miércoles, 16 de agosto de 2017

Siete lugares de Noja

Noja es un lugar al que me gustar acudir a relajarme y respirar el aire del mar. Para mí es como ir al pueblo, aunque no soy de allí. Pero no solo yo lo he descubierto. En verano, y sobre todo en agosto, la afluencia de veraneantes es casi incómoda. Pero siempre merece la pena la visita. Voy a relacionar una serie de lugares de Noja que me gustan y de los que todo el mundo debería disfrutar alguna vez.
1. Playa de Trengandín. Puede ser la playa más bonita de Cantabria. Es de arena fina y dorada y mide más de tres kilómetros de largo, por lo que es muy buena para el paseo matutino, en el que te cruzarás con peregrinos, pues forma parte del Camino de Santiago. También es ancha y nunca se forman aglomeraciones de bañistas. Su característica más singular es que, cuando la marea está baja, afloran una serie de formaciones rocosas que le dan un aspecto casi lunar. Entre las rocas puedes dedicarte a la recolección de cangrejos y otras pequeñas especies marinas. Se encuentra muy cerca del centro del pueblo.
2. Playa de Ris. La otra gran playa de Noja. Mide un par de kilómetros de largo. Su arena es fina y tiene también formaciones rocosas. Es buena para practicar el surf, pero los más peques pueden disfrutar de ella, sobre todo cuando baja la marea y se forman charquitos. Siempre recordaré la primera vez que estuve allí, y lo que me sorprendieron los aromas verdes que llegan de las arboledas cercanas. En la bajamar puedes cruzar andando por ella hasta la playa del vecino pueblo de Isla.
3. Ruta de la Costa. De la playa de Ris a la de Trengandín, o viceversa, transcurre un sendero señalizado que bordea la costa. En los carteles explicativos se asegura que el paseo dura entre treinta y cuarenta minutos. Pero no tardarás menos de una hora, porque es obligatorio pararse a contemplar los excelsos paisajes que el camino ofrece. Como una playa está orientada al norte y la otra al este, la ruta traza una curva cerca de la Punta de Mesa. Rodeado de helechos, brezos, encinas, pinos o laureles, recorrerás los acantilados, verás las pequeñas dunas que se asoman a los mismos, los islotes cercanos, como el de Peña Pombera, alguna minúscula y escondida playa e incluso un búnker de artillería orientado al mar.
4. Plaza de la Villa. Si vas en verano a Noja, únicamente podrás ver la plaza tan vacía a las siete de la mañana. Es el centro neurálgico de la vida social del pueblo, pues allí se reúne todo el mundo, desde los niños que suben a los columpios a los abuelos que se sientan en los bancos. Allí podrás comer o picar algo en algunos bares verdaderamente bien llevados, como El Bon Vivant, La Vinoteca o El Café Montecarlo. Los titiriteros y los artistas callejeros también se detienen en ella para realizar sus números y pasar la gorra.
5. Palacio del Marqués de Albaicín. En el centro del Noja se encuentra este palacete construido a principios del siglo XX, que tiene un estilo arquitectónico curioso, al que llaman montañés, que a mí me parece neobarroco hecho a retales. Lo más interesante se encuentra en el jardín, que contiene árboles de muchas especies, desde la palmera canaria al castaño de indias. Cuidan además unos cuantos bonsáis, algunos de ellos muy bellos. Es un centro cultural muy importante para el pueblo, pues en su interior se suceden charlas y exposiciones. En una carpa que instalan en los jardines se celebran conciertos. Recuerdo haber asistido a uno de un cuarteto de clarinetes, pero también los hay de conjuntos corales o de otros tipos de música culta. En ese palacio puedes iniciar la ruta de las casonas de Noja, una serie de palacetes de diversos estilos que, lamentablemente, son de uso particular y no se pueden visitar por dentro.
6. Hotel Zenit-Mar. La mayoría de las veces que voy a Noja me alojo en el Hotel Zenit-Mar, que se encuentra en el Paseo de Trengandín, muy cerca de la playa del mismo nombre, pero también en pleno centro del pueblo, por lo que su ubicación es inmejorable. Es un hotel de dos estrellas, así que es sencillo pero cómodo. En la recepción son un poco secos, pero casi lo prefiero a que se muestren serviles. Tiene piscina y un parking, muy necesario en una zona de aparcamiento regulado.
7. Gofres y Crepes Nike. Y de postre, un dulce. Entre la Plaza de la Villa y la Avenida de Santander encontramos un pequeño puesto que vende los mejores gofres que he probado. Son tan buenos que en las tardes de verano debes esperar un rato haciendo cola para conseguirlos. Yo siempre los pido con chocolate y nata.

