lunes, 23 de julio de 2018

Siete libros del boom latinoamericano

El boom latinoamericano fue en fenómeno que surgió en los años sesenta del siglo XX, en el que se mezclan autores variopintos, dependiendo del cronista. Aquí lo vamos a usar como excusa para hablar de varios libros que me parecen imprescindibles.

1. Sobre héroes y tumbas. Ernesto Sábato (1961). Es imposible explicar el argumento de una novela como esta, pues a veces parece que no dice nada y otras veces te lo está diciendo todo. Es una narración que en ciertos momentos puede parecer deslavazada y que me recuerda en eso a Kafka o a Henry Miller, pero que completa su círculo de manera magistral. Es una historia de ¿amor? entre Martín y Alejandra, pero es más. Es la historia de una familia en progresiva decadencia, que puede recordar a García Márquez, pero es mucho más. Es surrealista pero también es existencialista. Desde que leí el "Informe sobre ciegos" que incluye la novela soy otra persona. Recomiendo la lectura de la obra de ficción completa de Sábato, que incluye El Túnel y Abbadón el Exterminador.

2. Rayuela. Julio Cortázar (1963). Una de las novelas más originales que se pueden leer es también una de las mejores. Su estructura de escenas sueltas, como el cine de Tarantino, permite comenzarla en el principio y acabarla en el final, pero también puedes terminar en un determinado capítulo o saltar de uno a otro según la secuencia que recomienda el autor. Es surrealista, caótica, como la vida, pero también introspectiva, pues buena parte de la misma es relatada por su protagonista, Horacio Oliveira. Lo normal es no entenderla a la primera. Ni del todo a la segunda, me temo. Pero nunca se olvida. Y siempre se puede acudir a ella para leer un capítulo suelto. Otras obras que recomiendo de Cortázar son 62 Modelo para armar, Bestiario, Historias de cronopios y de famas, Final del juego, Las armas secretas y Todos los fuegos el fuego.

3. La ciudad y los perros. Mario Vargas Llosa (1963). La primera novela del nobel peruano fue también la primera de él que leí y me sorprendió gratamente. Supuestamente realista pero también muy simbólica en un sentido sociológico, en ella encontramos la maestría en el dominio del castellano que perdurará en toda la obra de Vargas Llosa. La ciudad es Lima y los perros son los cadetes más jóvenes de una academia militar de la capital del Perú. Todo hombre que haya sido adolescente se verá reflejado en el carácter, las cuitas y las andanzas de El Poeta, El Jaguar o El Esclavo, o en todos ellos. Un autor que te atrapa siempre. Muy recomendables también Los jefes, Los cachorros, La casa verde, Conversación en la Catedral, Pantaleón y las visitadoras, La tía Julia y el escribidor, La guerra del fin del mundo, Historia de Mayta, Elogio de la madrastra, La fiesta del Chivo y El héroe discreto.

4. Cien años de soledad. Gabriel García Márquez (1967). Esta es la novela. Su lectura es obligatoria, pues forma parte del patrimonio consciente colectivo de la humanidad. Narra la historia de un pueblo llamado Macondo y de una familia de apellido Buendía, como el mío. Pero en esta epopeya casi bíblica, la soledad del título y la falta de capacidad de amar me parecen realmente el tema central. En ella se encuentra el realismo mágico en todo su esplendor, insertando lo mágico en lo cotidiano. No hay que dejarse aturullar por la cantidad de Aurelianos y José Arcadios, que suponen simplemente un divertimento más. Es lo mejor que se ha escrito nunca en castellano, con permiso del Quijote, por eso se puede paladear cada párrafo, del primero al último. Otros trabajos del premio nobel colombiano que también recomiendo encarecidamente son El coronel no tiene quien le escriba, El otoño del patriarca, Crónica de una muerta anunciada, El amor en los tiempos del cólera, El general en su laberinto, Memoria de mis putas tristes, Relato de un náufrago, Noticia de un secuestro, De viaje por Europa del Este y Vivir para contarla.

