador por la libertad, supo unir a una nación en torno a los valores civiles y venció al supremacismo."

6. Martin Luther King (1929-1968). El premio nobel de la paz, que orientó su lucha hacia la oposición a la guerra y a la pobreza, fue sometido a vigilancia por el FBI, que le consideraba un marxista de corazón. La verdad es que Bayard Rustin, un alumno de Gandhi relacionado con el Partido Comunista de los Estados Unidos, introduzco al reverendo King en los principios de la no violencia. Martin Luther King siempre confesó en privado apoyar al socialismo democrático, aunque en público lo negó, para no ser acusado de comunista.
Albert Rivera (que tiene una foto de King en su despacho): "Como decía Martin Luther King, sigo teniendo un sueño" (Madrid, 22/05/2015).

7. Pepe Mujica (1935-). El antiguo guerrillero, considerado ahora por algunos como el último héroe de la política, es uno de esos políticos singulares que parece no apreciar el poder, sino lo que puede conseguir para mejorar la vida de sus congéneres. Aunque él dice que hay que seguir reglas claras, que no son ni de izquierdas ni de derechas, sus ideas siempre se han encontrado cercanas al comunismo. Ha sido denostado por la oligarquía ultraliberal (esos que vivieron bien durante la dictadura militar mientras Mujica estaba en la cárcel), que lo acusa de haber arruinado las empresas estatales. Para otros, sus años en la presidencia de Uruguay fueron poco marxistas. Sin embargo, hay muchos que sostienen que su política fue moderada y razonable.

jueves, 17 de enero de 2019

Las siete mejores películas biográficas

Desde pequeño he visto muchas películas, también biográficas, o biopics, como ahora se llaman, que suelen tener enseñanzas e historias de superación muy apropiadas para los jóvenes. Tras ver Bohemian Rapsody, he comenzado a recordar la ingente cantidad de películas biográficas que me han gustado, como El expreso de medianoche, Mar adentro, Serpico, The Doors, El escándalo de Larry Flint, Alí, Patton, Papillon, Bonnie and Clyde, En el nombre del padre, Diarios de motocicleta, Ray, Sonrisas y Lágrimas, Erin Brokovich, Dos hombres y un destino, Gandhi, Ed Wood, En la cuerda floja, Casino, El pianista, Atrápame si puedes, Uno de los nuestros, Braveheart o La Lista de Schindler. Por eso me ha costado tanto elegir siete historias reales (o basadas en personajes que pudieron existir):

1. Espartaco (1960) (Stanley Kubrick). La historia del esclavo de los romanos que lideró una revolución es inolvidable, como lo es su protagonista, Kirk Douglas. Una de las cintas de espadas y sandalias más importantes del cine contiene momentos épicos, como la lucha de Espartaco con su compañero en la escuela de gladiadores, que da inicio a la revolución, o aquella escena en la que todos los esclavos dicen "Yo soy Espartaco". La afilada pluma de Dalton Trumbo también escribió secuencias íntimas, pero memorables, como el baño de las ostras y los caracoles. Nota de 8.

2. Lawrence de Arabia (1962) (David Lean). Un clásico deslumbrante que coloca a un hombre con un alma atormentada en vastos paisajes de grandeza infinita. A pesar de su larguísima duración no se hace pesada, pues te va llevando a través de la emocionante peripecia vital de este soldado que recibió la llamada del desierto. Peter O'Toole compone un difícil papel sin caer en la tentación del exceso. Para mí tiene algunos peros, como su poco rigor histórico o que es un campo de nabos, porque las mujeres de la época estaban en casa esperando a los guerreros. Sin embargo aquí están Omar Sharif, Anthony Quinn, Alec Guinness, Claude Rains, Arthur Kennedy, Fernando Sancho o José Ferrer. Y qué me dicen de la banda sonora. Notaza de 8.

3. El hombre elefante (1980) (David Lynch). "Soy un ser humano", manifiesta John Merrick ante la multitud que lo acosa. Una sentimental película que tiene poco que ver con la mayoría del cine de Lynch, intentando aquí reflexionar sobre la vida de aquellos que son diferentes. Rodada en un clásico blanco y negro, contrapone el egoísmo de la sociedad, incluido el doctor Treves, que salva a Merrick, frente a la humanidad y gentileza del monstruo, interpretado por John Hurt con maestría. Un 8.