martes, 4 de julio de 2017

Siete virtudes de los milenials

Desde 1953 se ha atribuido falsamente a Sócrates una sentencia parecida a la siguiente: “Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad. Son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros”.

Pero el filósofo griego podría haberla dicho perfectamente, porque estaba preocupado por la juventud de la época. Sí parece que dijo esta otra frase: "Lo que mejor sienta a la juventud es la modestia, el pudor, el amor a la templanza, y la justicia. Tales son las virtudes que deben formar su carácter", que podría ser verdadera o no, pues Sócrates no dejó nada escrito y su enseñanza aparece en las obras de sus discípulos.

Bueno, el caso es que, desde la Grecia antigua, los mayores han estado preocupados por las generaciones jóvenes, a las que muchas veces han achacado que no conservan los valores que ellos tuvieron en su juventud. Esto pasa hoy con los milenials, la generación nacida entre 1981 y 1995 (más o menos), a la que algunos mayores algo retrógrados atribuyen gran parte de los males de la sociedad del primer mundo. En mi opinión es una generación como tantas otras, con grandes individuos y otros mediocres. Pero, generalizando, podríamos atribuirles ciertas virtudes que los hacen diferentes de sus predecesores:

1. Los milenials son creativos. Por eso, los pongas donde los pongas, van a aportar siempre algo. Cuando los tienes de alumnos, te exigirán algo más como profesor que las generaciones anteriores, porque tú no eres la única fuente que consultan. Debes explicarles el quién, el cómo, el cuándo, el dónde, pero sobre todo el porqué. No les da vergüenza demostrar sus conocimientos, no temen al ridículo, por eso siempre están deseando experimentar, aunque eso los lleve al fracaso. Además, quieren elegir su trabajo y no que el trabajo los elija a ellos, y son capaces de renunciar a un empleo que no valore su creatividad, pues no conciben el empleo como una vía para obtener una recompensa material, sino como el camino para la realización profesional.

2. Los milenials son polifacéticos. Han crecido con el concepto de multitarea. Pueden pasarse la mitad del día haciendo varias cosas a la vez, por eso son muy buenos para el trabajo en equipo. Hay gente que opina que son vagos, pero los que yo conozco trabajan fuerte y siempre en pos de un objetivo. Pueden ser, por ejemplo, trabajadores tecnológicos y artistas plásticos o músicos a la vez, sin que ello suponga una ruptura de su personalidad. Están acostumbrados a los cambios, por lo que, cuando estos se producen, en lugar de sentarse a llorar, son capaces de buscar nuevas oportunidades.

3. Los milenials son sociables. Las redes sociales no son para ellos únicamente un medio de comunicación, sino una parte muy importante de su vida. En ellas consultan, comparten y comentan. Las redes sociales los afectan emocionalmente. Deben ser sociables porque no se quieren perder nada, y a veces necesitan estar en varios sitios a la vez. La tecnología se lo permite. Pero los milenials también se ven con sus amigos en persona. Y les es más fácil mantener la amistad sin perder el contacto, gracias a internet y las redes sociales.

4. Los milenials son nativos digitales. Internet ya estaba cuando ellos empezaron a ser conscientes de sí mismos. No les da miedo y manejan y comprenden la nueva tecnología como los más mayores manejábamos la radio o la televisión. Hablando de televisión, ya no los encontrarás mirando qué echan ese día. Verán los programas cuando ellos quieran, y a la vez tendrán el teléfono cerca para ir comentando lo que están viendo. El teléfono es una extensión más de su cuerpo. Dormirán con él y a él acudirán para casi todo.