5. Tres tristes tigres. Guillermo Cabrera Infante (1967). Dentro de los experimentos del boom encontramos esta novela que no está escrita en español, sino en cubano, en la que se cuentan las andanzas de tres amigos durante una noche por La Habana de 1958. Podrás hallar en ella una serie de capítulos a priori inconexos entre sí, pero que te introducen hipnóticamente en el calor, la humedad, el trapicheo, el alcohol y, en general, en el mosaico de la vida nocturna de la capital cubana. El autor demuestra su dominio de la lengua para, con una serie de técnicas, modismos y trucos, engendrar este arrollador discurso tropical, que a veces te atropella. Humorística y procaz, es gracioso recordar cómo fue prohibida por el régimen comunista cubano y recortada por el franquista.

6. La casa de los espíritus. Isabel Allende (1982). En una época posterior al boom, pero dentro del realismo mágico, se escribió esta novela, que narra las peripecias de varias generaciones de la familia Trueba. Influenciada notablemente por Cien años de soledad, pero con los pies más en la tierra, es un magnífico relato que te atrapa desde el principio. Aunque los hombres parecen los protagonistas, la historia de Nívea, Clara, Blanca y Alba es la de unas mujeres con ideas propias, en una época y un lugar donde la sociedad no se las concedía, un país muy parecido al Chile del siglo XX. Otra obra de esta autora que me gustó fue La isla bajo el mar.

7. Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Pablo Neruda (1924). Escrito cuarenta años antes del boom y no siendo una novela sino un librito de poemas, mucho más romántico e incluso modernista que moderno, no puedo resistirme a incluir a Neruda entre mis autores latinoamericanos favoritos. Parece mentira el dominio del verso alejandrino y la introspección que consiguió un muchacho de menos de veinte años para lograr escribir un clásico. "Me gusta cuando callas" o "Puedo escribir los versos" forman parte del acervo cultural de la humanidad y todos deberíamos conocerlos. Hazlo, que cuesta muy poco.

domingo, 1 de julio de 2018

Siete nociones clave sobre la verdad

Vamos a aprender algo sobre la verdad, un concepto con muchos matices:

1. Definición de la verdad. La verdad es la correspondencia entre lo que afirmamos y lo que pensamos, sentimos o sabemos. La verdad es la interpretación mental de la realidad transmitida por los sentidos. Pero esa interpretación mental incluye creencias, valores y la consciencia, que filtran la verdad a través de nuestra subjetividad, construyendo una verdad para cada uno de nosotros. También podemos decir, como Aristóteles y Popper, que la verdad es la correspondencia entre una proposición y los hechos (o la realidad). Pero aprendemos a ver la realidad seleccionando los mensajes que llegan a nuestro conocimiento subjetivo de esa realidad, por lo que en la mayoría de los casos debemos conformarnos con llegar lo más cerca posible de una verdad que no podemos poseer completamente.

2. La verdad como conocimiento superior. La alegoría de la caverna de Platón nos enseña que el mundo se presenta ante cada ser humano de una forma distinta. Esta interpretación personal se define a través de la carga biológica y las creencias culturales. No obstante, dichas representaciones no capturan realmente la esencia de las cosas, y la mayor parte de las personas viven en un mundo de relativa ignorancia. El ser humano debe enfrentarse al miedo a cegarse, debe salir de la cueva y ver el mundo bajo el prisma de la razón, para acercarse a la verdad.

3. La verdad absoluta es peligrosa. La verdad absoluta es aquella cuyas proposiciones son verdaderas para todas las culturas y eras, aún si las personas que viven en ellas no lo saben. Cuidado con esto, porque la verdad absoluta muchas veces contiene la idea de Dios. Pero como para cada cultura existe un Dios absolutamente verdadero, hay que convencer a los demás de que tu Dios es el único y legítimo. Y hay que convencerlos, si es necesario, a garrotazos. Las religiones siempre desconfían del relativista, de aquel que piensa que la verdad depende del punto de vista. Aunque creamos haber encontrado la verdad, lo más probable es que, a la vuelta de la esquina, exista otra verdad distinta que nos sorprenderá.