4. Toro salvaje (1980) (Martin Scorsese). Aunque creo que está algo sobrevalorada por la crítica, es esta una muy notable película, cuidada hasta el extremo, empezando por el guión, en la que parece que puedes tocar el alma de los personajes. Aunque la realización y el montaje de los combates de boxeo son excelsos, me interesan más los combates en la casa de Jake LaMotta, que dicen mucho sobre la condición humana. Sobresale la actuación del señor De Niro, aunque no por su exceso de peso. Yo también soy capaz de engordar tanto y no ganaré nunca el Óscar. Nota de 8.

5. Amadeus (1984) (Milos Forman). La fantasía sobre la leyenda que rodeó la muerte de Mozart es un magnífico entretenimiento, a pesar de que se aparte de la realidad. En la época de su estreno, esta vistosa producción fue muy aclamada por la crítica, pero también por nosotros, el público. Aparte de recrear la época, contiene una reflexión sobre el hombre y su relación con Dios que me parece muy interesante, además de retratar muy bien la admiración y envidia que Salieri siente por el genio de Salzburgo, aunque en realidad no parece que fuera así. Nota de 7,5.

6. Man on the moon (1999) (Milos Forman). Acercamiento reverencial a la vida del mítico cómico Andy Kaufman, que llevó los límites de la comedia un poquito más allá. Un espectacular Jim Carrey, dirigido en el inconfundible estilo sin estilo Forman, sube un peldaño en su carrera actoral al ofrecernos una visión más o menos fiel de las barrabasadas de Kaufman y de sus personajes, incluido el legendario Tony Clifton. Es intensa, sentimental, pero también provocadora. Un 7.

7. Mi nombre es Harvey Milk (2008) (Gus Van Sant). Un oscarizado Sean Penn brilla, como siempre, en la historia del primer político abiertamente gay elegido en los Estados Unidos, concretamente en San Francisco. A pesar de ser un biopic bastante convencional en su planteamiento, dedicado a ensalzar la figura de Milk, su vida es tan interesante que te deja con la carne de gallina, sobre todo por su muy bien resuelto final. Si bien trata sobre política, el espectador se enterará bien de la trama de esta cinta que, aunque mueve multitudes, también atiende al detalle en las difíciles relaciones sentimentales del protagonista. Mi nota es de 7.

jueves, 3 de enero de 2019

Siete tipos de familias

Llevo tiempo oyendo a gente que es muy defensora de la familia. Yo también lo soy. Por eso relacionaré siete tipos de familia que creo que deben ser defendidos:

1. Familia nuclear. En su definición más restrictiva, familia nuclear es aquella conformada por dos progenitores y sus hijos. Es decir, padre y madre, padre y padre o madre y madre junto con sus hijos. Este es el concepto típico que a todos se nos viene a la cabeza cuando pensamos en la palabra familia, que ha variado en los últimos años con la aprobación de los matrimonios entre personas del mismo sexo. También ha cambiado porque cada vez las personas forman su familia a una edad más avanzada. Además, dentro de poco puede dejar de ser la familia más numerosa de la sociedad occidental. La tradición machista la ha presentado como aquella en la que hay una madre amorosa y un padre protector, pero eso también está cambiando.

2. Familia troncal o extendida. Este modelo añade al núcleo familiar otros parientes consanguíneos que pertenecen a un tronco común. Además de los padres y los hijos puede incluir hermanos de los padres, abuelos, tíos abuelos o bisabuelos. Es la familia predominante en determinadas sociedades en las que el grupo familiar va aumentando en torno a una casa común, que a veces sirve para la explotación económica de una granja o unas tierras de labor. Aún en nuestros días podemos encontrar en determinadas zonas de las sociedades rurales occidentales la familia de triple generación.

3. Familia comunitaria. Podemos definirlas como un grupo doméstico, que no tiene por qué partir de vínculos familiares, fundado sobre una organización económica y de trabajo. En el centro de Europa, sobre todo en Francia desde la edad media, aparecieron las comunidades tácitas, en las que varios matrimonios vivían juntos, eligiendo a un hombre y una mujer que los dirigían. La comuna es también una unidad básica de convivencia alternativa a la familia tradicional, en la que varios individuos (que pueden llegar a treinta o cuarenta) deciden convivir y compartir recursos. Los hippies vivieron en comunas, que en el siglo XXI han derivado en ecoaldeas, comunidades sociales ecológicas.