5. Los milenials son autosuficientes y quieren ser protagonistas en su vida social y laboral. A pesar de saber trabajar bien en equipo, cada uno de ellos tiene intención de cambiar el mundo. Si su trabajo no les ofrece esa oportunidad, es probable que empiecen a buscar otro. Se atreven a más cosas que sus padres, y no les importa equivocarse. No necesitan que nadie los dirija para enfrentarse a la vida, porque ellos ya saben. Desde comprarse la ropa hasta invertir en bolsa, sus decisiones las toman con total autonomía.

6. Los milenials son críticos y exigentes. También son flexibles a la hora de cambiar de opinión. Suelen ser personas muy formadas, lo que les hace ser más analíticos. Si una cosa no les gusta, lo dicen abiertamente, sin cortarse un pelo. Y si no les gusta de verdad, no vuelven a probarlo. Valoran mucho los principios éticos. Quizás por eso su descontento con los políticos es muy notable. Aunque no se creen las cosas fácilmente, y suelen contrastar opiniones, se fían mucho de las redes sociales para hacer sus elecciones.

7. Y, por supuesto, los milenials son innovadores. Tienen arraigado el pensamiento de que las cosas pueden cambiar. Son optimistas. Están concienciados con problemas como la desigualdad o el medio ambiente, y piensan que, con la ayuda de las nuevas tecnologías, se podrá cambiar la sociedad. Por eso les gusta trabaja en proyectos innovadores que faciliten el progreso. No les importaría liderar esos proyectos, si se lo permiten. Y si no, lo más probable es que ellos mismos creen sus propios proyectos, no solo empresariales, sino de todo tipo. Quieren aportar algo al mundo. Tengamos en cuenta que ellos lideraron el 15M o la primavera árabe.

jueves, 22 de junio de 2017

Las sietes mejores películas de juicios

Desde que vi Testigo de cargo siempre me han gustado las películas de juicios. Hay muchas y muy buenas. Sin duda para mí la mejor es Doce hombres sin piedad, pero podría hablar de Vencedores y vencidos, El crisol, JFK, En bandeja de plata, La caja de música, La carta, La costilla de Adán y otras muchas.

Sin embargo, me ceñiré a las más típicas películas de juicios. Esas en las que la mayoría del metraje transcurre en la sala de vistas y que suelen tener una gran sorpresa guardada para el final. No voy a ser muy original porque los grandes clásicos son insuperables:

1. Testigo de cargo (1957). La película referente del género de juicios adaptaba a Agatha Christie y fue dirigida por su santidad Billy Wilder e interpretada por Charles Laughton, Marlene Dietrich y Tyrone Power. Una puesta en escena y unas actuaciones muy teatrales para presentar un juicio por asesinato en el que el acusado parece culpable, pero la habilidad de su abogado podría conseguir que lo exculparan. Como casi todas estas películas, el guion está lleno de trucos que, vistos ahora, pueden parecer infantiles. Pero si la hubierais visto de pequeños, como yo, os habríais quedado con la boca abierta. Imprescindible. 8,5 de nota.

2. Anatomía de un asesinato (1959). Un abogado de pueblo debe defender a un teniente del ejército, quien ha matado al hombre que, supuestamente, violó a su atractiva mujer. James Stewart, Ben Gazzara y Lee Remick son un reparto de lujo; si además sale George C. Scott, ya no podemos pedir más. Desde el principio sabemos quién es el asesino, pero el abogado, que parece buena persona, utilizará todas sus sucias artimañas para que salga libre. Cuando vi la película todavía no era un adulto, y la palabra bragas, utilizada repetidamente durante el juicio, causó en mí la incomodidad que también debió provocar en la sociedad de la época. Aunque es un poquito larga merece la pena su visión. Si además añadimos los títulos de crédito de Saul Bass, la música de Duke Ellington, el blanco y negro con mucho contraste de la época y la dirección rotunda y seca de Otto Preminger, el cóctel está completo. Nota de 8.

3. Matar a un ruiseñor (1962). Si no habéis visto esta película no entenderéis muchas referencias que se hacen a ella en otros muchas películas y series americanas, pues es un icono de la cultura estadounidense, al igual que la novela en la que se basa. La palabra que mejor la define es "bonita". Durante la gran depresión, en un pueblo de Alabama, el abogado Atticus Finch defiende a un hombre negro acusado de violar a una mujer blanca. El conflicto racial y las relaciones personales están vistos desde la ingenua óptica de la hija pequeña del abogado. Dirección sublime (el calor de la sala del juicio se siente) y magníficas interpretaciones (ojo, que, además de Don Gregory Peck, está aquí el primer Robert Duvall). Perfecta para un sábado por la tarde, en lugar de la porquería de películas que suelen poner en las televisiones. Un 8,5.