4. La verdad versus la libertad. En teoría, los seres humanos debemos ser fieles a la verdad para alcanzar la libertad. Pero verdad y libertad, desde Kant, pueden entrar en contradicción. Este filósofo afirmaba que el hombre es libre porque la razón práctica le dice que existe una realidad objetiva, cual es la ley moral, que obliga a los hombres a actuar de una determinada manera. Pero esta verdad está supeditada a la existencia de Dios, por lo que, sin la existencia de Dios ni de la inmortalidad del alma, la ley moral sería una pura ilusión de la razón práctica. ¿Cómo os quedáis? Yo me quedo picueto con estas cábalas.

5. La verdad pertenece a quien ostenta el poder. Siempre se ha dicho que la historia la escriben los vencedores. En los conflictos, cada una de las partes implicadas ha luchado defendiendo una verdad en la que "firmemente" creían. El que vence en la guerra demuestra que "su" verdad era la verdad objetiva, la que no se puede discutir. Cuando los europeos dominaban el mundo era fácil conocer la verdad, que era la que la Iglesia decía. Ahora todo se ha enredado y no tenemos un poder central que nos diga que nosotros somos los buenos y ellos son los malos.

6. Sobre verdad y mentira en sentido extramoral. Es este el título de un libro muy interesante (que se lee en un ratito) sobre la verdad, escrito por Nietzsche. El filósofo alemán piensa que el hombre no quiere la verdad, lo que quiere es la felicidad. Por eso distingue al hombre racional, que piensa que todo es regular y previsible, lo que le acarrea desgracias, porque el universo es un ente abstracto e irregular, y el hombre intuitivo, para quien la verdad es aquello que le interesa, aquello que le hace feliz. Este último sale mejor parado, porque acepta el cambio y vive la vida con pasión.

7. Más allá de la verdad. Hay quien piensa (Gianni Vattimo) que deberíamos renunciar a la pretensión de basar nuestra concepción del mundo política, social, científica y religiosa en un saber científico objetivo. Teniendo en cuenta que muchos líderes ya no se sienten atados por lo que durante siglos se ha llamado la verdad, y que la ciencia "no piensa", sería deseable basar la verdad en un diálogo social e intercultural abierto y sin condiciones. Este adiós a la verdad sería lo contrario de la política de la posverdad, que supone la apelación a las emociones del pueblo (populismo) basándose en argumentos falaces o directamente falsos, pero no en aras del diálogo, sino de la confrontación y la búsqueda del conflicto. Enfrentar a los pobres de aquí contra los de allá para seguir dominándolos a todos.

domingo, 24 de junio de 2018

El hombre que pudo triunfar

Ahora que, después de dejar la basura en los contenedores, aprovecho para echar un cigarro antes de bajar el cierre del búrguer, recuerdo aquél día de verano en que pudo cambiar mi vida.

Era 1981. Si paseabas sin Loden por Princesa, Argüelles o Moncloa, los maderos te paraban constantemente. Mucho peor si llevabas pitillos y el pelo enredado.

Sin embargo, en Usera tus pintas podían ser una mezcla de Iggy Pop y Ozzy, tal como los habías visto en los Popular 1 desde 1978. Además, si cantabas imitando a Freddy Mercury en una banda de rock, pues cojonudo. Y si la banda sonaba bien ya era la hostia.

Porque éramos muy buenos. Charlie, mi guitarrista, era autodidacto, pero sabía hacer hablar a su instrumento. El Christian y el Frenos, al bajo y a la batería, formaban una base rítmica compacta y sin fisuras. Nos pasábamos las tardes y las noches ensayando, después de los curros, hasta que conseguimos un sonido increíble de heavy metal. Mis letras no desentonaban y en nuestro repertorio había tres o cuatro himnos que cerca de cien incondicionales coreaban en los conciertos.

Por eso éramos los favoritos. Después de vernos en un ensayo, El Fortu había comentado con algunos colegas que su grupo no tenía nada que hacer contra nosotros, y que aspiraban al segundo puesto del Rock Villa de Madrid.

Así llegamos a semifinales. El ambiente en el local era brutal, todo el barrio estaba allí metido para ver como arrasábamos. Naturalmente, nos habían colocado los últimos. En teoría se había hecho por sorteo, pero todos sabían que íbamos a ganar. Debíamos ser el colofón de una noche inolvidable.