4. Familia monoparental. En el otro extremo de la familia comunitaria, en cuanto a número de miembros, se encuentra la familia monoparental, que es aquella en la que un solo progenitor se hace cargo de los hijos dependientes, ya sea por elección o por causas sobrevenidas. La mayoría de las familias monoparentales están encabezadas por mujeres, lo que supone que este tipo de grupos familiares se encuentran en un riesgo alto de pobreza, pues es notorio que las mujeres obtienen menos ingresos por su trabajo que los hombres. No hay que confundir las familias monoparentales con las madres solteras, pues puede haber madres que no se hayan casado pero que convivan en pareja.

5. Familia sin hijos. Cada vez son más las parejas que no necesitan de hijos para su crecimiento. Estas personas gozan de más tiempo libre para ellos mismos y están más liberadas económicamente. Muchas de ellas piensan que la verdadera felicidad marital solo se logra si se permanece sin hijos. Además, tener un hijo ya no está al alcance de cualquier economía. Otras consideran la paternidad o maternidad como una imposición social y algunas sienten temor ante la inseguridad de la sociedad futura. Incluso existen personas que, en virtud de un sentimiento ecologista profundo, desean la extinción de la especie humana en favor de todas aquellas especies animales y vegetales que sufren por nuestra culpa.

6. Familias recompuestas. Las personas que se separan de sus parejas suelen recomponer su vida, formando este tipo de familias, que pueden ser de muchas formas y colores distintos, dependiendo del bagaje que traigan los nuevos cónyuges. En muchas de ellas cada miembro de la pareja aporta los hijos de su anterior relación, lo que acarrea toda una problemática de convivencia muy particular. Antiguamente eran los viudos quienes formaban estas familias reconstituidas. Ahora, principalmente, son los divorciados.

7. Familia poligámica. Esta es la que permite a una persona, la mayor parte de las veces varón, tener varios cónyuges al mismo tiempo. Las religiones monoteístas, en general, prohíben la poligamia, aunque no hay más que leer el Antiguo Testamento para encontrar patriarcas que tenían varias mujeres. Sin embargo, entre los mormones y en el islam está aceptada la poliginia (un varón con varias mujeres), pero no la poliandria (una mujer con varios varones) que sí es tradicional en zonas de la India y en algunas otras tribus. Actualmente existen en nuestras sociedades algunas personas que practican la poligamia o incluso el matrimonio grupal, pero cuyos derechos no están, de momento, recogidos en las leyes.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Siete lugares de un viaje a Úbeda