4. Veredicto final (1982). Paul Newman compone uno de los personajes de su carrera, el de un abogado acabado y alcohólico que podrá redimirse como profesional y como persona si supera las presiones de la Iglesia para ganar un juicio por un error médico. Sydney Lumet a la dirección, guion de David Mamet. Secundarios de lujo, como Jack Warden, Charlotte Rampling o James Mason. Cuántas películas se han ido a la porra con buenos elementos. Pero esta no. A pesar de contar una historia trillada de la que sospechas el final a los diez minutos, consigue absorber al espectador y que se preocupe por las cuitas del protagonista. Para mí gran parte del mérito es la maestría de Lumet rodando diálogos. El señor Newman aparece tan ajado que, cuando vi la película en su estreno, pensé que estaba enfermo de verdad. 7,5.

5. Algunos hombres buenos (1992). Un enorme Jack Nicholson, que sólo sale veinte minutos, pero que se merienda al resto del reparto, se enfrenta, como el malo de la película, a un Tom Cruise pipiolo, en este juicio militar. Acompaña una sosita Demi Moore. Es un buen film, rodado con mano firme, sin secuencias de relleno. No obstante, ha sido tan parodiada y homenajeada desde entonces que, si no la viste cuando la estrenaron, ya no te sorprenderá el final, aunque aprenderás lo que es un código rojo. Se tratan aquí interesantes cuestiones morales y filosóficas sobre los conceptos de honor y patria, aunque de una manera algo manida y superficial. En su momento agradecí que los dos jóvenes abogados no tuvieran una historia de amor que habría estropeado todo. Un 7.

6. Las dos caras de la verdad (Primal Fear) (1996). Abogado estrella defiende a un joven que, según todas las pruebas, ha matado al arzobispo de Chicago. El guion entretiene y sorprende, aunque tiene más truco que una película de Fu Manchú. Richard Gere da la talla como la estrella del film, Laura Linney está muy bien y, sobre todo, es el debut de Edward Norton, que ya apuntaba a gran actor. Si bien podría haber profundizado en los abusos sexuales dentro de la iglesia, la película transita por caminos más convencionales y se centra en abogado y cliente, y en la posible enfermedad mental de éste. Un 7.

7. El jurado (2003). Gene Hackman, Dustin Hoffman, John Cusack, Rachel Weisz y una pequeña aparición de la mítica Jennifer Beals. Sólo con ese reparto merece la pena la visión de una película efectista, pero entretenida, sobre el enfrentamiento en los tribunales entre una viuda, con su abogado paleto y perspicaz, y una enorme empresa armamentística con una flotilla de abogados de lujo. Inspirada en una novela de John Grisham, el interés se encuentra aquí en la elección de los miembros del jurado, y en que algunos de ellos no son lo que parecen. Notita de 7.


martes, 13 de junio de 2017

Las picaduras

Lo noté al vestirme por la mañana. La cadera derecha me escocía cuando me subía la ropa. Me miré en el espejo y vi lo que parecían tres picaduras de mosquito formando un perfecto triángulo equilátero con la base horizontal. La separación entre las pequeñas heridas era de unos dos centímetros. Más abajo, a cinco centímetros, otro hoyito más grande, en la vertical de la cúspide del triángulo. La disposición tan geométricamente perfecta de las picaduras me sugirió inmediatamente que allí se podía enchufar algún tipo de dispositivo electrónico.

No le di mucha importancia, porque pensé que algún insecto me había estado picando durante la noche. Y aunque durante las dos siguientes semanas me rascaba de vez en cuando, sobre todo la picadura solitaria, que era de mayor tamaño que el resto y a la que bauticé como toma de tierra, no noté ningún otro efecto adverso.