Pues ¿Qué creéis que pasó cuando salíamos al escenario? Un apagón. No me jodas. Se recuerdan los disturbios que se produjeron en la cárcel de Carabanchel aquél día. Pero pocos hablan de la movida en nuestro concurso. Confusión, gritos, patadas, puñetazos. Unos cuantos aprovechados arramblaron con todo lo que había en el escenario. Desde los micros hasta los amplis. Incluso quisieron arrancarle al Christian el bajo de las manos.

Un desastre. La organización suspendió la semifinal y El Fortu y su banda pasaron a la última ronda, que ganaron con comodidad. Aquél día mi suerte pudo haber cambiado. Pero no me quejo. Tuve mi momento y no lo aproveché. Algunos nunca llegarán a rozar la gloria con la punta de los dedos.

Echemos el cierre, que mañana hay que madrugar.

lunes, 4 de junio de 2018

Siete partidos políticos corruptos

Desde hace muchos años los políticos han sido tentados por el dinero. Son personas que suelen acaparar bastante poder y por eso a veces abusan de él para su beneficio privado. Cuando los políticos de un partido se unen para, a través de la corrupción, beneficiarlo, este partido puede ser calificado de corrupto. Si un partido político accede al poder a través de métodos corruptos, sus integrantes son corruptos.

Vamos a ver algunos partidos que, a lo largo de la historia, han sido considerados o declarados corruptos por la justicia:

1. Partido Nacional Socialista Obrero Alemán. En general, todo poder dictatorial se ve acompañado de fenómenos de corrupción más o menos extendidos. En el caso del partido Nazi, Hitler institucionalizó la corrupción de las élites para conseguir ligarlas al régimen. Así, mediante dádivas a los miembros de las viejas élites alemanas, que llegaban incluso a la donación de fincas, consiguió atraerlos a su causa.

2. Partido Nacional Fascista. Fundado en Italia por Benito Mussolini, tenía sus raíces en el nacionalismo italiano. Llegó al poder, como Hitler, en nombre de la lucha contra la corrupción, pues los prestamistas, especuladores y homosexuales corroían el corazón y las arterias del pueblo. Pero no hay mayor corrupción en la política que una tiranía. Además, algunas investigaciones serias apuntan a que el Vaticano recibió un total de 800 millones de dólares por parte del Partido Fascista a cambio que reconociera al gobierno de Mussolini.

3. Partido Revolucionario Institucional (México). El PRI mantuvo una hegemonía aplastante en México desde 1929 hasta 1989. Esta casi perpetuación en el poder derivó en que muchos de sus integrantes se sintieran impunes ante las tropelías que cometieron. Es un partido que ha sido famoso por pactar con los narcotraficantes, por robar, por compra de votos y por el amaño de elecciones. Al gobierno del PRI se le acusa de la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre de 1968. En los 70, 80 y 90 ha sido acusado de robar a manos llenas, incluso de asesinar a sus propios dirigentes cuando se oponían a aquellos que tenían el mando del partido. Actualmente más de 30 dirigentes de este partido se encuentran investigados por corrupción y, para muchos, sigue siendo prototipo del fraude y el nepotismo.

4. Partido Popular Indio. El Bharatiya Janata Party (BJP), es un partido conservador que se presenta como representante de la mayoría hinduista de la India. Es el típico partido que con una mano presenta al pueblo inculto unos ideales de patria y de odio al que no es como nosotros, mientras con la otra mano te saca dinero del bolsillo. Diversos dirigentes nacionales y regionales del BJP han sido juzgados y condenados por corrupción. Es mundialmente famoso el escándalo de las concesiones ilegales de carbón.

5. Movimiento de Resistencia Nacional de Uganda (NRM). Tras ganar la guerra civil, gobiernan en el país desde 1986, primero autoritariamente y, desde 2006, en una supuesta democracia. Es un partido de derechas, pero ha sido acusado de fundamentalismo católico y de autoritarismo. Uganda es uno de los países del mundo en los que es más alto el índice de percepción de la corrupción. Por ejemplo, en 2012, algunos empleados de la oficina del primer ministro transfirieron a sus cuentas bancarias el dinero de los países que donaron fondos para la recuperación de Uganda tras la guerra en el norte. Pero en todo el país la corrupción es sistémica. Si vas al hospital y no le das dos euros a la enfermera, te dejará morir sin inmutarse.