El primer fin de semana de diciembre de 2018 visitamos Úbeda y Baeza, las dos últimas ciudades españolas patrimonio de la humanidad en las que no habíamos estado. Mereció la pena. Aquí dejo mi experiencia, como siempre, sólo de lo que toqué con mis manos y vi con mis ojos.
1. Úbeda. Llegamos de noche a la Plaza de Andalucía, donde, en la torre del reloj, encargamos ya visitas guiadas a Úbeda y Baeza. El pueblo es tranquilo y tiene bonitas calles por donde pasear, como la calle del Rastro. Es imprescindible la visita a la sinagoga del agua, un edificio del siglo XIII que fue encontrado al hacer unas obras y en el que puedes ver cómo vivían los judíos en la Edad Media. También aprenderás lo que significa "tirar de la manta" y "que te den morcilla". Las intrincadas callecitas de la parte antigua de Úbeda te retrotraen a aquellos tiempos. Conviene subir a alguno de los miradores que tiene la ciudad, como la torre de los caballeros, para observar desde allí los famosos "cerros de Úbeda". Visitamos también la casa de las torres, que tiene una leyenda de fantasmas, así como las numerosas iglesias, conventos y palacios que salpican toda la ciudad. También aprendimos que en estas calles se asestó la primera "puñalada trapera".
2. Hotel El Postigo. Elegimos para hospedarnos este cuco hotel que se encuentra en el corazón del centro histórico de la ciudad, aunque esta es lo suficientemente pequeña como para recorrerla toda a pie. Con una decoración sobria, mantiene un ambiente relajado, al que contribuye un salón con chimenea. El desayuno es bueno, aunque no excelente, el zumo es de cartón y no hay bacon ni huevos, pero sí tortilla de patatas. Falla que no tiene parking, aunque sus clientes tienen descuento en algún aparcamiento público.
3. Calle Real. Esta calle, que atraviesa el casco histórico, está repleta de bares y tiendas instalados en edificios de arquitectura antigua, que te permiten imaginar cómo era la Úbeda medieval. Es el mejor lugar para picar algo. En todos los sitios te ponen una tapita con la caña, algunas muy elaboradas. Arriba de la calle (en realidad en una plaza anexa), se encuentra La Imprenta, un restaurante y bar bastante fino. Si sigues bajando puedes entrar en La Bodega de Úbeda, donde también dan buenas tapas y donde probé los ochíos, que son unos bollitos rellenos de morcilla, muy ricos, pero demasiado fuertes para la cena. Si seguimos bajando, en el Restaurante Antique, más elegante, probamos un tomate con aceite buenísimo. Fuera ya de la Calle Real, en la Plaza Primero de Mayo no pudimos entrar en Misa de Doce, porque estaba siempre llenísimo, pero en Moss nos comimos un buen revuelto de setas.
4. Plaza Vázquez de Molina. En esta exuberante y enorme plaza renacentista comenzamos la visita guiada a la ciudad, empezando por la Capilla del Salvador, que en realidad es un enorme mausoleo para la tumba de un secretario de Carlos V, Francisco de los Cobos, que pensaba que gastando dinero iría al cielo. La verdad es que ver el interior, aunque es muy recargado, merece la pena, incluida la sacristía. Fue construida, como los mejores edificios de la ciudad, por un personaje que tiene su propia estatua en la plaza, el arquitecto Vandelvira. El Parador de Turismo, que fue la casa de un Deán, también es muy interesante y se puede pasar al patio, al igual que al del Ayuntamiento, que es el que tiene cadenas en la puerta. Enfrente de este último hay unos jardines con flores preciosas y la Iglesia de Santa María, edificada sobre una antigua mezquita, a cuyo costado podemos encontrar el antiguo pósito, que ahora es la comisaría de policía.
5. Calle Obispo Cobos. De la plaza de Andalucía parte la Calle Mesones, que después se llama Obispo Cobos, aunque muchos la llaman la calle de las tiendas. Estas calles forman el centro comercial abierto de Úbeda, pues encontramos en ellas multitud de comercios. Son ideales para pasear y ver escaparates. Al final de la calle encontramos el impresionante Hospital de Santiago, monumento nacional renacentista del arquitecto Vandelvira, que en la actualidad es un centro cultural y que tiene dos hermosas torres. Hay que pasar dentro para observar el gran patio central y ver las escaleras y las columnas de mármol.
6. Baeza. A diez kilómetros de Úbeda encontramos el pueblo con el que comparte la condición de patrimonio de la humanidad. Comenzamos nuestra visita en la Plaza de los Leones, donde está la fuente que le da nombre (que en realidad tiene dos leones y dos caballos), el arco de Villalar de los Comuneros y la antigua carnicería, que ahora son los juzgados. Continuamos por el intrincado casco histórico para ver la Plaza de Santa María, con su fuente, su universidad y su iglesia, en la que subimos los 170 escalones de su torre. Después entramos en la antigua universidad y nos sentamos en el aula donde dio clase Antonio Machado. Finalmente, y atravesando la plaza de la Constitución fuimos a ver la fachada plateresca del Ayuntamiento, frente a la cual está la casa del poeta, en la que no se puede entrar. Una ciudad muy renacentista pero muy acogedora.
7. Linares. Ya de vuelta a la meseta, una parada en Linares, cuna de algunos de nuestros ancestros. Primero entramos al antiguo pósito, que contiene ahora entre otros servicios una oficina de turismo, donde nos atendieron divinamente. Desde allí, un paseíto hasta el Hospital de los Marqueses de Linares, un impresionante edificio neogótico que sirvió en su día para curar a los mineros. Se puede visitar por un precio baratito el mausoleo de los marqueses y la capilla, así como una exposición de cachivaches médicos antiguos. Después, un paseo por el Pasaje del Comercio, lleno de tiendas, y la Corredera de San Marcos, para llegar al Paseo de la Virgen de Linarejos, un espectacular bulevar en el que decidimos aprovechar la ruta de la tapa que se celebraba. Comenzamos en el Nuevo Patio El Rubio, donde la tapa que llamaban "papas en cardo" estaba buena, pero mucho mejor era la manita de cerdo rellena de rabo de toro del bar-restaurante Linarejos, aunque se hizo esperar. Muy bueno y curradísimo el saquito de otoño de los Salones Orzaes. Con el estómago lleno y llorando por no poder comer más tapas nos despedimos de la provincia de Jaén.

viernes, 7 de diciembre de 2018

Jugando a románticos

Aquel otoño, mis hermanas y yo aprovechamos la mayoría de las pocas tardes soleadas que tuvo la estación para, tras la merienda, vencer el tedio jugando a románticos. Así lo llamábamos nosotros. Los lugareños nos llamaban los góticos, aunque yo sospecho que a nuestras espaldas nos tildaban de cosas peores.