En realidad los efectos fueron positivos. La mente se me abrió y caí en la cuenta de asuntos que hasta entonces no llenaban mis pensamientos para nada. El primero de ellos fue que empecé a preocuparme por España. El desafío soberanista que venía de Cataluña podía romper mi patria en mil pedazos. Al principio fue una sensación tenue, pero al cabo de unas semanas no tuve más remedio que manifestar mi inquietud de alguna manera. Me inscribí como comentarista en algunos periódicos digitales para los que di mi opinión. Las primeras veces con sosiego, pero, después, con vehemencia, pues la angustia que me produce la desintegración que se nos avecina no me deja dormir tranquilo.

Algo se abrió en mi mente que consiguió que comprendiese muchas cosas. Por ejemplo, que para reactivar la economía hay que favorecer a los emprendedores. Yo, que siempre había pensado que había que proteger al trabajador, caí en la cuenta de que quien crea trabajo es el empresario, y a él es al que hay que facilitarle las cosas para que pueda hacerlo, bajándole los impuestos y flexibilizando la contratación.

Desde que aparecieron mis picaduras procuro vestir bien, no como esos nuevos perroflautas que pretenden gobernarnos y que han hecho de la coleta y de la barba una seña de identidad. En el mercadillo de los lunes he comprado pantalones, camisas y polos de imitación, con grandes logotipos en el pecho, que dan de mi una imagen más acorde con la de una persona respetable. Una pulserita con los colores de la bandera nacional cierra un look trendy (hostia, no sabía que conocía esa palabra, sí que es verdad que se me ha abierto la mente).

Con ese look voy todos los domingos a misa y obligo a mi mujer y a mis niños a ir también. Bueno, a mi mujer no, porque dice que ni loca va ella a oír a un pederasta dar lecciones de moralidad. Y es que es una radical comunista que no tiene respeto por nada. Como no la pique el mosquito vamos a tener que divorciarnos. Ella piensa que todos los curas son pederastas y todos los miembros del gobierno unos corruptos. Pero, como yo le digo, por cuatro manzanas podridas no se pueden echar abajo las instituciones que más defienden la integridad de España de los proetarras e independentistas.

Así que aquí estoy, el día en que mis picaduras ya han desaparecido, en la cola del Servicio Público de Empleo Estatal, a ver si consigo que me renueven los 426 euros de la renta activa de inserción. Con eso, con lo que me da un conocido por echarle una mano en su bar los fines de semana y con lo que mi mujer saca limpiando casas, a lo mejor puedo ahorrar para comprarme ese BMW de segunda mano al que he echado el ojo.

jueves, 1 de junio de 2017

Siete sectores subvencionados

Una subvención es una cantidad que se recibe de un organismo público para un fin determinado. Como siempre he oído que los cineastas españoles no viven de su trabajo, sino de las subvenciones del gobierno, vamos a averiguar qué hay de cierto en ello y qué hay de cierto en las subvenciones que reciben otros sectores de la economía española. Esto es lo que he podido averiguar.

1. Un sector económico muy subvencionado es la minería del carbón. Puesto que las minas no pueden competir con el carbón que llega del extranjero, en muchos casos más fácil y barato de extraer, se subvenciona a las minas para que mantengan los puestos de trabajo. En 2019 se acabarán las subvenciones europeas a la minería del carbón, así que se cerrarán casi todas las minas de España. Se conceden unos 550 millones de euros al año para un sector que factura unos 1.600 millones de euros, así que se subvenciona un 34,38%.

2. Polémica es la subvención del Estado a la Iglesia Católica. Por el IRPF, la Iglesia recauda unos 250 millones de euros. No es dinero que dona la gente de su bolsillo. Es un dinero que ya han entregado al Estado y que deciden que éste lo destine a la Iglesia en lugar de a otras obras y servicios. Aquí incluiría yo también la exención en los impuestos que tiene la Iglesia Católica, tanto en el IBI (Impuesto sobre Bienes Inmuebles), como en el ICIO (Impuesto sobre Construcciones, Instalaciones y Obras), consecuencia del convenio del Estado con la Santa Sede sobre asuntos económicos firmado en 1979. No es exactamente dinero que se done, sino dinero que se deja de recaudar y que podría pertenecer legítimamente al conjunto de la ciudadanía. Unos 1.000 millones de euros. No creo que se debiera meter aquí los más de 90 millones que el Estado paga a profesores de religión (aunque es discutible si la religión se debe enseñar en las escuelas), porque es el pago por un trabajo realizado. Tampoco incluiría yo lo que se dona a los hospitales católicos o para la conservación de los monumentos religiosos. Por ello, mi cálculo es el siguiente, de los 4.600 millones de euros de presupuesto de la Iglesia, los españoles en conjunto asumimos unos 1.250 millones, es decir, un 31,25%.