6. Liga Musulmana de Pakistán. El LMP(N) es un partido de centroderecha, cuyo líder, Nawaz Sharif, exprimer ministro del país, fue inhabilitado de por vida por el Tribunal Supremo, al hacer trampas en sus declaraciones de renta y lucrarse gracias a su posición política, lo que se supo por la investigación llamada "Papeles de Panamá". Sin embargo, y en un claro caso de nepotismo, su hermano Shabaz Sharif se hizo cargo del partido. No obstante, siguen en el poder, en un claro caso de esos en los que el pueblo pide a sus gobernantes: "Róbame más, por favor".

7. Partido Popular (PP) de España. Fundado en 1989 por Manuel Fraga, que fuera ministro en el régimen dictatorial franquista, es un partido liberal conservador inspirado en el humanismo cristiano. En mayo de 2018 varios de sus dirigentes fueron condenados a penas de cárcel e incluso el mismo partido fue condenado a pagar una multa por lucrarse de la trama denominada Gürtel, porque creó un auténtico y eficaz sistema de corrupción institucional a través de mecanismos de manipulación de la contratación pública central, autonómica y local, usando para ello la estrecha y continua relación del cabecilla de la trama con influyentes militantes del PP que podían influir en los procedimientos de toma de decisión en la contratación pública.

jueves, 24 de mayo de 2018

Siete lugares de Valladolid

A continuación recopilaré algunos de los sitios que más me gustaron de mi visita a la ciudad de Valladolid en el mes de noviembre de 2017, como siempre, centrándome únicamente en lo que vi y palpé, sin pretender ser exhaustivo.
1. Campo Grande. Caminando desde la estación de tren por la Calle Acera de Recoletos hacia el centro de la ciudad, llama la atención este parque. Entramos en él por el acceso que se encuentra frente al imponente edificio de la Academia de Caballería. En un entorno con un arbolado frondoso que refresca el ambiente, encontrarás un oasis romántico con numerosas fuentes, entre las que destaca por su belleza la fuente del cisne. También hay un estanque lleno de patos y con barcas para pasear. Me pareció curiosa la estatua del fotógrafo, que se encuentra situada en uno de los caminos. Llaman la atención los numerosos pavos reales que puedes observar muy de cerca.
2. Hotel Zenit Imperial. El alojamiento lo resolvimos en este hotel de cuatro estrellas, que está en el centro centro de Valladolid. La ubicación es inmejorable, pues puedes ir a pie a cualquier lugar de la ciudad en quince minutos. Es muy cómodo y tiene una buena relación calidad/precio, aunque el personal es un poco seco en general. Algún camarero no nos trató todo lo bien que debería cuando no seguimos sus instrucciones al pie de la letra. Parece ser que están acostumbrados a bregar con grupos grandes de excursionistas a los que tratan como ganado, pero a mí no me gustó ese comportamiento.
3. Plaza Mayor. Es el centro de la vida de la ciudad y está completamente peatonalizada. Se encuentra presidida por la estatua del conde Ansúrez, que fue quien hizo de la villa la gran ciudad que ahora es. En su parte norte podemos ver el edificio del Ayuntamiento, construido a principios del siglo XX. En la parte sur, bajo los soportales, hay que saber encontrar el Teatro Zorrilla que, en su primera planta, tiene una cafetería con un ambiente coqueto y decadente, desde la que puedes tomar algo con vistas a la plaza, como si fueras un señor con sombrero y bastón o una señorita de la sociedad. Los edificios de la plaza se encuentran pintados de rojo, lo que dota al conjunto de homogeneidad.
4. Calle Santiago. Entre la Plaza Mayor y el Campo Grande discurre esta calle, que es la más comercial de la ciudad. Siempre la encontrarás llena de gente. Pero debes mirar hacia arriba para observar su interesante y ecléctica arquitectura, con edificios como el de La Unión y el Fénix, construido a imagen y semejanza del que se encuentra en la Calle Alcalá de Madrid, la Iglesia de Santiago Apóstol y algunos bloques de viviendas de estilo Art Decó, modernistas, neobarrocos o racionalistas
5. Museo Nacional de Escultura. En el magnífico edificio plateresco del Colegio de San Gregorio encontramos una de las mejores colecciones de escultura del mundo, consistente en obras religiosas en madera policromada que abarcan desde el siglo XIII al XVIII, desde el gótico a lo más destacado de la exposición, que son las tallas barrocas, pasando por el renacimiento o el manierismo. Curiosas son las piezas que encontramos en la Casa del Sol, que son copias de obras de los siglos XIX y XX, procedentes del antiguo Museo Nacional de Reproducciones Artísticas.
6. Casa Museo de José Zorrilla. La casa natal del autor de Don Juan Tenorio, conserva numerosos objetos personales del poeta, entre los que destaca su máscara funeraria. A través del mobiliario y los enseres recrea a la perfección el ambiente romántico del siglo XIX. Está compuesta por dos plantas y un jardín muy bello y cuidadosamente descuidado. La visita es guiada y muy interesante, pues en ella te cuentan hasta una historia de fantasmas. Es gratuita pero, si no quieres sorpresas, deberías reservarla con antelación.
7. Comer y tapear. Si quieres sentarte a comer como una persona puedes elegir, como nosotros, La Parrilla de San Lorenzo. Situado en las antiguas bodegas de un convento, es un típico restaurante castellano, muy grande y con una recargada pero estética decoración en sus comedores abovedados. Allí podrás degustar el típico lechazo asado en horno de leña. Pero si queréis ir de tapas, la oferta es grande. Os recomendaré Jero para tomar pinchos casi al estilo vasco, como el de cabra o la mini burguer. En La Mina pedimos raciones y eran abundantes, aunque no se salen de lo más tradicional. Los Zagales sigue ofreciendo como pincho estrella el Tigretostón, que es un rollito de morcilla con la apariencia y la presentación de un Tigretón (con su plastiquito y todo). Es tan contundente que con dos podría comer una persona normal. Pero también tienen otras muchas tapas de diseño, variadas, originales y divertidas.