La primera fase del juego era encontrar la vestimenta adecuada. Para ello subíamos al desván de la torre norte por la escalera de servicio. Allí rebuscábamos en los innumerables arcones y baúles hasta encontrar prendas suficientes para que los tres formásemos un grupo homogéneo y elegante. Así, por ejemplo, recuerdo un lunes en el que yo me vestí con un traje gris perla y chaleco granate, a juego con Laura, que llevaba el vestido de un granate intenso, con sombrerito azul, pero también a juego con Susana, cuyo vestido, azul eléctrico en el cuerpo, se convertía en gris al caer sobre el miriñaque. Guantes, bastones, parasoles y otros aditamentos completaban los atuendos con gracia.

Después, con nuestras vestiduras decimonónicas puestas, salíamos a escondidas por la parte de atrás para encontrarnos con Casiano, a quien habíamos sobornado con unas pocas perras para que tuviera a Lucero limpito y enganchado al carro. Digo a escondidas, pero mamá conocía perfectamente nuestras andanzas y probablemente nos observaba a través de los visillos de la salita rosa.

Y así, al trote, salíamos de la finca para adentrarnos en el bosque hasta llegar al claro. La única concesión a la tecnología de nuestro juego la hacíamos durante el corto viaje. En esos veinte minutos gustábamos de escuchar algún vals en un radiocasete a pilas. Mi favorito era "Cuentos de los bosques de Viena", porque me recordaba una película en la que Johann Strauss conducía un carro como el nuestro mientras componía el vals utilizando los sonidos que escuchaba en el bosque. Era muy fácil cantar a gritos, laráaa, laráaa, laráaa...

Llegábamos al claro un poco antes del anochecer. Dejábamos a Lucero atado a un árbol y nos situábamos en el centro de la pequeña explanada portando el dorado megáfono de director de cine mudo, que era uno de nuestros más preciados tesoros. Entonces, y por turno, con el megáfono bien pegado a la boca, gritábamos el nombre de algún cuento de Edgar Allan Poe.

Así de simple era el juego. Yo cogía el megáfono y empezaba con los más obvios: "¡La caída de la casa Usher!, ¡El gato negro!, ¡La verdad sobre el caso del señor Valdemar! Había que nombrarlos correctamente, no valía decir ¡Ese de la caja y el barco!, había que gritar ¡La caja oblonga! Después, por edad, seguía Laura: ¡El corazón delator!, ¡La máscara de la muerte roja!, ¡Ligeia! Finalmente, Susana voceaba sus preferidos, aquellos en los que aparecía el detective Dupin: ¡Los crímenes de la calle Morgue!, ¡El escarabajo de oro!, ¡La carta robada!

Volvíamos a casa contentos, ya anochecido, tarareando valses a voz en cuello, con hambre y ganas de regresar al claro del bosque.

Con el transcurrir del otoño se nos acababan los relatos de Poe, así que abrimos la mano y permitimos nombrar otros cuentos románticos, como las leyendas de Bécquer: ¡El monte de las ánimas!, ¡El beso!, ¡Miserere! A mí me agradaba gritar algún cuento vampírico: ¡Millarca!, digo ¡Carmilla!, ¡Morella!, ¡El vampiro!, porque sabía que a Susana le daban miedo. Ella gustaba más de otro tipo de cuentos. Aunque no rehuía los temas algo truculentos: ¡El soldado y la muerte!, ¡El zar Saltán!, también le gustaban todavía los cuentos infantiles: ¡El rey de los ratones!, ¡Pinocchio!