3. Las corridas de toros (y los festejos taurinos en general) son un sector que cuenta también con subvenciones. El gobierno del Estado subvenciona a los criadores de toros de lidia para que mejoren la raza de los animales. Los últimos datos que tengo son de 2015, cuando se emplearon 127.926 euros para este fin. Sin embargo, a los toros el dinero público les llega desde los Ayuntamientos, que para celebrar las fiestas patronales suelen gastar un dinerito en eventos taurinos. Aunque ciertos ayuntamientos ya han eliminado ese gasto por razones de conciencia animalista, la mayoría suelen usar una parte de su presupuesto en todo tipo de fiestas relacionadas con el toro (desde un 0,1% los ayuntamientos más grandes hasta un 3% los más pequeños). Para un sector que factura por taquilla aproximadamente 400 millones de euros al año, estas subvenciones que, según los cálculos que he realizado con los datos de los propios Ayuntamientos, ascienden a unos 120 millones de euros (aunque las asociaciones animalistas hablan de 500 millones), supondrían un 30% de lo que la tauromaquia genera.

4. Las organizaciones empresariales, la patronal, la CEOE, como la llamemos. La encontramos, al igual que a los sindicatos, en la Constitución, como una organización necesaria para la defensa de los intereses de sus afiliados. Su presupuesto para el año 2016 fue de 11.386.000 euros. En ese presupuesto, 2,85 millones de euros fueron ingresos por subvenciones. Es decir, que el Estado financia a la Confederación Española de Organizaciones Empresariales en un 25,03%.

5. El dinero destinado a la promoción de nuevas películas de cine (largometrajes y cortometrajes) en los Presupuestos Generales del Estado de 2017 es de 36,3 millones de euros. La recaudación del cine español en nuestras pantallas durante el año 2016 fue de 110 millones de euros (de los que 26,5 se llevó Un monstruo viene a verme) y la recaudación del cine español en las pantallas extranjeras fue de 65 millones de euros (15 de ellos para Julieta). A ello hay que añadir la inversión de las televisiones en cine español, con los que pagan los derechos para poder emitir las películas. Los últimos datos, que corresponden a lo invertido en 2015, son de 58,69 millones de euros. Así que el cine español recauda en un año 233,69 millones de euros, por lo que las subvenciones serían de un 15,53 %. Pero no hemos contado lo que pagan las plataformas digitales al cine, ni la venta de DVD, ni lo que recaudan las películas españolas en las televisiones extranjeras. Así que las subvenciones suponen menos de un 15% de lo que el cine genera.

6. Los sindicatos, más bien los sindicalistas, tienen fama de vivir de las subvenciones sin defender a los trabajadores. Para mí es importante no olvidar que sin los sindicatos seguiríamos trabajando 80 horas a la semana sin librar ni un día. Actualmente, el Estado destina unos 10 millones de euros de sus presupuestos a esta partida. El resto de dinero que reciben los sindicatos, que puede llegar a sumar otros 40 millones no podemos llamarlos subvenciones, porque son pagos por realizar trabajos para la Fundación para la formación en el empleo, el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, el Consejo Económico y Social y otro tipo de órganos. Un debate aparte sería si todos esos órganos son necesarios y si el dinero se emplea bien. Tampoco podemos considerar subvenciones los liberados sindicales (otra figura controvertida) porque los pagan las empresas y el dinero va directo a sus bolsillos y no al sindicato. En total, de los casi 500 millones de euros de los presupuestos de los sindicatos españoles, la mayoría se cubre con las cuotas de los afiliados, los trabajos para organismos o los de asesoría jurídica. Las subvenciones suponen en este caso un 2% de su facturación.