lunes, 14 de mayo de 2018

Mis siete películas musicales preferidas

Las películas musicales son las que más me hacen disfrutar en el cine. Suelen tener una trama divertida, alrededor de la cual se engranan canciones casi siempre pegadizas, pero que, algunas veces, son pequeñas joyas de música ligera. Mi lista de películas musicales que adoro es inmensa, e incluiría Sonrisas y lágrimas (The sound of music), Cabaret, El Mago de Oz, Mary Poppins, Siete novias para siete hermanos, Los paraguas de Cherburgo, Cita en San Luis, Las zapatillas rojas, Saturday Night Fever, Un americano en París, Gigi, La bella y la bestia, Fama, Hair, Un día en Nueva York, Una cara con ángel (Funny Face), Tommy, All That Jazz, Papá piernas largas, Quadrophenia, Hairspray, Rocky Horror Picture Show o La pequeña tienda de los horrores.

Sin embargo, no me gusta cansar, por lo que mis listas son de siete elementos. Tras mucho deliberar conmigo mismo, estas son las siete películas musicales que más me han influido:

1. Sombrero de copa (1935) (Mark Sandrich). Un argumento que olvidarás a los diez minutos de haber visto la película, pero unos números musicales que se te quedarán en la retina durante décadas. Seguro que la vi un sábado por la tarde mientras jugaba con mis camiones sobre la alfombra del comedor y, desde entonces, no he podido olvidar cómo se movía ese vestido en Cheek to cheek siguiendo la música de Irving Berlin. No obstante, cualquier número de Fred Astaire y Ginger Rogers de aquella época me llena de nostalgia, como The Continental de La alegre divorciada o The way you look tonight, de Swing time (En alas de la danza). Y es posible que confunda las tres películas en mi cabeza. Nota de 7,5.