Pero todo terminó bruscamente el 7 de diciembre, cuando, aprovechando que ya anochecía antes, se me ocurrió una bromita de las mías. Aquél día les permití a ellas comenzar, reservándome para el final. Cuando llegó mi turno, susurré, pero el susurro se escuchó más lejos que ningún grito que hubiera dado antes: ¡Continuidad de los parques! La desencajada cara de mis hermanas me hizo gracia un momento, pero, desde entonces, me he arrepentido de la broma más que de ninguna otra cosa en mi vida, pues ya nunca más volvimos a jugar a románticos.

martes, 20 de noviembre de 2018

Siete mujeres sindicalistas

El machismo se encuentra tan arraigado en nuestra sociedad que incluso en el ámbito de la lucha obrera, en el que mujeres y hombres deberíamos ir de la mano, la cuota de poder es ínfima para el colectivo femenino. No obstante, señalaré aquí a algunas sindicalistas cuya carrera me ha interesado:

1. Isabel Vilà i Pujol (1843 - 1896). Considerada la primera sindicalista catalana, creó la Federación Internacional de Trabajadores de Llagostera. Fue conocida por su reivindicación de cinco horas de trabajo para los menores de 13 años que estaban empleados en las fábricas. También reivindicó la educación para la clase trabajadora, a cuya enseñanza se dedicó posteriormente.

2. Teresa Claramunt (1862 - 1931). Una de las primeras revolucionarias españolas del siglo XIX. Sindicalista de convicciones anarquistas, desde 1882 participó en huelgas que reivindicaban la reducción de jornada. En esa época la jornada de ocho horas les parecía utópica, por eso, en el Congreso de Trabajadores de la Región Española celebrado en Sabadell, decidieron demandar la jornada de diez horas. En 1903, Teresa ya planteó la equiparación salarial entre hombres y mujeres, afirmando, además, que la emancipación de la mujer tenía que ser llevada a cabo por ella misma. Su origen social obrero la alejaba de las feministas de su tiempo, mujeres cultas y educadas en familias liberales. Pasó largos años en la cárcel y en el exilio y sufrió tortura.

3. Elizabeth Gurley Flynn (1890 - 1964). Sindicalista estadounidense, dio su primer discurso a los dieciséis años, disertando sobre el socialismo y la mujer. Contribuyó a la expansión del sindicato Industrial Workers of the World, reivindicando la libertad de reunión y expresión. Participó en las violentas huelgas textiles de Massachusetts en 1912, así como en otras luchas sindicales en Nueva Jersey, Pennsylvania y Nueva York. Colaboró también con la Worker's Liberty Defense Unión, proporcionando defensa jurídica a los legendarios Sacco y Vanzetti. Presidió la International Labor Defense. Fue condenada por su militancia comunista.

4. Lucía Sánchez Saornil (1895 - 1970). Esta poeta que trabajaba en Telefónica, dejó la literatura para dedicarse a la lucha sindicalista. Por ello fue expulsada de la compañía. Comprendiendo que no se podía separar la lucha obrera de la lucha contra el patriarcado, fue cofundadora de la organización Mujeres Libres. Ella fue siempre una mujer libre, y habló de ello en una serie de artículos sobre la cuestión femenina, en los que achacaba la poca preocupación por los temas sociales de las mujeres españolas a su papel histórico de sometimiento. Recogiendo ideas de Teresa Claramunt, polemizó con otros líderes sindicales, porque ella consideraba que los obreros debían implantar la igualdad con sus mujeres en sus casas antes de pedir igualdad en la calle.

5. Mercedes Comaposada Guillén (1901 - 1994). Pedagoga y abogada anarquista, fue cofundadora con Lucía Sánchez Saornil de la organización Mujeres Libres. Comenzó trabajando muy jovencita como montadora cinematográfica en Barcelona, donde se afilió a la CNT. En Madrid estudió derecho y se dedicó a la revista anarcosindicalista Mujeres Libres y a la enseñanza de obreras, porque los obreros no querían ser enseñados por mujeres. Sufrió el exilio en París.

6. Conxa Pérez Collado (1915 - 2014). Anarquista por influencia de su padre, uno de los fundadores de la CNT, abandonó su casa por el machismo que veía en ella. Dejó las artes gráficas para defender a la república. Fue una de las fundadoras del Ateneo Humanidad de Les Corts y de la Escuela Autogestionada Eliseo Reclús. Participó en las primeras asociaciones de vecinos que surgieron en Barcelona. Desde 1999 fue miembro del grupo de mujeres del 36, que contribuyeron a la recuperación de la memoria histórica.

7. Bárbara Figueroa (1979-). Es la presidenta de la Central Unitaria de Trabajadores de Chile (CUT), la organización sindical más importante del país. Licenciada en psicología, proveniente del movimiento comunista, es la primera mujer presidenta de la CUT y la primera mujer en encabezar una multisindical en América Latina.