7. El sector automovilístico recibe subvenciones del gobierno, pero es uno de los más punteros de la economía española. La fabricación de vehículos automóviles facturó en 2015 60.855 millones de euros. Aunque las empresas de fabricación de coches recibieron unos 150 millones de euros en subvenciones directas y el plan PIVE de renovación de vehículos supuso unos 275 millones, esos 425 millones son apenas un 0,7% de subvenciones sobre el total de la facturación.

martes, 23 de mayo de 2017

Siete lugares de Sepúlveda

Sepúlveda, en la provincia de Segovia, se encuentra en la lista de los pueblos más bonitos de España. Es muy agradable pasar un día recorriendo sus calles y los parajes que la rodean, comiendo bien y saboreando el ambiente castellano que emana de sus calles medievales. Vamos a recordar siete lugares que visité durante mi última estancia allí:
1. Castillo de Fernán González. Situado en la Plaza de España o Plaza Mayor, centro neurálgico del pueblo, sólo quedan de él tres torreones redondos. Sobre el del centro se alza una pequeña espadaña con dos campanas, donde anidan las cigüeñas. Por el nombre que tiene podemos deducir que es una construcción del siglo X, de la época en que Fernán González, conde de Castilla, pasó por estas tierras. Por delante del castillo, y adosado a él, un edificio con reloj y balconada parece esperar a un alcalde que nos dé un discurso o el pregón de las fiestas.
2. La Iglesia de San Bartolomé se encuentra en un montículo. Se accede a ella por una escalinata junto a la que se asienta un crucero. Cuando terminas de subir y llegas a la entrada puedes ver una bonita vista de la plaza mayor. Es una iglesia románica de una nave, que tiene una torre y que se conserva en buenas condiciones después de muchas modificaciones a través de los siglos.
3. Paseando por las calles del pueblo te encuentras la Iglesia de Santiago, románica, que actualmente alberga en su interior la Casa del Parque, que es el centro de interpretación del Parque Natural de las Hoces del río Duratón. Su portada principal es renacentista y conserva una escultura que no es la del Apóstol Santiago, sino la de San Juan Bautista.
4. Restaurante Fogón del Azogue. En un rinconcito de Sepúlveda podemos encontrar este lugar, con una terraza acristalada desde la que se observan estupendas vistas de la ciudad y la comarca que la rodea. Sirven la típica comida de la zona. Por un precio asequible puedes comer bien, sin grandes lujos. El cordero está muy bueno. Los empleados te tratan con cortesía sin agobiar. Recomendable, aunque no hayan descubierto la sopa de ajo.
5. La Iglesia del Salvador se encuentra en un pequeño cerro saliendo del pueblo. Cuesta un poco subir la escalinata hasta allí, pero merece la pena. De estilo románico (incluso prerrománico) y comenzada a construir nada menos que en el siglo XI, fue modificada en varias etapas hasta el XVI. Destaca la galería de arcos en un lado de la iglesia, que fue probablemente construida en el siglo XII y que la distingue de la mayoría de las construcciones religiosas del mismo estilo.
6. No se puede uno marchar de Sepúlveda sin visitar las hoces del río Duratón. Hay que ir en coche por una carretera sin asfaltar hasta una aparcamiento, en el que coges a pie un camino de unos pocos kilómetros desde el que se divisa la vista más típica de las hoces, con los meandros hundidos entre las altas paredes donde nidifican los buitres leonados. Con unos prismáticos puedes ver las majestuosas aves que sobrevuelan al paseante.
7. Al final del camino desde el que podemos ver la parte más conocida de las hoces, y tras atravesar un puente, entramos en la ermita de San Frutos. Se encuentra situada sobre una roca que domina un meandro espectacular, pues su curva es de casi 180 grados. Construida en el siglo XI a partir de un templo visigodo, fue convento de monjes, pero en la actualidad está deshabitada y medio en ruinas. Sin embargo, la vista desde la parte de atrás de la ermita es tan impresionante que, solo por eso, merece la pena el paseo. Procura ir cuando no haya mucha gente o cuando esta sea silenciosa, y escucha los sonidos de la naturaleza, respira el aire y observa todo alrededor. La sensación de paz te acompañará durante días.

lunes, 8 de mayo de 2017

Siete nociones clave sobre El fin del trabajo, de Rifkin

En 1995, el economista Jeremy Rifkin publicó El fin del trabajo, una obra que debería ser el libro de cabecera de muchos de nuestros dirigentes. Vaticina el futuro del trabajo en el mundo y propone soluciones para lo que se nos viene encima. Vamos a intentar resumirlo de manera sencilla:

1. La tercera revolución industrial. La primera revolución industrial comenzó con el motor de vapor y el carbón. La segunda introdujo el petróleo y la electricidad. La tercera revolución industrial es la de los robots y los ordenadores.