2. Bodas reales (1951) (Stanley Donen). Otro musical con el aroma de los clásicos de Hollywood. Si ya me costaba ver a Fred Astaire como el novio de Ginger Rogers, me cuesta más todavía verlo como el hermano de Jane Powell. No debemos fijarnos mucho en el argumento, que sólo sirve para que los números musicales brillen en un bonito marco. Y es que en esta película, ya en Technicolor, se encuentran dos de mis números de baile favoritos de la historia. Son dos solos de Fred Astaire. En uno baila por las paredes y el techo de una habitación y en el otro utiliza los aparatos de un gimnasio para lucir sus tremendas habilidades. Un 7.

3. Cantando bajo la lluvia (1952) (Stanley Donen). Mi musical favorito de todos los tiempos, e incluso podría ser mi película favorita de todos los tiempos. He tenido la suerte de verla en un cine y la experiencia fue fantástica. Sobre un intrascendente y satírico guion que relata la llegada del cine sonoro a Hollywood, se superponen una extraordinaria serie de números musicales, a cual mejor, que llevan in crescendo la película hasta un final apoteósico. Hay que conocer que Debbie Reynolds (madre de Carrie Fisher, la princesa Leia de Star Wars) no sabía cantar (ni casi bailar), y fue doblada precisamente por Jean Hagen, la actriz a cuyo personaje (Lina Lamont) dobla el de Reynolds (Kathy Selden) en la cinta. Mi nota es de 9.

4. West Side Story (1961) (Robert Wise, Jerome Robins). Este musical cambió la historia del género. Basado en Romeo y Julieta, su música y su vigorosa coreografía son distintas a todo lo que hasta entonces se había visto tanto en Broadway como en Hollywood. Lo que más me gusta es la tremenda partitura de Leonard Bernstein, que incluye guiños al jazz y a los ritmos latinos y que te emociona desde la obertura. Pero la estilización estética me encanta y los bailes son ultramodernos, aunque la historia es bastante simple. Natalie Wood enamora siempre, aunque esté doblada. Un 8.

5. My fair lady (1964) (George Cukor). Esta deliciosa comedia, procedente de un musical de Broadway y basada en el Pigmalión, de Bernard Shaw, tiene todos los ingredientes que nos gustan a los románticos. No puedo dejar de llorar cada vez que Eliza baila con el príncipe de Transilvania. La película sigue siendo memorable a pesar del final chusco que se inventaron para Hollywood. Hay que conocer que el papel que en el cine interpreta Audrey Hepburn lo había hecho Julie Andrews en el teatro, pero el productor de la película no quiso contratarla por no ser conocida. Sin embargo, ese mismo año, Julie Andrews ganó el Oscar por Mary Poppins y Audrey Hepburn no estuvo ni nominada, al haber sido doblada en casi todas las canciones. Notaza de 8.

6. Grease (1978) (Randal Kleiser). Una película que se burla de las comedias adolescentes de los años 50, parodiando aquellos anhelos que ellos y ellas tenían en esa época y que eran, para ellos, encontrar un buen trabajo y, para ellas, casarse con un marido decente que las mantuviese. Hombres y mujeres hechos y derechos interpretan a los jóvenes de instituto. Pero nada de eso importa ante la brillantez de las canciones, que se suceden sobre la base de un guion sencillo, telenovelesco, pero gracioso. Marcó a una generación y ha envejecido muy bien, no como la moda de los pantalones de cuero. Nota de 7,5.

7. La La Land (2016) (Damien Chazelle). La película de los últimos años que más me ha conmovido. Tras un arranque espectacular, que te deja con la boca abierta, cuenta una típica, aunque cálida, historia de amor, aderezada con soberbios números musicales, para dejarte boquiabierto de nuevo con un esplendoroso y nada convencional final. Algunos la tachan de nostálgica, como si eso fuera un defecto. Otros han dicho que era ñoña o mojigata, pero no habrían dicho lo mismo si hubiese sido filmada en 1956. Es verdad que los tiempos han cambiado. Pero para mí es un enorme y respetuoso homenaje al cine musical clásico de colorines. Nota de 8,5.

domingo, 29 de abril de 2018

Siete nociones clave sobre el acceso a la primera vivienda

Para las personas (pobres) que viven en España (y cuando digo pobres incluyo a aquellas que se creen clase media) el acceso a la primera vivienda es uno de los mayores problemas económicos que tendrán que resolver a lo largo de su vida. Vamos a examinar el asunto.

1. El precio de la vivienda sube por encima del aumento de los salarios. Tras unos años en los que los precios de los inmuebles bajaron tanto para el alquiler como para la compra, la vivienda en venta ha comenzado a subir desde el 2016 entre un 5 y un 10% anual. En cuanto al alquiler, el precio se ha incrementado en 2017 una media del 9%. Los salarios subieron en ese mismo año un 0,5% de media. Y el aumento del salario mínimo no haría que los colectivos con menos recursos pudieran acceder a más viviendas de alquiler pues, con una oferta escasa y una demanda creciente, los caseros serían grandes beneficiarios de la subida de salarios, porque podrían subir los alquileres.

2. La precariedad laboral complica también el acceso de los jóvenes a su primera vivienda. Una de las consecuencias de la política de recortes y de austeridad que los poderosos se inventaron, en teoría, para paliar la crisis, es que a los grupos de inferior edad les cuesta muchísimo alcanzar un contrato indefinido que les proporciones un mínimo de estabilidad económica. Y es que casi un 25% de los jóvenes que tienen trabajo son pobres (poseen una renta inferior al 60% de la renta mediana nacional), porque el empleo es de pésima calidad.

3. Existe poca oferta y mucha demanda de viviendas de alquiler, lo que descompensa el principio básico de la economía de mercado. La irrupción de los llamados pisos turísticos perjudica al volumen de la oferta de alquiler residencial. Muchos pisos que se alquilaban para residentes están dejando de cumplir su labor social cuando se intentan arrendar ahora a los visitantes esporádicos, saliendo del mercado del alquiler, lo que dispara los precios de este tipo de contratos. Los centros de las ciudades más turísticas se están vaciando de vecinos.

4. Los españoles seguimos pensando (7 de cada 10), que es mejor comprar que alquilar. Por eso muchos quieren cambiar de alquiler a propiedad. Alquilar tiene ciertas ventajas: no se necesitan ahorros previos, permite una mayor flexibilidad y tiene más ventajas fiscales. La compra te da una seguridad frente a la jubilación y libertad para modificar la casa.

5. Pero para comprar una casa hay que haber juntado un dinerito, tener un ahorro previo. El banco sólo te va a conceder un préstamo sobre el 80% del valor de tasación, que suele ser menor que el de venta. Hay que tener ahorrado también el importe correspondiente a los impuestos derivados de la compraventa, que puede ser un 15% del precio. En total, para ir seguro, habría que tener ahorrado un 45% del precio de compra. Es decir, que para un piso de 150.000 euros habría que haber ahorrado 67.500. Después, es recomendable no gastar más del 35% del sueldo en pagar la hipoteca. Es decir, si ganas 1.500 euros, no deberías pagar más de 525 euros de cuota mensual.

6. Empezamos a vivir una nueva burbuja inmobiliaria. Con los actuales tipos de interés, sale más económico comprar una vivienda que alquilarla. Resulta barato suscribir una hipoteca a interés fijo, que se podría compensar con el control actual de la inflación. La rentabilidad del ladrillo puede llegar a superar el 7% anual, con lo que multitud de inversores llevarán sus activos a este sector, provocando una subida de precios no justificada, pues ni los salarios ni la inflación suben. La historia tiende a repetirse.

7. Las cláusulas suelo y la reforma del mercado hipotecario. Las clásulas suelo eran unas estipulaciones que aparecían en casi todas las hipotecas y que decían que, si el interés bajaba por debajo de una tasa, tu hipoteca no bajaba hasta esa tasa, sino sólo hasta un suelo determinado en la escritura. La justicia ha dictaminado que son ilegales, lo que ha hecho que se encarezcan las hipotecas, porque los bancos, como siempre, deben guardarse las espaldas. Ya sabemos que un banco no puede quebrar. Y si quiebra, el Estado se suele hacer cargo de él, es decir, los ciudadanos nos hacemos cargo de sus deudas.