2. Las máquinas inteligentes están sustituyendo a los trabajadores en las tareas de producción y administración. Si las primeras tecnologías sustituían los brazos humanos, los nuevos softwares sustituyen las mentes humanas, por lo que no sólo se pierden trabajadores en la industria, sino también en las oficinas. La automatización está ascendiendo por la pirámide laboral, ocupando cada vez más puestos especializados. Las tecnologías de la información ya pueden sustituir a casi todos los mandos intermedios y a muchos directivos.

3. Al sustituir las máquinas a los humanos en el trabajo, las fuentes económicas ya no se deberían haber distribuido sobre la base de las contribuciones a la producción. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XX los sindicatos claudicaron. En lugar de pedir jornadas más cortas y mejores niveles salariales, se conformaron con programas de formación, suponiendo que, al reducirse el trabajo para los trabajadores no cualificados, habría más empleo para los que tuviesen un mayor nivel formativo.

4. El declive de la fuerza de trabajo. El futuro es un mundo en el que el trabajo no será el centro del contrato social. No habrá trabajo para la mayoría de los humanos, pero la productividad mejorará. Prácticamente, la mitad de la población mundial sigue trabajando en el campo. Pero a mediados de siglo, los cambios tecnológicos en la producción de alimentos nos llevarán a un mundo sin agricultores. Igualmente, millones de trabajos se pierden en la industria. El sector servicios absorbía los excedentes de mano de obra de la agricultura y la industria. Pero también estos trabajadores están siendo sustituidos por tecnología, como los operadores telefónicos, empleados de banca, agentes de viajes o trabajadores del comercio. Doctores, abogados, arquitectos o científicos pueden realizar su trabajo con menos personal. Incluso la música y la literatura fluyen más fácilmente con ayuda de máquinas.

5. El precio del progreso. Los empleados de las industrias que pierden su empleo, cuando pueden volver al trabajo lo hacen a tiempo parcial, en el sector servicios y peor remunerados. Pero también miles de puestos de tipo medio han desaparecido, deteriorando la clase media. Sin embargo, unos pocos ejecutivos han obtenido pingües beneficios del nuevo sistema. Se crea así una sociedad polarizada, con una pequeña élite cosmopolita y gran cantidad de pobres. Las perspectivas de empleo han disminuido en todo el mundo. En el tercer mundo, la ventaja competitiva que tiene la mano de obra barata perderá peso con la introducción de la producción automatizada. El mayor desempleo provoca un aumento de la desesperación y, consecuentemente, de la violencia, haciendo del mundo un lugar más peligroso.

6. Las dos caras de la tecnología. La revolución tecnológica provocará más tiempo libre, y el mundo deberá decidir si ese tiempo libre será de ocio o de desempleo. En la revolución industrial del siglo XIX se pasó de 80 a 60 horas semanales de trabajo, y en la del siglo XX a 40. Lo lógico sería, en esta nueva revolución llegar a 30 o incluso a 20, con la consiguiente mejora en la calidad de vida de millones de personas. Pero si las ganancias en productividad se utilizan únicamente para remunerar a accionistas y directivos, si no se recorta la semana laboral, habrá más paro y menos poder adquisitivo de la clase trabajadora, lo que redundará en menos beneficios para las empresas y más disturbios a escala internacional.

7. El nacimiento de la era posmercado. El cambio de una economía basada en los materiales a otra basada en la información reduce la importancia de los estados-nación, que no pueden poner fronteras a las nuevas tecnologías. El gobierno y el mercado pierden importancia y el trabajador se queda desamparado. Surge aquí el tercer sector, el del voluntariado, al margen del estado y del mercado, que puede tener gran importancia en el tiempo libre y en la reconstrucción del sentimiento cívico. Estos grupos pueden ser los que desvíen las frustraciones de un creciente número de desempleados.